Por Matilde Moyano

En una semana con el foco puesto en el repudio global al racismo y la brutalidad policial tras el asesinato del afroestadounidense George Floyd en Minneapolis, nuestro país tiene mucho que mirar también para adentro.

El racismo y la discriminación continúan sucediendo principalmente hacia poblaciones vulnerables como lo son las comunidades originarias. Lamentablemente en sintonía con los acontecimientos internacionales, en la provincia de Chaco integrantes de la comunidad Qom sufrieron por estos días la violencia de la policía, que golpeó, torturó y abusó de cuatro jóvenes de la localidad de Fontana.

Compartimos a continuación una nota de Revista Cítrica, el medio que dio a conocer esta situación días atrás:

Por Pablo Bruetman

Ayer a la mañana la policía volvió a mi casa. Daiana, mi hija, estaba en crisis. ¿Qué tenían que venir a hacer acá? No sé qué dijeron porque hablaron con mi hermana, pero sé que pidieron que no dijeramos que las habían violado. Pero mi hija y mi vecina fueron abusadas, les manosearon sus partes íntimas”.

La Policía de la Comisaría Tercera de Fontana (provincia de Chaco) entró en las casas de Elsa Fernández y de su padre el sábado 30 de mayo a la noche. Y se llevó detenidos a su hija Daiana, su hijo Cristian, su sobrino Alejandro y su vecina Rebecca. Y los torturó toda la noche en la Comisaría. Después de eso, el lunes a la mañana, la Policía volvió a amenazar e intimidar. “No solo acá, los policías están intimidando a mis vecinos. Quieren acusarme de escuchar fuerte la radio por las noches pero la verdad que no tengo radio, solo tengo una tele que me prestó mi hija por la cuarentena”, explicó Elsa a Revista Cítrica mientras su hijo, su sobrino y su vecina realizaban la denuncia en la Fiscalía. La única detenida que no se acercó a hacer la denuncia es su hija Daiana. No puede ir. “No puede ni moverse. No puede comer, la golpearon mucho, le pisaron la boca y el estómago. Ni siquiera se puede acostar porque tiene las costillas inflamadas”.

Para justificar su accionar, los policías acusaron a las personas detenidas de arrojar objetos contundentes a la comisaría. Sin embargo, Elsa explica que “esa es la peor mentira, la comisaría está intacta, no tiene golpes ni ladrillazos. Si pasan ven que no tiene nada, todo limpio. La verdad que no sé porque los policías accionan de esa manera, pero siempre son así. A los originarios nos discriminan. Siempre hay enfrentamientos los viernes y sábados. Y en cuarentena peor”.

Al menos después de la trascendencia nacional que tomó el video del accionar policial, los efectivos involucrados fueron apartados por decisión de la ministra de Seguridad de Chaco, Gloria Salazar y el gobernador Jorge Capitanich. El Órgano de Control Institucional (OCI) de la Policía y la Fiscalía de Derechos Humanos el Órgano de Control Institucional (OCI) de la Policía y la Fiscalía de Derechos Humanos intervinieron “exigiendo la correspondiente investigación al personal que intervino en el operativo y realizando la investigación judicial para que sean juzgados penalmente”. Pero no será fácil juzgarlos cuando amenazaron e intimidaron a todos los vecinos para que no atestiguen en su contra.

Elsa no logra entender por qué la policía actúa con tanta maldad pero sí sabe con precisión qué pasó en la noche del sábado. Vio y sufrió la violencia en su domicilio. Y sus hijos le contaron lo que pasó después en la comisaría, donde los torturaron sin respiro.“Cristian es changarín en el mercado frutihortícola y tenía que ir a trabajar a las tres de la mañana. Estaba en la casa de mi papá y le sonó la alarma y entró la policía y lo pateó, le pegó y lo sacó de la casa. Igual que hicieron en mi casa con mi sobrino. A mí me maltrataron no solo físicamente, también me insultaban: ‘A ver correte, india de mierda’, me decían y después el jefe a cargo del operativo me pegó con la pistola reglamentaria en la sien. ‘Así hay que tratarlos a estos indios’, se felicitaban los oficiales”.

“Ahora tuvimos que avisarle al patrón que Cristian no va a ir a trabajar por 15 días porque quedó muy golpeado”, se lamenta Elsa porque el trabajo de Cristian es el principal ingreso en su casa. “Los policías sabían que trabajaba porque mi hijo tenía el permiso entonces le golpearon mucho en la cadera para que no pudiera caminar y no pudiera trabajar, porque para ellos los originarios no tienen que trabajar. Mi hijo con 20 años era el que traía el sustento para toda mi familia. Yo tengo solo la asignación y no me alcanza. También le golpearon toda su mano y él tiene una discapacidad en la mano, podría cobrar una pensión pero dice que no la necesita, me dice ‘Mami no necesito una pensión, mientras pueda trabajar voy a trabajar’”.

El permiso a Cristian se lo devolvieron todo lleno de sangre. La casa de Elsa es muy humilde. Tiene seis hijos, los mayores pusieron unos ladrillos y una parrilla de madera para no dormir en el suelo, y ella duerme en su cama con los tres más chicos. Ahora se pregunta cómo harán para no pasar hambre hasta que Cristian pueda volver a trabajar. Al menos ayer y hoy la Municipalidad de Fontana le acercó mercadería.

”Mami me tiraron alcohol y me trataron como indio infectado, de todo nos decían, nos pegaban, y decían que así hay que tratar a estos indios infectados”, le contó Daiana a su madre Elsa. También le dijo que a ella y a Rebecca les tocaron todo el cuerpo, que las manosearon. Daiana empieza a hablar y llora. Y no puede contar mucho más. Sus abusadores fueron hasta su casa a decirle que no la habían abusado. Que el abuso no fue tan grave porque no la violaron.