Todavía es de noche y el mate cocido y unos panes que sobraron de ayer son el desayuno que elijen los niños de las cuarenta familias que viven en un apéndice de Zapala, el paraje El Salitral. No tienen agua ni gas, pero todos tienen una huerta que los abastece de alimentos. Hace dos años le cortaron el transporte escolar que llevaba los niños a la escuela y desde entonces tienen que caminar 20 km diarios para llegar a ella. 

El Salitral es un paraje a 10 KM de Zapala, en Neuquén, su nombre ya huele a lejano y olvidado, y así está este caserío en donde viven 40 familias que han  elegido quedarse en este parte del mapa neuquino, lejos del centro y del bullucio de Zapala. 

Nos dijeron que se había roto, que esperemos a que lo reparen pero nunca más volvió“, comenta Julia Sandoval al referirse a la ausencia del transporte escolar que le cambió la vida al paraje. Antes al menos todos los alumnos de la escuela podían ir y volver, pero la burocracia y la insensibilidad de los dirigentes no tienen en cuenta a las personas que viven en pequeñas comunidades. Entonces, cada familia se las ingenia como puede para llevar a sus hijos a la escuela. Dos vecinos tienen autos, pero no entran todos, y algunos van a caballo, pero casi todos elijen hacer esos diez kilómetros caminando, cuando el amanecer invernal aún es noche cerrada. A la vuelta, por lo menos acompaña el sol.

Así es como un grupo de niños se cuida entre ellos, los más grandes van primero y marcan el camino. Para llegar a la escuela hay que atravesar la Ruta 40 e internarse campo adentro hasta poder ver la pequeña figura del edificio escolar. No faltan nunca, sólo cuando llueve, que es cuando se hace imposible hacer el camino a pie. 

Pareciera que los castigaran por haber elegido vivir lejos. El invierno es duro en la región, Zapala es una ciudad de 40.000 habitantes en el medio del valle, es una ciudad de casas bajas y pocos edificios donde el viento anda libre y a veces se han registrado ráfagas de 160 KM/H. Pero si en el pueblo es crudo, en El Salitral, en pleno desierto neuquino la realidad es penitente

Los vecinos han reclado al municipio y al Consejo Escolar, pero la situación es siempre la misma. “Nunca conseguimos respuestas“, comenta resignado un vecino. “Cada vez que se va me quedo angustiada hasta que vuelve. No dan los tiempos para volver a casa y después regresar a la escuela”, dice una madre al ver partir a su hija a la escuela. 

Venimos reclamando desde el momento en que el transporte dejó de pasar, haciendo trámites en el Distrito Educativo pero nunca conseguimos que nos trajeran una respuesta. Son todas promesas y mientras tanto nuestros hijos tienen que sufrir el frío, el viento y la lluvia”, expresa Criseldo Jara, uno de los habitantes más viejos del Paraje.

Hace unas semanas atrás el otoño se presentó con muchas lluvias y los niños tuvieron que perder veinte días de clases. A ningún maestro le importó, sí a los chicos, que marchan todos los días con muchas ganas de continuar sus estudios. “Perdieron unos 20 días de clases, todos están muy angustiados porque tienen miedo de repetir“, comenta Carolina Lezana, madre de una alumna. 

Todo es difícíl para estas cuarenta familias de El Salitral, cada una tiene una perforación y el agua llega desde las entrañas de la tierra, es lo único que les permite seguir allí. Tienen poco, pero a la vez mucho. Sus vegetales y frutas las cosechan ellos. La independencia alimentaria es algo que los enorgullece, pero están preocupados por la salud

Los médicos no quieren venir porque no hay un espacio adecuado. Tienen razón pero no es nuestra culpa”, contaron los vecinos. “Hace poco, de madrugada, un chico se descompuso y la madre tuvo que salir caminando a buscar ayuda. Por suerte pasaba un vecino en un auto y me acercó hasta Zapala” 
 
Los días pasan y estas urgencias no se atienden. No son prioridad para gobernantes, son pocos votos en El Salitral. “Ahora nos dicen que después de las vacaciones de invierno nos darán un transporte”, es la nueva promesa. Pero pocos la creen.