Científicos reconocidos en la investigación de los efectos y beneficios de las distintas sustancias que se obtienen de la planta Cannabis sativa y el llamado sistema endocannabinoide (receptores en las neuronas para estas sustancias que también se generan naturalmente) participaron del encuentro LatinoameriCANNA 17, la primera conferencia internacional que se realizó en la región.

La Dra Silvia Kochen, investigadora principal del CONICET en la Unidad Ejecutora de Estudios en Neurociencias y Sistemas Complejos (ENYS, CONICET-PBA-UNAJ) y que además trabaja en los hospitales Ramos Mejía y El Cruce, disertó sobre la experiencia del cannabis medicinal en el tratamiento de pacientes con epilepsia.

También hizo un repaso por la historia del cannabis medicinal en el mundo hasta llegar a su despenalización en Argentina, que sucedió en marzo de este año y se reglamentó en septiembre pasado. Se remontó al 2700 a.C., cuando desde la tradición oral ya se hablaba de los beneficios sanadores del cannabis. “En la literatura china, en escritos de los sumerios, y luego Heródoto, en el 440 a.C., se nombraba al cannabis como sanador a través de baños de vapor”, dijo.

Fue en 1840 cuando se introdujo la marihuana medicinal en la medicina occidental. “En 1931 –continuó- se crea en Estados Unidos la Oficina Federal de Narcóticos, que prohibió el uso de la marihuana. En el siglo pasado, la despenalización se inicia en los 90. En 1990 se descubren los receptores cannabinoides, en 1992 el sistema endocannabinoide y en 1996, California es el primer estado que legaliza el uso del cannabis medicinal”. Ya en el siglo XXI, entre 2000 y 2017, veintinueve estados legalizan la marihuana en Estado Unidos, y en 2015, se despenaliza en Uruguay.

En Argentina, hace dos años un grupo de madres y padres comenzó a estudiar los efectos del cannabis medicinal en el tratamiento de la epilepsia, y ellos fueron los que se acercaron con la inquietud a mi consultorio y a los de otros investigadores y médicos que se involucraron con el tema, y luego lo trasladaron a los despachos de diputados y senadores, para que se aprobara la legislación por unanimidad”, comentó. “Este camino recién empieza: la reglamentación aún es insuficiente porque deja puntos oscuros, temas como el autocultivo, pero también tiene puntos revolucionarios, como que la provisión del cannabis medicinal deberá ser gratuito y producido por laboratorios nacionales”. También se refirió al crecimiento exponencial de los papers sobre cannabis medicinal y las búsquedas en Google: “En 43 segundos aparecen 15 millones de resultados del tema”.

En otro tramo de la charla, Kochen, que representa al CONICET en el Consejo Consultivo de la flamante legislación argentina de cannabis medicinal, aclaró que hablar solo sobre aceite de cannabis como forma de suministro es una restricción injustificada, y nombró diferentes formas de usarlo: por vía oral, inhalándolo, en cremas dérmicas. Resaltó también que no existe una dosis letal de cannabis medicinal.

Luego se enfocó en el uso del cannabis en epilepsia, una enfermedad que afecta a uno de cada 200 habitantes. “Tenemos veinte drogas que se utilizan para la epilepsia pero el treinta por ciento de los pacientes siguen sin tener cura”. Se remontó a la ley 25404 de 2001, que aseguró el acceso a la medicación en pacientes por epilepsia y de la cual ella fue una de sus autoras. Como tratamiento, indicó que los pacientes hoy usan cirugía, dieta cetogénica, algunos otras medicinas y el cannabis. Sobre este último, explicó que en 2016 se realizaron los primeros ensayos clínicos, y que en 2017, se realizaron los primeros ensayos dirigidos a formas de epilepsia muy severas. En una población de 120 niños, más del 43 por ciento tuvo reducción del 50 por ciento de las crisis, y menos del 5 por ciento no tuvo más crisis epilépticas.

Luego, Kochen se refirió a un trabajo suyo que está en vías de publicación: un estudio observacional abierto, en adultos con epilepsia refractaria y cannabis como tratamiento. La investigadora del CONICET reclutó a 92 pacientes, de una edad media de 28 años, incluyendo a 58 pacientes que tenían un seguimiento mínimo de 6 meses. La mitad de la muestra utilizó cannabis importado y la otra mitad, local. El primer efecto adverso observado por Kochen fue la somnolencia. “La respuesta fue una disminución del 19,5% en el tratamiento –dijo-, y siete pacientes quedaron absolutamente libres de crisis”. Mejoraron, en este sentido, el contacto con el medio, con el sueño y con el apetito. La conclusión fue que el uso de cannabis en el tratamiento de la epilepsia es promisorio: 2/3 de las crisis se vieron reducidas y siete se libraron de las crisis.

El congreso fue organizado por la Universidad Hebrea de Jerusalem, y de cuyo comité científico participa Marcelo Rubinstein, investigador superior del Consejo en el Instituto de Investigaciones en Ingeniería Genética y Biología Molecular “Dr. Héctor N. Torres” (INGEBI-CONICET).