Hace 15 meses la furia del agua estuvo a punto de convertirlo en un pueblo fantasma. Hoy sus habitantes se dan el lujo de soñar con un futuro mejor: a 400 metros de distancia, ruta de por medio, avanza la construcción de las nuevas viviendas, lejos del cauce del arroyo que le da nombre al lugar y que casi lo hace desaparecer.

Arroyo Ventana está ubicado a 65 kilómetros al oeste de Sierra Grande, allí donde la polvorienta Ruta Provincial 5 penetra en la meseta rionegrina. El 9 de abril del año pasado los pobladores tuvieron una madrugada de pesadilla cuando un aluvión se llevó sus viviendas, completas o en parte. Quedaron marcados para siempre por aquella furia de la naturaleza. Aquel día recuerda la directora de la Escuela: “Se sintió como un ruido a canilla abierta, nos levantamos y era el arroyo que estaba viniendo” 

Aquel día unas cuarenta personas fueron rescatadas  por personal de Defensa Civil, Policía, Prefectura y Bomberos.  El puenlo fue arrasado por una descomunal crecida del arroyo que da nombre al pueblo que se llevó casas y desplomó la escuela del lugar. Otros diez habitantes permanecieron allí para resguardar las viviendas y preservar lo poco que queda de ese poblado. 

Sucedió que en medio de una tormenta bajó de la meseta de Somuncura una fuerte correntada y como un puño que golpea desde atrás inundó al poblado. Sus habitantes quedaron al borde de la muerte y aislados del mundo por un día. Con tanta fuerza bajaron las aguas de la meseta que destruyeron el pequeño pueblo y el puente de Arroyo Verde, en el límite entre Río Negro y Chubut. Los 59 vecinos que estaban en ese momento se salvaron, algunos porque se subieron a los techos de sus casas, otros gracias a que treparon a los árboles.

El paraje está justo en el cauce del arroyo, como lo demuestra el cambio de vegetación que se percibe con la simple observación del paisaje. Por eso no extraña que cuando la naturaleza necesita descargarse discurra por ese cañadón natural. Y por eso este pueblo ya padeció dos inundaciones similares en sus 60 años de existencia, en 1978 y en 2014.

Después del trago amargo llegó la hora de definir el futuro de la localidad y por eso en una asamblea el año pasado los pobladores con el comisionado Carlos El Hossen a la cabeza y el gobernador Alberto Weretilneck definieron el traslado.

En la reconstrucción todos tienen participación y hacen aportes: la misma comisión de fomento, el gobierno de la provincia que hace obras públicas y el gobierno nacional que construye la Escuela 141, que después de la correntada quedó resumida a escombros.

El comisionado Carlos El Hossen no se olvida de que el arranque fue posible también gracias al aporte solidario de la comunidad de Sierra Grande. Esos fondos fueron el primer ahorro con el que contó para empezar a construir de la nada un nuevo pueblo.

Si todo sale como fue planificado, el nuevo emplazamiento tendrá un acceso con un bulevar y luminarias, una plaza, 27 casas en la primera etapa, una escuela nueva, un estadio de fútbol y hasta una terminal de ómnibus. La idea de El Hossen es inaugurar el nuevo pueblo en marzo del año que viene. “Nos vamos a comer unos cuantos corderos”, promete, pensando ya en la fiesta. Esa misma ilusión es la que tienen Yamil de 5, Lucila de 9 y Ulises de 11, que vivieron en carne propia la inundación en su casa y hoy siguen jugando libres entre las cortaderas, la planta que caracteriza al lugar.

El Hossen  planificó cómo será el nuevo estadio de fútbol con césped, con las medidas reglamentarias, tribunas y luminarias. El terreno lo tiene reservado. Es una deuda pendiente: el estadio del pueblo lo habían inaugurado diez días antes del desastre y quedó inutilizable. También está avanzado el proyecto de una pequeña terminal de colectivos que quiere instalar un vecino de Sierra Grande a quien ya le cedió el terreno. El proyecto contempla frecuencias a Sierra Grande, Cona Niyeu y Los Berros.

El viejo pueblo y sus edificios, en tanto, quedarán como una especie de museo. Las tierras serán destinadas a zona de chacras para sembrar y criar animales. En la actualidad viven 60 personas, otros vecinos tuvieron que irse del pueblo porque perdieron sus pertenencias y están esperando el nuevo pueblo para retomar sus días en el lugar.

Contando los que viven en la zona rural, Arroyo Ventana roza el centenar de pobladores. “La gente está muy animada con el nuevo lugar, se asustó mucho con lo que pasó y estamos dispuestos para irnos” al nuevo emplazamiento, señaló El Hossen. Por eso cuentan los días que faltan para estrenar casa y seguir con su vida, más tranquilos.

¿Tiene sentido seguir apostando por el lugar después de haberlo perdido todo? Mario Martínez trabaja para una empresa que mantiene los acueductos. La tormenta se llevó una de las paredes de la casa en la que vive con su familia. “Fue un momento feo y complicado. Se nos había caído parte de la pieza, estábamos con mi señora y los tres chiquitos, cerca de las 2 de la mañana tuvimos que subirnos a una mesa, mi mujer arriba de una máquina de coser… al otro día un vecino nos alcanzó una soga para ir a un lugar más alto” relató. Buscó su camioneta y no la encontró porque se la había llevado el agua. Estaban aislados, con hambre, sed y miedo.

Las pérdidas materiales fueron muchas pero la mano que dio la gente de Sierra Grande alivió las heridas. Hoy Martínez y su familia sueñan con cambiarse lo antes posible a la nueva vivienda. La memoria emotiva les quedó grabada: “cuando llueve un poco tenés la mente en alerta, caen dos gotas de agua y estamos pendientes”. Pese a todo el hombre de 35 años no se quiere ir de Ventana. “Una vez me fui y volví. Acá nací me crié, toda mi infancia la tuve acá, no me voy, es otra tranquilidad”.