El estudio indica que un aumento en la temperatura de las áreas urbanas en las últimas décadas pudo haber motivado cambios en el comportamiento de distintas especies que componen el arbolado urbano, lo cual podría beneficiar o dañar la vida de las plantas según la especie.

El aumento de la población, de la superficie edificada y del consumo de energía generan cambios en el microclima urbano, con un incremento de la temperatura mínima que también afecta a las plantas, explicó Danilo Carnelos, docente de la cátedra de Climatología y Fenología Agrícolas de la Fauba, y principal autor del artículo publicado en la revista científica Agronomía y Ambiente.

Este trabajo sirve para alertar que al modificar los espacios verdes en la ciudad, también se están provocando cambios en el ciclo y en la brotación de estas especies. En algunos árboles puede traducirse en beneficios y en otros casos puede deteriorarlos“, agregó.

El estudio llevado a cabo por Carnelos involucró el relevamiento de 12 especies forestales de diferentes características que crecen en el predio de la Fauba de la Ciudad de Buenos Aires, sobre las cuales se disponían de datos fenológicos históricos tomados por Servicio Meteorológico Nacional (SMN) entre 1947 y 1956. La mayoría de estas especies son exóticas, pero a la vez son muy comunes en el arbolado urbano de CABA, como el jacarandá, el palo borracho, los plátanos, liquidámbar o el acer.

Según los resultados publicados, en la mayor parte de las especies se observó un adelanto de la fecha media de brotación. En casi todos los casos se halló un adelanto de entre 20 días y un mes, mientras que algunas especies, como el tilo y el plátano, se adelantaron en menor medida, entre 1 y 7 días.

El investigador vinculó los resultados de su estudio con los cambios en el clima observados en la actualidad. “Desde 1950 hasta 2018, sobre todo en los meses de brotación (agosto-noviembre), hubo un incremento promedio de la temperatura mínima de 0,03 grados por año. Otros trabajos registraron una reducción de 5,7 horas por año en las horas de frío entre 1911 y 1998. Entonces hay menos disponibilidad de frío para las especies que lo requieren. Por otro lado, al aumentar la temperatura mínima también se alargó el período de crecimiento”, detalló.