Por Sonia Renison. Redactora Especial a cargo de Viajes y Turismo.

El “campus” tantas veces visto en las miniseries y películas estadounidenses se representa en vivo y en directo cuando uno pisa suelo puntano y llega por una ruta perfecta hasta la Universidad de La Punta. El dato curioso es que cualquier persona que transite por aquí, si ingresa al lugar, puede solicitar en el rectorado una guía turística que lo lleve por todos los edificios de esta casa de estudios y le cuente detalles de la carrera y del alumnado.

Mientras uno transita por cada edificio de esta universidad hay un detalle imperdible en los tachos de residuos y es que son tres, acorde con los tiempos que corren de clasificacio?n. Pero hay un tema convocante que anuncia la gui?a: el papel que se utiliza en el ejecutivo provincial, en la Mutual de los Empleados del Estado de San Luis y de la misma universidad se recicla en un taller montado dentro de este predio. Alla? vamos.

Dentro del taller, en el sector hu?medo, Susana Barberis relata el paso a paso de la fabricacio?n de “pasta”. Entran las resmas de papel usado, se corta en pedazos, se ponen en “remojo” durante 24 horas y al di?a siguiente se lo licu?a, en licuadoras gigantes que lo convierten en “pulpa”. Esa masa acuosa se la mete en una batea con mucha agua y se mezcla. A simple vista, la batea (un recipiente de unos 20 centi?metros de profundidad, de forma rectangular) parece contener so?lo agua coloreada. Pero no. Tiene esta “pasta”.

Alli? se sumerge el molde del taman?o de la hoja de papel que queremos fabricar y un marco que va sobre el molde. Se levanta con cuidado portando esta “pulpa” en el molde, al cual se lo extrae del interior de la batea, mantenie?ndolo siempre en forma horizontal para no derramar esta pulpa. Al mismo tiempo, se ejercen unos suaves movimientos en cruz para que escurra el excedente de li?quido. Luego se retira el marco y se desmolda la hoja sobre un pan?o absorbente. Se arma una pila de pan?os absorbentes intercalados con la hoja de papel recie?n hecho. Hasta cierto nu?mero de hojas, se las ubica en una prensa que al ajustarla se logra con la fuerza que imprime escurrir ma?s agua hasta dejar la pila de “hojas frescas”, apenas hu?meda. Al final se deja secar cada hoja. Una vez secas, estas mismas hojas de papel reciclado, intercaladas con un carto?n bien liso, son pasadas otra vez por la prensa, que funciona como una plancha.

Susana tiene un relato perfecto para atraer la atencio?n de todo un grupo de espectadores que le siguen cada movimiento en las cubetas, con el papel, con el agua y el secado. Los colores se logran con anilinas, dice. Esta? acostumbrada a recibir nin?os de escuelas y visitantes que siguen el “paso a paso”. Sus compan?eras, Fa?tima Albornoz y Cintia Morcon, muestran el trabajo para lograr moldear un buen papel.

En el taller contiguo se le imprime el toque de disen?o, Porque hay papeles lisos con semillas secas y pe?talos an?adidos en forma irregular o casi como resultado de un disen?o industrial. Hay papeles que se parecen a cuadros arti?sticos. Al fin de cuentas, es un arte esto de elaborar papel artesanal.

El taller seco se encarga de disen?ar y fabricar con esas hojas de papel artesanal diferente productos. Sobres, anotadores y blocks de diferentes taman?os y combinaciones de color. Hasta las bolsas de papel son confeccionadas aqui?. Hay entusiasmo en el equipo: muestran los colores obtenidos y los disen?os logrados. El coordinador, Vi?ctor Riquelme, extiende una factura por la compra de unos anotadores de papel reciclado. Todo legal. El ciclo productivo esta? completo.