San Francisco, localidad del este cordobés, se suma a la tendencia de construcción sustentable. Según informó Infogei una pareja y sus dos hijos planifican su casa a partir de containers. La iniciativa fue impulsada por el muchacho, quien ocasionalemente se hospedó en un hotel creado a partir de dos containers en Potrero de los Funes, en San Luis, por lo que decidió que su casa propia también llevaría ese estilo.

Ya instalados los containers, el futuro hogar sobre el barrio municipal Brisas del Sur llama la atención a muchos lugareños. Lo que hoy parece una estructura portuaria, en breve será una vivienda de dos plantas, con tres habitaciones, una de ellas con vestidor y baño en suite, según explicó Monti Bruno, arquitecta del proyecto. Sobre las etapas de construcción, mencionó “hoy los contenedores están posicionados como cajas herméticas pero el próximo paso es abrirlas y conectarlas. Luego, habrá que condicionar los contenedores en materia climática”.

La familia prevé que la casa esté lista para el año próximo pero reconoce que la cuestión económica retrasa el proyecto. “El problema es el dinero porque nuestra casa no es apta para un crédito hipotecario. No tenemos posibilidades más que juntar dinero, ahorrar y ponerlo en la casa”.

Por otra parte, en Quebracho Herrado, un pueblo cercano a San Francisco, una familia construye la primera casa de adobe del lugar, y revela cómo la bioconstrucción de a poco va ganando terreno en lo que respecta a las nuevas tendencias en viviendas. La obra, revive un oficio casi olvidado y para sus titulares, Carolina, Gustavo Morero (33) y la pequeña Magalí representa además una forma de vida.

El joven, ingeniero agrónomo de profesión, se radicó en el lugar hace tres años, bajo la iniciativa de desarrollar una granja agroecológica, combinando saberes ancestrales y contemporáneos. Desde entonces se dedica a la producción de alimentos sanos, sustentables y con la ventaja de que el consumidor conoce su origen.

Carolina llegó al pueblo cuando “Capocha” ya tenía su emprendimiento en marcha. La unión de ambos fue el motor para otro proyecto: la casa de adobe. “La bioconstrucción tiene siempre un porqué, un cómo, un dónde. Busqué mucha información. He sido autodidacta, mucho prueba y error”, graficó Morero a La voz sobre el proceso de levantar su propia casa con las manos llenas de tierra colorada, paja y agua.