Por Leandro Vesco

“Sólo dos veces mi mujer me despertó antes de las diez de la mañana: una fue cuando me dijo: “invadieron las Malvinas”. Y la otra: “Diego firmó para Newell’s”. Dos catástrofes.” La anécdota pinta de cuerpo entero a uno de los personajes más queridos de la cultura argentina, rosarino hasta la médula y dueño de una sensibilidad popular sólo comparable a la que tuvo Soriano, a diez años de la muerte de Roberto Fontanarrosa es recordado por uno de sus mejores amigos, el también dibujante Alberto Mirtuono: “Era un negro por fuera y por dentro, pocas veces conocí a un personaje tan auténtico. Desde chico tenía una nobleza extraordinaria y un talento sin par”

Fontanarrosa nació en Rosario el 26 de noviembre de 1944, desde chico tuvo una enorme facilidad para el dibujo y también para la escritura. “Era un tipo de una nobleza extraordinaria, un dibujante excepcional, auténtico y descollante”, lo recuerda Mirtuono, quien también fue su representante. El “Negro” comenzó a trabajar en 1968 en la revista rosarina “Boom” y luego en “Deporte 70“, siempre se destacó por su compromiso por el trabajo y la puntualidad de sus entregas. Fue una persona de un enorme caudal laboral. En año 1973 ya dibujaba para las revistas Hortensia y Satiricón, las más importantes del país. Desde su Rosario natal creó dos de los personajes más queridos en la historia de la caricatura argentina, el matón Boogie el Aceitoso e Inodoro Pereyra, quien junto a su fiel escudero el perro Mendieta lograron meterse en el corazón de varias generaciones, que hicieron que estos personajes tuvieran vida propia.

Son pocos los artistas que llegan a lugares tan profundos en el inconsciente colectivo. Fontanarrosa forjó su arte con palabras directas, callejeras y simples. No fue un creador que se vanagloriara de su condición de intelectual al que lo quisieran ubicar quienes pretendieron etiquetarlo. El Negro adoraba estar en su barrio, y por más que le ofrecían toda clase de comodidades, nunca lo abandonó ni a su amor por Rosario Central. La tribuna canalla siempre lo recuerda y lo ubica en una categoría de semidios. Fue tan importante e inmensa y popular su obra que Rosario no sería tal sin él.

El padre de Fontanarrosa, reconociendo el talento de su hijo, quiso ubicarlo en la agencia de Publicidad de Roberto Reyna, donde trabajaba Mirtuono. “Le dijo un día si podía hacer algo por ese chico, que no hace nada. Lo único que le gusta es el fútbol y dibujar, y ni siquiera mira a las minas”, recuerda este dibujante que fue con el tiempo uno de los mejores amigos del “Negro”: “Reyna me dice luego que iba a entrar un pibe a dibujar y si podía enseñarle algunas cosas. Yo no sabía quién era ese tal Fontanarrosa. Lo recuerdo bien: era un flaco desgarbado de silencios absolutos, de mirada profunda y poco común. Muy linda persona. Era extremadamente introvertido, tímido pero dueño de un gran talento”.

“Veía algo y lo señalaba, luego resultaba excepcional. Tenía una mirada sobre las cosas que otros congéneres y colegas que solíamos compartir esos tiempos no alcanzábamos a ver. Era uno de esos seres descollantes que no tienen que pensar, porque les sale en forma absolutamente espontánea, y esa es una característica que recuerdo, ya la tenía siendo muy chico y sorprendía”, rememora Mirtuono.
Hizo de la amistad un culto, y Rosario lo recuerda sentado en la mítica “Mesa de los Galanes” en el Bar “El Cairo”, donde logró reunir a los personajes más característicos de esta ciudad a la que amó como ninguno. Conocedor de los decires de la calle y observador de los “vagos” que la transitan, en el año 2004 fue expositor en el III Congreso de la Lengua Española, allí dio una recordada charla “Sobre las Malas Palabras”, que comenzó de esta manera: “La pregunta es por qué son malas las malas palabras, ¿quién las define? ¿Son malas porque les pegan a las otras palabras?, ¿son de mala calidad porque se deterioran y se dejan de usar? ¿Tienen actitudes reñidas con la moral? Por ejemplo el secreto de la palabra pelotudo, ya universalizada, está en que también puede hacer referencia a algo que tiene pelotas, que puede ser un utilero de fútbol que es un pelotudo porque traslada las pelotas; pero lo que digo, el secreto, la fuerza; está en la letra t. Analicémoslo: está en la letra t, puesto que no es lo mismo decir zonzo que decir peloTudo”
Fontanarrosa murió el 19 de julio de 2007, a los 62 años, víctima de un paro cardiorrespiratorio una hora después de ingresar en un hospital con un cuadro de insuficiencia respiratoria aguda. Su muerte enlutó a toda la ciudad, cientos de vecinos, amigos, artistas, deportistas, bohemios y vecinos lo despidieron. El Negro Roberto Fontanarrosa se hizo querer por todos. Hay una frase de Inodoro Pereyra que podría ser un justo y oportuno epitafio: “Estoy comprometido con mi tierra, casado con sus problemas y divorciado de sus riquezas”