Por Matilde Moyano

“Escribo estas líneas con la certeza de que la clave que nos puede asegurar una opción de vida en tanto Estado radica en desentrañar, y en muchos casos desarticular, los mensajes de quienes protagonizan el grueso de estas páginas, expresa Patricio Eleisegui en este nuevo libro ‘AgroTóxico, Argentina como laboratorio a cielo abierto para el control de la alimentación mundial’, de Editorial Sudestada, ya disponible en librerías de todo el país.

Eleisegui es también autor de ‘Envenenados‘ (2013), la primera investigación periodística argentina que abordó las consecuencias sanitarias y sociales del modelo de producción basado en semillas transgénicas y el uso indiscriminado de agroquímicos. Este nuevo trabajo se concibe en tiempos en que las semillas modificadas genéticamente alcanzan los 50 eventos aprobados en la Argentina. Y el grueso de ellos demanda una aplicación de agroquímicos cada vez más elevada: 300 millones de litros por año; esto, puesto en términos de habitantes, implica que por cada argentino se pulverizan 7,5 litros de plaguicidas de comprobada toxicidad en el lapso de 365 días”, indica la reciente publicación.

Desde transgénicos como caña de azúcar, trigo, girasol y variedades de soja, hasta los más recientes: papa, cártamo y alfalfa, nuestro país tiene más de dos décadas de uso expandido de plaguicidas. AgroTóxico viene a denunciar que en la Argentina de estos tiempos no existe un solo producto surgido de la tierra de forma intensiva que se elabore sin la utilización de agroquímicos.

“Cuando uno habla de salud, las autoridades del gobierno contestan con economía, contestan con números de exportación, contestan con detalles de regalías. Cuando hay una discusión en cuanto a la tecnología, que se dice que se pueden generar productos con mayores vitaminas, variedades de semillas con altos valores nutritivos, la realidad es que eso hasta ahora es una auténtica mentira, y lo único que se ha hecho con los transgénicos en la Argentina es incentivar el negocio de la producción y comercialización de agrotóxicos, asegura Eleisegui en diálogo con El Federal sobre esta investigación que busca evidenciar cómo el Estado es clave en el desarrollo de biotecnología aplicada al agro, e incluye las voces del empresariado enriquecido con este negocio: desde Monsanto-Bayer, hasta una entrevista al empresario Gustavo Grobocopatel, cuya compañía factura más de mil millones de dólares anuales.

 // Desde ‘Envenenados’ hasta hoy, la contaminación se incrementó. ¿Cuál es tu sensación con respecto a esta situación?

Desde Envenenados hacia acá podría decir que el problema no ha hecho más que intensificarse, o en todo caso empezando a sostener una evidencia científica mucho más copiosa respecto al problema. En los últimos años hubo una labor mucho más ardua, o por lo menos se conocieron muchos más resultados de trabajos por ejemplo de la Universidad de La Plata, del EMISA (Espacio Multidisciplinario de Interacción Socioambiental) que encabeza el doctor Damián Marino, con lo que ha sido la constatación de la contaminación de toda la cuenca del río Paraná, tanto con glifosato como con insecticidas, la prueba de que el glifosato no se está degradando. La contaminación de peces, por ejemplo, en la cuenca de la Bahía de San Borombón, algo que ha probado hasta el INTA (Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria).

En los últimos años hemos tenido mucha confirmación científica del problema, pero el inconveniente por supuesto es que la actividad no se ha movido de la forma en que se viene haciendo, no ha habido modificación a nivel político sobre todo.

De 2013 hasta acá, no han habido cambios en la cuestión productiva si no una intensificación de la mano también del lanzamiento de una batería enorme de transgénicos que en más del 90% de los casos presentan resistencia a plaguicidas y lo que es más preocupante es que se están desarrollando muchos transgénicos con eventos apilados, que tienen resistencia a más de un plaguicida.

En los pueblos del interior hay organizaciones más sólidas, ahora hay una discusión ampliada del problema, y estas organizaciones han logrado llevar la discusión a otro nivel, como el caso de los colectivos en Entre Ríos, que gracias a la presión la provincia ha juntado en algunas mesas a los productores, a quienes proponen agroecología, y es un indicador positivo dentro de lo negativo que tiene este modelo que no ha cambiado.

// La gente del agro suele corregir el término “agrotóxico” por “fitosanitario”. Sabemos que se trata de una palabra simbólica. ¿Por qué Agrotóxico?

Por supuesto que tiene que ver con la cuestión simbólica de la palabra. Recordemos que en su momento determinados organismos le exigieron al personal no utilizar esa palabra porque tenía una connotación negativa, y usar la más amable, fitosanitario, que da la idea de una suerte de cura, una cosa casi de medicamento, que es lo que ha intentado fijar la industria en todos estos años.

Pero la realidad es que estamos hablando de sustancias que están creadas con combinaciones químicas para destruir la vida. Esa es la realidad. Un herbicida mata una planta, un fungicida mata un hongo, un insecticida mata insectos, aunque se ha comprobado que no solo matan estos blancos, el poder nocivo que tienen estas sustancias alcanza prácticamente a todo el hábitat, a las poblaciones y a la tierra en general.

