Se trata de una nueva técnica que utiliza tecnología de simulación combinada con impresión 3D para fabricar una máscara personalizada que reproduce las características del rostro de la persona y asegura los injertos de piel en las zonas dificultosas de la cara.

Cuando un paciente se quema la cara, lo primero que hay que hacer es retirar la piel muerta. Luego nosotros escaneamos los rasgos faciales e imprimimos una máscara de ácido poliláctico, un polímero 100% biodegradable que se fabrica a partir de recursos renovables como el maíz, la remolacha, el trigo y otros productos ricos en almidón“, explicó a Télam Hernán Aguilar, el médico creador del método.

La flamante técnica ya fue aplicada en un hombre de 38 años que sobrevivió a la explosión de un automóvil. “El paciente presentó quemaduras de tercer grado en más del 40% del cuerpo, que comprometieron las manos, antebrazos y piernas y le generaron un daño facial extenso que incluyó la frente, los párpados, la región nasal y ambas mejillas“, detalló el médico y continuó: A partir de los seis meses se obtuvo una cicatrización óptima del rostro, con un color de piel aceptable y se evitaron las secuelas funcionales y estéticas”.

Aguilar es médico del servicio de Cirugía Plástica y coordinador quirúrgico del Área de Quemados de la Unidad de Terapia Intensiva de Adultos del Italiano, y la técnica que desarrolló junto a Horacio Mayer, subjefe del servicio de Cirugía Plástica de ese hospital, “no había sido descripta hasta ahora en la literatura médica mundial”, aseguró.

Una vez que la máscara está impresa, proceso que demora entre 13 y 18 horas, se le aplica al paciente una membrana artificial de origen bovino, que se usa comúnmente en quemaduras, y encima se coloca la impresión, que se retira a los 21 días, cuando la piel está prendida, retomó Aguilar.

El cirujano comentó que los métodos tradicionales para reconstrucción de quemaduras constan de dos etapas: la reconstructiva y la presoterapia. La primera consiste en utilizar injertos de piel o dermis artificial y sujetarlos con gasas, apósitos e hilos a la cara del paciente, mientras que la segunda comienza aproximadamente un mes y medio luego de la quemadura, cuando las heridas ya cicatrizaron.

En ese momento se coloca una máscara de acrílico (realizada en un molde de yeso) sobre el rostro para aplicar presión en determinados tejidos. “Antes la cara quedaba sin función, quedaba dura y con cicatrices hipertróficas. Con esta máscara se logra que la piel quede sin volumen ni coloración y además se obtienen óptimos resultados funcionales, ya que se adapta a la forma irregular del rostro y permite la inmovilización adecuada de los injertos o dermis artificial, difícil de lograr con los métodos tradicionales“, destacó Aguilar.

Para realizar el procedimiento se utiliza un programa de software de simulación suizo (Crisalix) para cirugía estética junto con un escáner portátil, lo que permitió obtener imágenes del paciente en tres dimensiones para luego transferirlas a una impresora.

El nuevo método recibió el primer premio como mejor trabajo en el XVIII Congreso Argentino de Quemaduras 2019 y fue aceptado para publicar en el Journal of BurnCare&Research (Oxford University Press), órgano oficial de la American Burns Association, una de las revistas más prestigiosas del mundo dedicada exclusivamente al tratamiento e investigación de pacientes con quemaduras.