Fotos: Juan Carlos Casas

El vehículo tiene que parar casi a cero. Es que los pozos de la ruta parecen cráteres. Poco después, se avanza por un camino con tosca. A los costados, la tierra vírgen y ondulada está salpicada por árboles bajos: son espinillos. Es un monte abierto y no se ven alambrados cerca. Por unos instantes, se tiene la sensación de estar en algún lugar de la sabana africana. Pero no. Es una mañana fresca y el sol salió hace un rato en Los Conquistadores, en el límite de Entre Ríos y Corrientes.

 

“Por motivos conservacionistas, una porción de la estancia va a permanecer intacta, sin desmontar ni arar la tierra”, comenta Jorge Bulman, Gerente General de Buena Esperanza, de la firma Besca S.A. Ahora el paisaje cambia por completo. Aparecen potreros con hacienda de raza, canales para cultivos de arroz, lotes con rastrojos.

 

Uno de los pilares de la empresa, que comenzó a operar en 1878, es la diversificación. “La diversificación va a abriendo ventanas, que son oportunidades de negocios”, explica Bulman. Hubo buenas lluvias en el último tiempo y es un placer estar en un campo verde y fértil. Bienvenidos.

 

Tres líneas de negocios.

 

Recién recibido de médico veterinario, Jorge Bulman (50) empezó a trabajar en Pilagá. En aquella época, se entraba de aprendiz, bien de abajo. Bulman enlazaba, castraba, siempre de a caballo. Trabajaba como un peón más, cosa que no le era ajena por haber sido criado como un nómade en distintos campos del Litoral y del Norte, en los que trabajaba su padre…Eran otros tiempos. Hace 15 años, Bulman trabaja en la Estancia Buena Esperanza y se nota que el hombre sabe de lo que habla. Es un detallista y un apasionado.

 

Los jóvenes Iván Krumrick (31), responsable de producción, y Esteban Villasante (24), asistente, también participan de la charla en la que explican cómo llevan adelante un modelo de negocios exitoso.

 

El objetivo principal es la diversificación para disminuir riesgos. La ganadería, el arroz y los cultivos tradicionales aportan cada uno un 33% de la rentabilidad de la firma. La incorporación de tecnología hizo que esto fuera posible. Sin embargo, en esta zona marginal, la ganadería sigue siendo la principal actividad. En un país donde la sojización no se detiene, ¡qué lindos son los potreros llenos de animales!

Hitos históricos en una zona marginal.

 

Las zonas marginales necesitan de innovación tecnológica para mejorar y hasta para subsistir.

 

En los inicios de los sesenta, se permite el ingreso al país de razas índicas en Misiones y Corrientes. Antes se pensaba que iban a atentar contra la calidad de las carnes argentinas. En poco tiempo, el cebú produjo un vuelco excepcional en la ganadería. Adaptado de inmediato a las temperaturas, a los pastos rústicos y además, resistente a los insectos, parecía tener todas las condiciones para triunfar. El cebú se cruzó con razas británicas (en especial con Hereford y Aberdeen Angus) obteniendo Braford y Brangus, respectivamente.

 

El vígor híbrido (que se obtiene cruzando razas con una larga distancia genética), genera un aumento en la producción de un 20 por ciento. Por un lado, se alcanzaba carne de calidad británica y por otro, ejemplares resistentes al calor, a los insectos y a los pastos duros, que pinchan como ¡en la sabana africana!.

 

“En los 70, se cruzó mucho con ejemplares de mala calidad y el vígor híbrido se fue perdiendo”, comenta Bulman. “Sin embargo, en Buena Esperanza se continuaba criando Hereford, porque las condiciones no eran tan duras como más al norte. Acá se criaba un biotipo especial británico recontra adaptado y probado en la zona durante décadas. Por eso, a mediados de los ochentas, se decide no incorporar sangres de Hereford americano, de moda en el momento. Fue una decisión estratégica fundamental. Se cerraron los rodeos para conservar nuestra línea de sangre”.

 

Durante mucho tiempo, se creyó que el vígor híbrido de la cruza de razas se perdía en unas 6 o 7 generaciones. Como que se diluía. Pero, a fines de los noventas, un trabajo australiano de Brian Kinghorn, demostró que el vígor híbrido podía permanecer en un 15 por ciento. Sólo había que seleccionar, con un método sencillo, llamado “a tiro de escopeta”.