Somos un país que multiplicó prácticamente por mil el uso de estas  sustancias, en solo dos décadas, y la realidad es que se está produciendo con venenos. Como dicen algunos científicos en Centroamérica, no hablan de fitosanitarios ni de agroquímicos, si no que directamente hablan de agrovenenos, y eso es un poco lo que también trata de exponer la palabra agrotóxico.

Nadie a esta altura puede discutir que estos productos tienen niveles de toxicidad. No existe ningún plaguicida inocuo, ni tampoco biodegradable, como se ha intentado imponer. 

// ¿Además de Entre Ríos, cuáles son las provincias más contaminadas? 

No tenemos grandes diferencias cuando hablamos del mapa productivo de la Argentina. La contaminación ha quedado en evidencia en los lugares donde se ha medido. Si las mediciones científicas se trasladan a otros lugares productivos, probablemente terminemos encontrando exactamente lo mismo. En todo lugar en donde se ha medido se ha encontrado contaminación. Simplemente hay que ir a buscarla parece, y eso es un poco lo grave.

Tenemos por supuesto la situación de Entre Ríos, que es el lugar donde se ha consolidado la expansión del cáncer, territorio sojero por excelencia, territorio de enorme uso de glifosato. Recordemos que en Urdiñarrain, en el centro de la provincia, una investigación encontró no solo que el producto no se degrada, si no que además encontró que en ese lugar están algunas de las concentraciones de glifosato más elevadas del mundo. Es uno de los territorios con mayor problemática de cáncer, con ejemplos como San Salvador, la capital del arroz, 40% de muertes por esa enfermedad.

En la provincia de Santa Fe sucede algo parecido. Tenemos mucho cáncer y esto tiene que ver con el uso del paquete tecnológico que demanda la producción de la soja transgénica, también el maíz transgénico.

En provincia de Buenos Aires podemos hablar de una situación similar, muy parecida porque también estamos hablando de prácticamente los mismos cultivos y del uso de estas sustancias como el Roundup, el glifosato de Monsanto-Bayer, que es el producto más observado como el causante de cáncer a nivel internacional y a nivel científico.

La situación va variando según el tipo de producción. En la provincia de Chaco, por ejemplo, hay muchos trastornos cognitivos en los chicos, y se puede establecer una vinculación con el paquete tecnológico que demanda la producción por ejemplo del algodón.

En Misiones está la problemática de la yerba, del , también del tabaco, que demanda mucha utilización de distintos insecticidas. Lo que es llamativo en Misiones es la aparición de distintos focos de enfermedades que la ciencia denomina ‘raras’ o ‘poco frecuentes’, que tienen que ver con aspectos de contaminación ambiental. Un caso que se refleja en ‘Agrotóxico’ es el de Marcela Viarengo, titular de la Asociación de Miastenia Gravis de Apóstoles. La miastenia gravis es una enfermedad neuromuscular que va degradando los músculos, sobre todo los orientados a masticar, tragar, caminar, control de esfínteres.

// ¿Hay otras historias de los afectados?

Hay historias, por supuesto, creo que siempre son importantes, son clave para entender cómo la afección es algo que no se puede discutir. 

Alfredo, de Monte Maìz, Córdoba, por ejemplo, un ex trabajador de la pulverización, de las fumigaciones, él cuenta en un punto cómo trabajaba manipulando los plaguicidas sin ningún tipo de protección, y cómo sus patrones prescindieron de su trabajo cuando notaron que estaba enfermo. Terminó con una cirrosis alcohólica, pero en su vida había tomado alcohol. Los médicos reconocieron que el problema de su hígado tiene que ver con la interacción con los tóxicos. Hace años que no tiene uñas ni en las manos ni en los pies. Tiene glifosato, clorpirifos y cipermetrina en la sangre.

Luis Blanco, un periodista corresponsal del diario La Capital, de Rosario, un experto en estas problemáticas, el primero en escribir sobre los niños banderilleros, los niños que marcaban posiciones en los campos para que los aviones realicen las fumigaciones, y por supuesto terminaban bañados en veneno. Luis vive en Sastre, y termina afectado por un Linfoma de Hodgkin, un tipo de cáncer. En la charla que mantuvimos él vinculó directamente su enfermedad a las fumigaciones que se hacen tanto en torno a Sastre, como a la maquinaria que se guarda adentro del pueblo, ya que muchas veces el veneno que quedaba en la maquinaria ingresaba a su casa a través del viento. 

Gustavo, un ex trabajador rural, muy cerca de Gualaguay, Entre Ríos, quien termina afectado cuando lo ponen a limpiar un galpón, lo ponen a quemar los bidones de agrotóxicos, y en un momento el humo va para donde él estaba y eso le genera una contaminación letal que empieza con un dolor de cabeza y termina en coma. Hoy tiene problemas visuales, tuvo un daño cerebral importante.

Son alguna de las historias más fuertes que tiene AgroTóxico, que exponen que la contaminación es tremendamente potente, en muchos casos irreversible y por supuesto que indiscutible.