Resulta un hecho urbanístico similar al peso de las canchas de Racing y de Independiente, separadas en la ciudad de Avellaneda sólo por doscientos metros; hay un mismo olor que cada uno siente de manera distinta. Esperanza es la única ciudad del país que tiene dos iglesias, de distinto credo, una enfrente a la otra. Conforman una geografía distinta a la que muestran los pueblos que nuclean bancos, municipios, escuelas, comercios y sólo una iglesia alrededor de la plaza. Ambos edificios se miran entre los árboles profusos y los miles de pájaros que sobrevuelan la Plaza San Martín. El frontispicio de la sede municipal, de estilo italianizante, reserva, junto al monumento de la plaza, su carácter conciliador: muestra la banda de la subdivisión de la propiedad, herencia de las políticas que llevó el salteño Aarón Castellanos, cuando convenció a suizos, franceses, italianos y alemanes a venir a trabajar a la Argentina a cambio de parcelas para trabajar la tierra. Esperanza se transformó en la primera colonia agrícola ganadera organizada del país, pero también en una ciudad ecuménica.

Santas de mi esperanza. La convivencia religiosa, la unión como comunidad, y la revalorización del patrimonio arquitectónico, son valores que día a día se mantienen vivos en Esperanza. Desde el municipio organizan circuitos eclesiásticos y visitas guiadas con especialistas al Templo de la Basílica de la Natividad de la Santísima Virgen, la Iglesia Evangélica del Río de la Plata, los Conventos Cristo Rey y Santa Catalina, la Parroquia San José, la Capilla del Colegio El Huerto, y la Capilla Ortodoxa San Jorge. La iglesia católica fue una respuesta de la curia a la ciudad, en agradecimiento por haberles dado tierras a los colonos extranjeros. Se construyó en 1882 y su estilo es italianizante. La iglesia porta un escudo, un ancla invertida que simboliza el arraigo a la tierra. 
La iglesia prowwwante tiene el estilo de la iglesia prowwwantes alemanas: neoclásicismo. Un monumento en el medio de la plaza homenajea a los doscientos primeros colonos que llegaron a Esperanza estampando cada nombre placas de bronce. El programa turismo religioso ecuménico Ciudad de Esperanza da a conocer y profundizó el turismo religioso: una manera de conservar los credos de los primeros colonos, y de aquellos que vinieron en las siguientes oleadas inmigratorias. Entre ellos la religión Católica Apostólica Romana, la Evangélica (luterana), y la Ortodoxa.
“Consiste en un programa desarrollado con el objetivo de darle un lugar de respeto y valorización del patrimonio de los templos, tanto arquitectónica como culturalmente. Esperanza es una de las pocas ciudades que conserva los credos de los primeros colonos, y de aquellos que vinieron en las siguientes oleadas inmigratorias. Entre ellos la religión Católica Apostólica Romana, la Evangélica luterana, y la Ortodoxa”, nos cuenta Eliane, encargada de llevar a El Federal por este circuito de fe sin fronteras. Dentro del programa se contemplan visitas guiadas por templos y casas religiosas con guías especializados. Se pueden visitar la Basílica Natividad de la Virgen María, la Iglesia Evangélica del Río de la Plata, el Convento Cristo Rey, el Casa de Retiros y Encuentros  Santa Catalina, la Parroquia San José, la Capilla del Colegio El Huerto y la Capilla ortodoxa San Jorge.
Los directivos de las distintas instituciones y la recopilación del material bibliográfico, ayudó para comenzar con la capacitación de los guías turísticos de la ciudad, si bien ellos ya tienen conocimientos al realizar las visitas guiadas en la ciudad, este material es más profundo y específico con datos de las congregaciones, de los edificios y anécdotas de los distintos lugares a visitar.
En casa de herrero. Los colonos que llegaron a Esperanza, en realidad, no sabían trabajar la tierra, lo de ellos eran los oficios. La construcción de las iglesias fue el resorte para que la familia Buenaventura Marcusi hiciera las cruces para la Basílica. Los lábaros fueron colgados por los hijos de Marcusi, de quince años, que en lo alto vibraron con el rezo de los fieles del pueblo, que desde abajo imploraban con sus manos cruzadas para que regresen a tierra y vuelvan sanos y salvos.
En la iglesia evangélica del Río de la Plata, templo de la santísima trinidad a diferencia de los templos católicos, son iconoclastas: no hay imágenes que venerar dentro de la grey. Jorge Buschiazzo es el pastor del santuario en 2008. El le dice comunidad. “Yo estaba en Buenos Aires, me enviaron acá en 2002 un año y estuve en otro pueblito de acá cerca; Santo Domingo. Allí fui pastor cinco años. Nosotros tenemos una presencia muy fuerte en esta zona, Esperanza, Santo Domingo y Progreso. En Rafaela no, allí se fueron los felicianos en busca de trabajo e hicieron su propio templo. Nosotros somos de tradición luterana, somos luteranos reformados. Nuestro origen está en Alermania y Suiza. Nos llamamos así por una cuestión de ubicación: estamos en la cuenca del Río de la Plata. Nosotros debemos ser cuatro mil en la comunidad. Acá, la ciudad se inició entre prowwwantes y católicos, la situación derivó en la convivencia. Hoy se respiran aires de tolerancia y libertad. Antes no fue así. Entre el laicado sí, pero cuando llegaron las órdenes religiosas, le inculcaron a los feligreses intolerancia a lo diferente. Ahí se puso tenso, pero era más del clero que de la feligresía”, admite.