En la Puna no se ven vacas. Se ven llamas.

El hombre habla tranquilo. Cuenta que la vida del pastor es una vida sacrificada. Se levanta a las 7 de la mañana y después de un buen desayuno, sale al campo. A la tropa de llamas no hay que perderla de vista porque hay muchos leones (pumas). Al mediodía almuerza rodeado de montañas algo como un pedazo de charqui (carne secada al sol).

 

En la Puna el viento y el sol se hacen sentir y para el cansancio y la altura, lo mejor es ir coqueando.

 

A los animales hay que sacarlos todos los días al campo a comer, en especial cuando llueve y aparecen pastos lindos. Aunque en la Puna no llueve casi nunca: por algo es un desierto.

 

Su compañero inseparable es un perro al que le enseñó a arrear. Entre los dos, mantienen a la tropa unida, sin que se desparrame. A eso de las 7 de la tarde, pastor, perro y tropa vuelven para las casas.

 

En la vega (oasis) hay que cuidar que ningún animal se caiga al río. La tropa pasa la noche encerrada en un corral de piedras, cuando la temperatura llega a bajar más de 30 grados.

Tomás “Torito” Morales (48) es pastor desde que nació. Cuando -muy de vez en cuando- baja a la ciudad, extraña la querencia y vuelve rápido. Después de un rato, repite que la vida del pastor es sacrificada…Pero linda. Además, por suerte, hace poco llovió en la zona y hay verde, hay vida.

 

Morales es uno de los ganaderos que participa de la Feria de la Puna en Antofagasta de la Sierra, Catamarca. Tiene su estancia en Las Juntas y con los hermanos crían 120 llamas. Morales obtuvo con uno de sus ejemplares el premio al Gran Campeón Macho.

Aunque la cría de llamas es una actividad milenaria y ancestral en la región, hasta hace poco tiempo, estaba mal vista. Para dar una idea, “llamero” era un insulto común que se usaba para decir que una persona tenía relaciones sexuales con los animales. Hoy, gracias al encuentro de dos culturas, en la que técnicos y pastores trabajaron en conjunto, se valora la importancia estratégica que la cría posee en los sistemas productivos de subsitencia de campesinos que habitan el altiplano argentino. Sin dudas, el Congreso Mundial de Camélidos que se llevó a cabo en 2006 en Santamaría, Catamarca, mostró que la actividad está muy bien vista en el mundo, incentivando a nuevos pastores. 

Las llamas dan fibra y dan carnes ricas en proteínas. La ganadería camélida mejora la vida de sus criadores, ya que se encuentra adaptada a las difíciles condiciones del altiplano desde hace más de 4 mil años.

 

En condiciones de puna, los camélidos requieren de 6 a 7kg de forraje seco para producir 1 kg de carne, tardando 2 años en alcanzar un peso de 70 a 100 kgs. Como referencia, el ovino requiere de 10 a 12 kg de forraje seco por kilo de carne y tarda 2 años para alcanzar un peso de 30kg.

 

Por si fuera poco, el hábito de los camélidos sudamericanos domésticos no afecta la persistencia de la pradera ya que “ramonea” los macollos sin afectar las partes basales, donde se acumulan las sustancias de reserva. Gracias a esto, las plantas soportan el invierno (con temperaturas de 20 grados bajo cero) y brotan en la primavera siguiente, proveyendo forraje y además fijando el suelo evitando su voladura.

 

En Catamarca se crían cerca de 30 mil llamas y en toda Argentina unas 200 mil. Bienvenidos a uno de los lugares más alucinantes del mundo. Bienvenidos a la Puna de Antofagasta de la Sierra, tierra de ganaderos de altura.