¿Cómo darles un plan de salud a personas que no tienen un domicilio fijo? Esta pregunta movilizó a las autoridades sanitarias de Nauquén ya que en el norte de la provincia la trashumancia aún es una actividad ancestral que permanece vigente y que ocupa a 400 familias que viven en invierno en un lugar y en verano en otro. Desde el Ministerio de Salud y Desarrollo Social buscan asegurarles atención médica.

La trashumancia es una práctica ancestral de pastoreo que se basa en desplazarse grandes distancias buscando campos de veranadas e invernadas, con el fin de asegurarles al ganado pasto y agua. A lo largo de siglos, se han establecido distintos caminos que atraviesan la provincia desde el alto valle hasta la región cordillerana. Los trashumantes son alrededor de 400 familias que muchas veces ven cómo su actividad va haciéndose más difícil ya que la industria petrolera ha ocupado tierras que históricamente eran usadas por ellos.

La semana pasada se realizó el III Encuentro Nacional de Agentes Sanitarios en Villa La Angostura, y la idea de facilitarles un servicio de salud a los trashumantes partió de una iniciativa del hospital de la pequeña localidad de Las Ovejas. La proyecto se denomina “La Trashumancia mueve a la Salud Pública. El desafío de revisar nuestras prácticas para construir una red de atención de la familia criancera”, y fue presentado por los agentes sanitarios Federico Muñoz, Samuel Bravo, Héctor Ormazábal y Lihue Sprumont.

Uno de los propósitos del programa es identificar los problemas de salud que tienen las familias trashumantes, para de esta forma poder darles herramientas de prevención de las enfermedades más frecuentes. Son un total de 400 familias que están empleadas en esta labor, 150 sólo en el norte de la provincia. El proyecto además buscar revalorizar el papel del Agente Sanitario, quien es aquel que tiene un contacto directo con la población que se intenta proteger.

Samuel Bravo, agente sanitario del puesto de Butalón, en declaraciones al Diario Río Negro comentó: “Ellos pasan seis meses en la invernada y unos 15 a 25 días arreando a sus animales a la veranada, donde pasan unos cinco o seis meses, y después vuelven a las invernadas. Recorren entre 150 y 200 kilómetros, van y vienen todo el año

Por lo general a mediados de noviembre los trashumantes abandonan sus campos de invernadas y van en busca del pasto y el agua en las regiones cercanas a la cordillera, allí permanecen haciendo la veranada hasta marzo y abril, donde regresan a las zonas de invernadas. Esta población dispersa no tiene una atención sanitaria adecuada. Se trata de familias que trabajan la tierra y viven en lugares aislados. “Lo que pasa es que se atienden en las invernadas y no llegan los registros a las veranadas, entonces no sabemos a qué población atender ni qué medicación llevar, cuántos son de familia o si tienen agua potable”, afirma Lihue Sprumont, agente del paraje Manzano Amargo.

Lo importante, para los agentes que pretenden llevar adelante el programa, es identificar a las personas para hacerles su historia clínica, con el fin de poder individualizar y seguir los casos.  “La planilla va a ser la historia clínica del trashumante”, comenta Federico Muñoz, quien sostiene que “Es muy importante que ellos hayan visualizado a la planilla como un instrumento útil a futuro en el trabajo cotidiano que hacemos en el área rural” El programa de salud trashumante estará en vigencia desde 2017.