“Mientras exista en el mundo un niño con hambre, los zombies seguirán marchando”, es el lema de la ‘Zombie Walk Argentina’, un evento solidario que reunió a cientos de jóvenes disfrazados de zombies, quienes marcharon el domingo por el barrio porteño de Retiro y en un festival en el que se reunieron alimentos para instituciones de bien público.

“Las películas retratan al zombie como un enemigo, y esa es una muy buena manera de hacernos tener miedo de nosotros mismos”, indicó a Télam Ger Berstein, creador y organizador de la Zombie Walk Argentina, que tuvo su 9° edición el domingo con una caminata que comenzó en la Plaza San Martín y contó con una boda masiva en el Parque Thays. 

Disfrazados de zombies marcharon por Buenos Aires con fines solidarios, para mostrar que somos “Todos somos zombis. Si sos humano, sos zombi. Para evolucionar tenemos que ser conscientes de lo que somos, del mismo modo que para resolver un problema tenemos que detectarlo: en la búsqueda de la conciencia universal, la evolución comienza individualmente”.

La convocatoria escaló de 60 personas en la primera edicióna unas 70 mil en el último encuentro en 2015. La Zombie Walk Argentina “es pionera a nivel mundial” en darle un significado a la caminata: reunirse para encontrar la conciencia perdida y convertirlo en un evento solidario”, ya que reúnen donaciones para instituciones de bien público. Este año, los participantes llevarán alimentos para el comedor Los Piletones.

Como indicó Télam, según la psicóloga Any Krieger, el zombi es una creación cultural que puede pensarse como una representación del sujeto “aplastado o alienado” por el híperconsumismo propio del capitalismo tardío o salvaje. “Las personas quedamos atrapadas y terminamos siendo objetos consumidos. Esto nos transforma en ‘sujetos zombis’; alguien que tiene su deseo mortificado, alienado al discurso imperante, sin un deseo propio”.

Krieger se refirió al significado de utilizar “esas vestimentas con sangre chorreando”, que desde el psicoanálisis pueden ser vistas como una manera de “tramitar” el horror a la muerte que, según Freud, todos tenemos. Y en ese sentido lo comparó con lo que hacen los chicos cuando “se disfrazan del personaje al que le temen, en una manera simbólica de tramitar un miedo, de poner en acto una fantasía”.