La acidificación de los océanos es un proceso que está ocurriendo de manera acelerada como consecuencia del aumento de las emisiones de dióxido de carbono (CO2) a la atmósfera, provenientes del uso de combustibles fósiles, de la agricultura y cambio de uso de suelo, de procesos industriales y gestión de residuos, entre otros motivos. El CO2 atmosférico es absorbido por los océanos y produce una serie de reacciones químicas que alteran el sistema de carbonatos y disminuyen el pH del medio, fenómeno que se conoce como acidificación oceánica.

A pesar de que los océanos moderan el cambio climático generado por el accionar humano, estas variaciones en sus características físicas y químicas tienen importantes consecuencias en diferentes organismos, muchos de ellos con estructuras calcáreas -almejas, mejillones, vieras, corales, cangrejos, erizos, entre otros-. Estos cambios pueden alterar los ecosistemas y los servicios ecosistémicos que estos organismos proveen, poniendo en riesgo la seguridad alimentaria y los medios de vida de millones de personas, especialmente en sistemas costeros donde los recursos pesqueros y la actividad recreativa son de vital importancia para los desarrollos económicos locales y regionales.

Así es como el laboratorio para estudios de la Acidificación de los Océanos instalado en el Instituto de Investigaciones Marinas y Costeras (IIMyC-CONICET, UNMDP) equipado por el OIEA (Organismo Internacional de Energía Atómica) se incorporó recientemente al Observatorio Regional de la Acidificación de los Océanos conformado por 18 países latinoamericanos.

Este nuevo espacio es coordinado por la investigadora del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET) Betina Lomovasky, y el grupo de trabajo está formado por Emiliano Ocampo, Tomás Luppi, María Soledad Yusseppone y la becaria Macarena Pérez García, quienes realizarán la evaluación y seguimiento de cuatro estaciones de monitoreo ambiental costero localizadas en Santa Teresita, Villa Gesell, Mar del Plata y el estuario de la laguna costera de Mar Chiquita.

El objetivo de este seguimiento es aportar información sobre el Objetivo de Desarrollo Sostenible (ODS) 14.3, en el que se intenta “reducir al mínimo y abordar los efectos de la acidificación de los océanos, incluso mediante una mayor cooperación científica a todos los niveles”, por medio del indicador del Objetivo de Desarrollo Sostenible 14.3.1 “Acidez marina media (pH) medida en un conjunto acordado de estaciones de muestreo representativas”, con la cooperación del Servicio de Hidrografía Naval, fortaleciendo las relaciones interinstitucionales. Además, los especialistas trabajarán interinstitucionalmente sobre los posibles efectos de la acidez oceánica en especies claves de nuestros ecosistemas -estructurados de comunidades y especies marinas comerciales-.

Lomovasky explica que esta iniciativa brinda la oportunidad de fortalecer las capacidades para el estudio de los sistemas costeros y marinos, en función a estresores relacionados a Cambio Climático Global, conocer cuál es el impacto en nuestras zonas costeras y cómo esto puede afectar diferentes servicios ecosistémicos en las áreas de estudio. “Esperamos que este fortalecimiento pueda ser transferido a otras instituciones del país y colabore en la conformación de una red nacional interinstitucional e interdisciplinaria a fin de abordar la problemática desde diferentes puntos de vista.”, explica.

El observatorio está conformado por países de Latinoamérica y El Caribe, entre ellos: Argentina, Belice, Brasil, Chile, Colombia, Costa Rica, Cuba, Ecuador, El Salvador, Guatemala, Honduras, México, Nicaragua, Panamá, Perú, República Dominicana, Uruguay y Venezuela, como parte de las acciones realizadas por la Red de investigación de estresores marinos-costeros (REMARCO) en Latinoamérica y el Caribe.