El proyecto, que fue premiado, ideado por el Inta y la Secretaría de Agricultura Familiar de Neuquén pone foco en la adaptación al cambio climático de agricultores familiares del sur de Río Negro, a partir de la reintroducción de las cabras criollas neuquinas.

Marcelo Pérez Centeno, director del Instituto de Investigación y Desarrollo para la Agricultura familiar (IPAF) de la Patagonia, destacó el trabajo realizado junto con la Red de Recursos Genéticos del INTA y la Secretaría de Agricultura familiar de Río Negro. “Es un reconocimiento a la fortaleza del trabajo articulado por un conjunto de instituciones donde cada uno aporta desde su especialidad para resolver un problema”, expresó.

El proyecto buscó desarrollar una alternativa de adaptación de la agricultura familiar de la zona frente a varios años de sequía y, a los daños causados por la explosión del volcán Puyehue, en 2011. De hecho, el 60 % del stock animal de la región –majadas de ovejas Merino y cabras de Angora– se vio diezmada por las catástrofes climáticas y naturales que sucedieron en toda la región.

Frente a esta situación de emergencia, la cabra criolla del norte neuquino aparece como alternativa para el repoblamiento. “Desde 1990, las hemos estudiado y caracterizado”, indicó Pérez Centeno quien explicó: “La rusticidad y la alta tasa de reproducción de estas cabras, las convierten en una herramienta de repoblamiento y diversificación más que interesante”. Esta capacidad de adaptación, les permitió a las familias “asegurar su abastecimiento de proteínas, y recomponer en forma significativa la producción ganadera de la región”, aseguró el director del IPAF Patagonia. Así, el proyecto puso el foco en reintroducir a la cabra criolla en Río Negro para garantizar el alimento de las familias de la zona, algún ingreso por venta de carne y sostener el arraigo campesino.

Gracias al financiamiento del Ministerio de Trabajo y del de Desarrollo Social de la Nación, cada familia afectada recibió un núcleo de 29 madres más un reproductor macho. “Luego de tres años, los animales manifestaron su adaptación al ambiente, registramos pariciones y destetes superiores al 110 %, en comparación de las ovejas Merino y de las cabras de Angora”, señaló María Rosa Lanari, del grupo de Genética y Reproducción del INTA Bariloche.

“Se destaca del trabajo realizado, la valoración de los recursos genéticos locales y la posibilidad de rescatar la experiencia que las comunidades han construido con ellos a lo largo de generaciones”, señala Centeno. En el 2003, la cabra criolla fue caracterizada y reconocida por la Organización Mundial para la Agricultura y la Alimentación (FAO) como un recurso genético local. Su especial adaptación a la región es la consecuencia de los diversos aportes raciales, la selección natural y la selección dirigida por los crianceros del norte neuquino; gracias a esto, está inscripta como raza local.

El proyecto, titulado: “Seguridad alimentaria en productores familiares de Patagonia argentina: uso de recursos genéticos locales y adaptación al cambio climático”, fue desarrollado por el IPAF Patagonia, la Red de Recursos Genéticos del INTA y la Secretaria de Agricultura Familiar de Río Negro junto con productores de la zona de Comallo y la cooperativa ganadera indígena de Jacobacci.