Por Leandro Vesco / Fuente: El Periodista de Tres Arroyos

Con 26 años María Fernanda Carrera es una vieja loba de mar. Tiene a su mando un barco de 160 metros de largo que transporta cargas peligrosas y estuvo casi un año sin tocar tierra, a bordo de una nave boyera que deja combustible en alta mar y que por su porte no puede anclar en ningún puerto. La historia de esta mujer de Tres Arroyos es única e increíble.

“Me dedico a navegar, estoy a cargo de la guardia de navegación y las operaciones de carga y descarga del barco, y además tengo tareas específicas relacionadas con la seguridad y la protección del medio ambiente, y la formación y entrenamiento de los tripulantes.” Así, sencilla y casi tímida, María Fernanda explica su duro trabajo en un universo casi reservado a los hombres. Pasa 45 días en alta mar y 45 días en tierra. Formada en la Escuela Nacional de Náutica Manuel Belgrano, dependiente de la Armada Argentina, es una de las pocas pilotos en el mundo.

Tiene a cargo a 23 tripulantes. En el barco no están permitidos pasajeros, debido al peligro que conlleva operar con hidrocarburos y químicos, su recorrido la lleva desde Campana a San Lorenzo y de allí a La Plata y Bahía Blanca. “Vivimos prácticamente en el barco. Me despierto a las cuatro de la mañana y muchas veces termino de trabajar a las nueve de la noche, aunque a veces tengo tiempo libre para hacer gimnasio, ver películas. En el barco tenemos las mismas cosas que en una casa”.

Confiesa que siempre le gustó navegar y el mar, el mundo de los astilleros. Era claro su predestino marino. “Pero muchas veces es difícil, porque por lo general nunca estoy para las fiestas o los cumpleaños”.

Asociados los barcos a hombres rudos, con rasgos pétreos forjados por la sal y las tempestades, María Fernanda asegura que la “figura de la mujer es respetada. Pero la convivencia se hace complicada, sobre todo porque hay gente de todas las edades y regiones y en el barco hay un sistema vertical. Hay roces, la gente pasa mucho tiempo en el mar, pocas veces hay señal para comunicarse con la familia y eso suele alterar un poco”.

Su experiencia de trabajo en el boyero la hace más inmune a la soledad de altamar. “A veces la incomunicación con tierra es total. En el boyero estuvimos casi un año sin pisar tierra” se trata de un barco enorme de 230 metros de largo que operaba para YPF y que trabaja en instalaciones offshore que están en el medio del mar.

El mar exige entrega y dedicación. “Es difícil tener novio. La vida en el mar es muy dura y pasado los 35 muchos se van, a pesar de que la demanda laboral es altísima. Pero tengo compañeros que logran hacer una familia”, reconoce esta mujer que es todo un ejemplo de temple. “Lo más feo son las tormentas, el barco se mueve, la gente se pone mal, he visto llorar a hombres grandes, que quieren irse a sus casas en el medio del mar. Hemos pasado grandes tormentas, navegando sin control, para capear el temporal”.

Firme y sin dudar, asegura que cuando está en tierra busca el mar. María Fernanda Carrera sabe lo que quiere y se permite soñar. “Espero llegar a ser Capitán, hay que juntar días navegados, no es difícil, es cuestión de tiempo”.