La llegada a Comandante Andresito, luego de bordear el río Iguazú y entrar por la ruta al pueblo, charlando con productores de tabaco y gentes que caminan por sus calles rojas desbordadas de espesura verde, se transforma en una experiencia sensorial cuando este Corredor de la Selva se sumerge en el Cabure-í Lodge. Una tranquera que convoca a la selva. La huella termina ahí nomás donde el verde es más espeso y se comporta como impenetrable cuando el atardecer se apaga. Una recepción construida en madera, con asientos del mismo material, tallados con gubias y hachas invitan a registrarse con tranquilidad mientras acercan unas bebidas típicas. Todo por acá, en el ecolodge es simple y tan sólo un deck separa el interior del exterior, o sea de la exuberancia vegetal.
Uno de los senderos se dirige hacia el porche cubierto por una galería y hace de ingreso al centro de servicios, tipo club house. Hay luces tenues y movimiento. Dentro, en la cocina, Angélica Romualdo cocina y Daiana Noelia Silva ayuda. Sonríen, porque cada una tiene su labor en el pueblo, pero cuando hay huéspedes despliegan su oficio entre la preparación de exquisiteces y logran que los huéspedes sientan que están en la selva pero con la comodidad de la buena hotelería. Mientras las jóvenes ponen a punto todo para la cena y el desayuno, son el guía Mario Juan Lapchuk y el guardaparques Gabriel Capuzzi quienes cuentan las actividades a desarrollar en la jornada siguiente. Entre las opciones hay un sendero “autoguiado” de 1.600 metros por donde se descubren perlas en la selva, en esta porción de verde protegido a modo de reserva natural en manos de la cooperativa Selva Adentro.
El esmero y la dedicación del equipo de trabajo tiene su objetivo bien definido y es el de brindar una alternativa a los viajeros que llegan atraídos por las Cataratas del Iguazú y buscan naturaleza virgen. Están a sólo 70 kilómetros de esta maravilla natural. 
EMPLEO ALTERNATIVO. Proyecto Cabure-í es un ejemplo de trabajo entre las instituciones de distintos niveles: internacional (JICA), nacional (APN), provincial (Ministerio de Ecología) municipal (municipalidad de Andresito) y comunidad local (Cooperativa de Ecoturismo Selva Adentro), para lograr una integración entre el sector público y el privado que representa la cooperativa formada por habitantes de Andresito. Todos se capacitaron para brindar servicios de calidad en gastronomía, choferes, guías, mucamas, mozos, con el fin de participar del ciclo económico del turismo y lograr un desarrollo sustentable que genere un empleo alternativo a la producción de yerba mate, tabaco o ganadería, como se trabaja en esta parte del norte de Misiones.
Para descubrir los secretos que tiene en su corazón el ecolodge, tan sólo caminar por el sendero llevará, entre otras perlas, a conocer una parte sorprendente: los helechos arborescentes. “Es como un paisaje de la prehistoria”, acota el guía Mario Lapchuk, quien además de organizar travesías naúticas y trekking, tiene con su familia una finca que produce yerba mate y ha vivido siempre junto a la selva. Uno descree de los comentarios sobre la prehistoria y sin embargo, cuando la selva comienza a cerrarse, la mirada corre desde el suelo hacia el cielo para advertir estos helechos gigantes. Son tan altos como un árbol y su copa en forma de paraguas abierto es algo diferente a todas las plantas que se observan aquí. Es un pequeño bosque de helechos inmensos. Al final, en la selva todo es tamaño baño.