 

Así, el Braford comienza a ganar espacio en el campo argentino. Manejar una sola raza, en vez de dos, es obviamente más simple. “Para la selección en Buena Esperanza siempre priorizamos la fertilidad (que cada vaca de un ternero por año) y la precocidad (poder dar servicio a vaquillonas). “Primero se tiene que reproducir y después miramos cuán lindo es”, grafica Bulman. Entonces, después de tantas décadas de selección y trabajo, es normal que vendan genética, como una forma de agregar valor.

Orígen texano.

 

En la estancia trabajan con caballos criollos y también con Cuartos de Milla, los caballos de los vaqueros americanos. Por momentos, Bulman parece un vaquero de película. Poco después comenta que la estancia siempre trabajó con la línea Brahman (los cebú de Estados Unidos) de Hudgins, Texas. En 1991 Bulman viajó a Texas y comprobó que allí compartían los criterios de selección: “primero fertilidad”.

 

En los noventas se rompe otro mito. Antes se creía que la raza índica siempre daba terneza de forma irregular. Pero un nuevo trabajo estableció que si se tiene menos de 35 por ciento de sangre índica, la terneza permanece estable. Hoy los Braford y Brangus siguen manteniendo esa relación. Además, con tecnología post-faena se logró uniformidad y mejoras en la terneza de las carnes con animales resistentes.  

 
El nuevo escenario: soja y arroz

 

“Buena Esperanza no fue ajena al proceso de transformación de mediados de los noventas con la siembra directa en la soja. Aunque supimos que teníamos que diversificar”.

 

Así fue que comenzaron a estudiar la cuenca recolectora de agua para cultivar arroz. Después de años de prueba y error, hoy siembran mil hectáreas, utilizando los lotes donde la ganadería y la agricultura tradicional no daban bien. Además, mediante un sistema de rotaciones buscan siempre mantener los suelos con sus condiciones originales. “La clave fue armar un mapa de suelos y adaptar el sistema de producción a la zona. Nosotros dependemos de las lluvias y del agua que recolectamos en la represa para saber cuánto vamos a poder sembrar de arroz”, explica Bulman.  

 

“La diversificación abre ventanas”. Cuentan que en cada campaña, miran el precio del maíz. Y calculan si lo mandan a puerto o se lo dan a la hacienda para convertirlo en kilos de carne. También venden semillas para forrajes o de arroz para otros productores. “En la medida de lo posible, hay que generar valor, explotando nuestras fortalezas”.

La mañana está fresca. Una majada de ovejas Romney Marsh pasta al lado de hacienda Hereford. Estas ovejas son más carniceras que laneras. “Si en 100 hectáreas pones 90 vacas con 18 ovejas, no compiten por el alimento. En esa relación se complementan”. Los carneros de la estancia son famosos en la región y obtienen los precios récord en las ferias. Cuentan además con una majada grande de raza Ideal, para lana de calidad. Esquilan en noviembre.

Y así termina la recorrida por una estancia modelo. Diversifica y reinarás. 

Más info: www.buenaesperanza.com / (03458)494.071

Claves:

La cría Hereford y Braford de la Estancia Buena Esperanza es famosa por haber mantenido siempre las mismas líneas de sangre adaptadas a la provincia de Entre Ríos. En Hereford mantuvieron sangres británicas que se adaptan como ninguna al Norte argentino. En Braford, tuvo siempre como fuente al Brahman de Hudgins (Texas) y a las mejores líenas del Braford australiano.

Equipo profesional. Una de las claves del éxito es la profesionalización del management.

Fertilidad y precocidad. Son los principales atributos que buscan en las líneas de sangre de la cabaña Braford.

Complementariedad. Hacienda Hereford convive en el potrero con ovejas Romney Marsh.

Cifras:

Un 33 por ciento de las utilidades de la firma provienen de la ganadería. Otro 33 del arroz y el último de los cultivos tradicionales.

20 por ciento. Es el aumento en la producción de carne por el vígor híbrido, al cruzar raza índica con otra británica.

35 por ciento. De sangre índica se tiene en Braford y Brangus para mantener buenos niveles de terneza en las carnes.