Por Sonia Renison. Redactora Especial a cargo de Viajes y Turismo / Fotos Alejandro Guyot

Sergio Yess avanza despacio con su carro tirado por una yunta de bueyes. Frena y saluda. Lleva la barba rala y los ojos azules como el cielo. Va con ropa de trabajo: pantalón arremangado, sostenido con un cordón a la cintura y una remera raída. Va descalzo. Lo espera su mujer con la niña más grande, que cada mañana camina los cinco kilómetros que la separan de su escuela. De los otros dos niños, uno está aún en brazos y el otro asoma como un pompón rubio detrás de los yerbales, que fija la vista ante la cámara de foto. Tiene el cabello rubio rojizo, casi como el sol, que tiñe de dorado todo lo que toca en el camino vecinal que se dibuja entre los plantíos. La selva asoma por cualquier rincón. Desde el pueblo de Salto, donde se distribuyen más de 60 caídas de agua en la exuberancia de la selva paranaense, en el corazón misionero, llegamos a Aristóbulo del Valle, donde la tierra es casi bordó después de un aguacero.

La familia Yess es una parte de esta selva. Le cuida la chacra a otros dueños. Plantan yerba y tabaco. Tienen unos cerdos y zapallo para el consumo familiar. El “colorado” trabaja en esta plantación y tiene su casa aquí mismo. Su apellido, Yess, es conocido por todos desde que se radicaron los padres, en los años 50.

Los colonos llegaron desde Brasil en un momento en que las fronteras eran inciertas: arribaban a los puertos de Santa Catarina y Porto Alegre y con el tiempo llegaban aqui?. Por eso los apellidos alemanes, polacos, croatas, ucranianos suenan familiares hoy. De esta tierra (de Apóstoles) es el genial mu?sico Horacio “Chango” Spasiuk, de origen ucraniano-polaco y la modelo Ingrid Grudke, alemana. Pero toda la geografi?a misionera ostenta nombres de la vieja Europa.

El hombre siembra aroma?ticas y hortalizas de todo tipo, que vende en la feria y en hoteles y lodges. Lo hace en esta selva que para los conquistadores era la presencia de un nuevo mundo desconocido y peligroso; para los jesuitas, un desafi?o evangelizador, y para los inmigrantes, una fuerza que habi?a que doblegar para construir sus casas y hacer cultivos. Pero tambie?n hubo –y hay- otros hombres para los que la selva era la esencia misma de su forma de vida, de su lenguaje, de su cotidianidad: los abori?genes, los primeros habitantes de esta tierra. De un modo u otro, todos ellos, a lo largo de la historia, han elegido la selva para vivir.

Pioneros y conquistadores

Los primeros que llegaron con los espan?oles fueron los jesuitas, en el siglo XVII. En 1604, los sacerdotes de la Compan?i?a de Jesu?s crearon la provincia jesui?tica del Paraguay que se extendi?a entre Argentina, Chile, Paraguay, Uruguay, Bolivia y Brasil. “La realidad de ese momento -sen?ala Hugo Ca?mara en su libro- era que los cazadores de esclavos (llamados paulistas o bandeirantes) junto con los encomenderos persegui?an guarani?es a tal punto que muchos de ellos abandonaron sus aldeas y se refugiaban en la espesura de la selva, que conoci?an muy bien. La amenaza por partida doble facilito? la creacio?n de las reducciones jesui?ticas que pretendi?an evangelizarlos, dado que los guarani?es vei?an posibilidad de proteccio?n en los jesuitas.

Las misiones se ubicaron sobre el lado brasilen?o al principio, y luego, en 1631, el padre Antonio Ruiz de Montoya encabezo? un e?xodo remontando el ri?o Parana? y se instalo? en lo que hoy es Misiones. Este mismo movimiento de inmigrantes se suscito? tambie?n hacia la mitad del siglo XX e incluso en el presente siglo, cuando familias enteras llegaban a la costa de Brasil, en el Sur, y finalmente terminaron arraigados en suelo argentino.

Por ejemplo, en 1897, llegaron 14 familias de polacos directo a la localidad de Apo?stoles, donde el gobierno provincial les otorgo? vi?veres y animales. La poblacio?n se afianzo? y en 1901 la colonia Apo?stoles contaba con 655 familias y 3.202 personas. Hacia 1937 habi?a dos tipos de ocupantes de tierras fiscales -dice Ca?mara en su libro-. Los que habi?an solicitado la concesio?n legal y los que ocupaban un lote sin iniciar un tra?mite. En el sur y centro misionero se instalaban los que estaba regularizados y hacia el Este y Nordeste se produjo una “fusio?n” entre aquellos peones que llegaban en busca de trabajo desde Brasil y al final se radicaban en estas tierras. Por eso, cuando uno transita los caminos misioneros el idioma es el “portun?ol” y la gente presenta un aspecto fi?sico europeo. Al principio, los colonos se dedicaron al trabajo agri?cola en las parcelas de tierras que les otorgaba el estado. Trabajaba toda la familia y contrataban personal extra cuando el volumen de lo producido los excedi?a. El auge de la yerba mate entre 1920 y 1935 llevo? a la poblacio?n al monocultivo.

En el trabajo sobre “El impacto de la inmigracio?n alemana brasilen?a en el paisaje”, de Mari?a Cecilia Gallero, publicado en la revista de geografi?a “Estudios socioterritoriales” se especifica: “La inmigracio?n alemana brasilen?a, aunque se disperso? en toda la provincia de Misiones, se concentro? a trave?s de la colonizacio?n privada en la Colonia Puerto Rico, la que integra los municipios de Puerto Rico, Capiovi? y Ruiz de Montoya, que se transformo? en el lugar ideal para estudiar el impacto en el paisaje dado que la selva natural se transformo? en un paisaje humanizado, agrario, caracterizado por la presencia de chacras con una economi?a diversificada.”

Los inmigrantes alemanes-brasilen?os -dice la autora- “se distinguen por haber desarrollado migraciones trans- generacionales, estuvieron cien an?os en el sur del Brasil y ya llevan mas de ochenta an?os en la Argentina. Sus descendientes conservan el idioma alema?n, su cultura y sus tradiciones”. Sergio Yess es uno de ellos; tiene la Europa en la piel, en el trabajo y en la sangre que parece haberle transferido el colorado a esta tierra misionera.