Abrevaya es investigadora adjunta del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET) en el Instituto de Astronomía y Física del Espacio (IAFE, CONICET-UBA). Descubrió que ciertas bacterias y arqueas podrían sobrevivir, incluso, a las condiciones más extremas de radiación ultravioleta (UV) que se teoriza podrían existir en la superficie del exoplaneta Proxima b, -que orbita la estrella Proxima Centauri, una enana roja en la Constelación Centaurus, a 4 años luz de la Tierra, o 400 mil millones de kilómetros-.

Para llegar a estas conclusiones, publicadas en la revista Monthly Notices of the Royal Astronomical Society, expusieron a microorganismos como Pseudomonas aeruginosa, -una bacteria comúnmente conocida como patógeno oportunista en humanos -, y a una arquea halófila -microorganismo que vive en ambientes hipersalinos y son muy tolerantes a la radiación UV-y observaron supervivencia de estas poblaciones de microorganismos, bien distintas en cuanto a su fisiología y taxonomía .

Los experimentos, realizados en conjunto con Oscar Oppezzo y Ana Forte Giacobone, investigadores del Departamento de Radiobiología de la Comisión Nacional de Energía Atómica, testearon los efectos de la radiación en microorganismos simulando radiación UV (en particular en el rango UVC) tal como la que proviene de los llamados flares o superflares -o fulguraciones y superfulguraciones, en español- que son eventos explosivos que ocurren en la estrella y llegan al planeta con regularidad, en particular en el caso de las estrellas de tipo M como Proxima Centauri.

“Estos eventos son particularmente relevantes en los estudios de habitabilidad debido a que las altas cantidades de radiación UV que llegan a la superficie del planeta podrían aniquilar potenciales formas de vida”, explica Abrevaya.

Es la primera vez que se demuestra experimentalmente en condiciones de laboratorio que formas de vida terrestres, son capaces de sobrevivir a los efectos de una fulguración.Los estudios teóricos que habían tratado de dilucidar si formas de vida tal como las conocemos podrían sobrevivir a esas fulguraciones, habían subestimado la capacidad de las formas de vida terrestre de tolerar estas fluencias de radiación”, sostiene la astrobióloga.

En base a estimaciones que hipotetizan sobre cómo llegaría la radiación a la superficie del planeta, concluyeron en que existe un apantallamiento que “varía en función de la composición de dióxido de carbono y de la presión atmosférica: a mayor presión de dióxido de carbono, mayor es el apantallamiento al UV”.

Las próximas investigaciones tendrán por objetivo, en base a estos resultados, dilucidar qué pasaría, con el porcentaje de microorganismos que sobrevive a una fulguración, en el caso de que sean sometidos a fulguraciones frecuentes. “Qué pasaría si se repiten estos eventos antes de que haya un restablecimiento de la población de microorganismos, por ejemplo; sobre eso estamos trabajando ahora con nuestro equipo interdisciplinario de trabajo formado por astrofísicos y biólogos”, adelanta.

Fuente: CONICET