Iba a titular esta nota “Una temporada excepcional”, pero el adjetivo no honra la verdad, ya que últimamente el Río de la Plata otorga meses y meses de una brillante pesca de pejerreyes. Y en el 2011 ratificó esta increíble población de peces tan cerca del conglomerado urbano más grande de nuestro país.
Ya por abril comenzaron los primeros piques en la zona sur cuando los cardúmenes ingresaron del mar por Magdalena, casi siempre el primer pesquero que da aviso. Luego, los guías de La Plata encontraron los primeros cardúmenes, en algunos casos con larguísimas navegaciones hasta costa uruguaya o la boya del barco hundido Hillstone. Después, el pejerrey se desparramó por todo el estuario y desde los lugares donde hay mayor cantidad de salidas de lanchas particulares o de baquianos, la zona norte del Gran Buenos Aires, se buscaban dos sitios clásicos: las aguas abiertas de Playa Honda, donde picaban los ejemplares más grandes, o las cercanías a la costa del Delta, como La Depresión, donde había ejemplares de hasta 35 centímetros para entretenerse sin navegar mucho. En este sentido, el único inconveniente que enfrentaron los aficionados era el viento, en sus extremos: cuando sopló fuerte, especialmente en contra de la corriente natural, es decir, del sur o sudeste, complicó muchísimo o hasta evitó arribar a los mejores puntos de concentración; por el otro lado, cuando escaseó, el agua marrón se planchó y, como gran consumidor de oxígeno, el metabolismo del pejerrey lo llevó a una quietud tal que se cortó el pique. Hubo varios días en que sucedieron ambas cosas para desconcierto, especialmente de los novatos.
Donde no hubo mayormente cambios es en la técnica, pues prevaleció, por lejos, el garete, usando para los días de viento una o dos anclas de capa. Algunos prefirieron cebar el lugar para concentrar a los peces y otros, procurando no atraer a tantos de los más pequeños, dejaron a un lado esta acción. La mejor carnada fue la clásica mojarra grande y se usaron anzuelos de buen tamaño (1/0, 2/0) para que solo se clavaran los ejemplares de gran porte.
Casi siempre se pescó a larga distancia, lo que obligó a usar boyas grandes y, en algunos casos, con el aditamento de una pequeña boya tramposa que ayudara a garantizar la captura, especialmente en caso de pescadores de vista más reducida o cuando el viento y las olas generaban estorbos en la tensión de la línea para una buena clavada.

Sin rivales. Indudablemente fue otro año en el que el Río de la Plata se llevó los méritos de “mejor sitio para pescar los grandes”. Muchas excursiones volvieron con una decena o más de pescados que superaban el kilo, lo que en ninguna laguna de la provincia de Buenos Aires, mar, ni lago de las zonas serranas fue factible.
Quedó así borrada una de las preocupaciones que tenían los fanáticos de esta especie el verano pasado: que la gran cantidad de dorados que pueblan esta agua hicieran estragos con la población de pejerreyes. No fue así, aunque sobran las narraciones de salidas en las que sacaron dorados de hasta dos y tres kilos con las líneas clásicas de cuatro y cinco boyas.
Quizá, aunque no hay un estudio que sobrepase lo empírico, la gran cantidad de dorados haya mermado la pesca de pejerrey en los ríos del Delta. Aunque se pescó muy bien desde Concepción del Uruguay al sur, y lo mismo desde Rosario aguas abajo, no hubo tantos grandes como en temporadas pasadas en los dos ríos principales que abrazan estas islas. Repito: esto lo digo basado en experiencias propias y de amigos. Quizá a algún lector le haya sucedido lo contrario, y acepto su vivencia como tal.
Aprovechando el auge de la citada especie dorada, hubo varios que prefirieron colocarle a su tradicional caña telescópica de cuatro metros un reel rotativo chico. Es un buen intento, pero habría que confirmar con los fabricantes de cañas si las que se preparan para la pesca de pejerrey tienen la misma resistencia o potencia en todo su perímetro como para ser usadas al revés cuando se usa un reel rotativo, es decir, con los pasahílos hacia arriba en lugar de hacia abajo como ocurre cuando se trabaja con un pequeño frontal. Quizá con el peso del pejerrey no sea tan problemático.
Otro aspecto para destacar es el inicio de algunos servicios de pesca más jerarquizados. Tuve la oportunidad de atender algunos requerimientos de turistas extranjeros, norteamericanos para ser más preciso, que querían pescar pejerreyes y apenas disponían de unas horas en Buenos Aires. Buena noticia: normalmente no gustan de este pez y esta pesca de espera. Y encontré guías que ofrecen embarcaciones con cabina para navegar con menos frío, o cocinan a bordo el mismo pescado que capturan, y hablan inglés. Avances de la mano de la gran cantidad y calidad de “flechas de plata” que permiten disfrutar un raro privilegio a nivel mundial: pescar bien a un paso del centro de la capital nacional