Por Federico Guerra
Fotos Archivo El Federal

El lema de Monteros es “fortaleza del folclore”. En esa frase está la llave con la que se guarda con recelo ese tesoro llamado tradición, uno de los cuales es la confección de randas, pues esta ciudad fundada en 1754, ubicada a 50 kilómetros al Sur de San Miguel de Tucumán es el único lugar del mundo donde se práctica este tejido con pasado en los conquistadores y presente en talleres y festivales exclusivos de esta ciudad.

Beatriz Assad, directora de Turismo de Monteros, describe a la randa como “una exquisita y delicada artesanía –que proviene del alemán ‘rand’– de hilos entretejidos en un bastidor. Su realización es un trabajo paciente, delicado y hábil heredado cual fuese un tesoro”.

Estas pequeñas obras de arte tejidas, soy hoy un símbolo de identidad de esta ciudad–. Fueron introducidas en esta zona tucumana por los conquistadores españoles en las cercanías de lo que hoy se conoce como El Cercado, en el departamento de Monteros. Las randas eran, por entonces, piezas de exportación a diferentes puntos de país “con distinguida aceptación y ostentosa cotización”, según explica Assad.

Mariana Aragón, antropóloga y socióloga de la Universidad Nacional de La Plata, ha dedicado gran parte de sus horas al estudio de las randas. “Esta artesanía funciona como un reservorio colectivo de identidad. La randa es parte del patrimonio cultural de la ciudad”, dice. “Estas puntillas –amplía Aragón– eran realizadas por las damas castellanas de la época. Y lo destacable es que hoy las randeras realizan sus confecciones igual que hace 500 años cuando con estos entretejidos se decoraban casas y vestidos de fiesta marcando una clara distinción en las clases sociales.”

Como otra muestra para apuntalar el arte que resiste al olvido, el historiador monterizo Tulio Santiago Otonello sumó su pluma en la búsqueda de la génesis de este arte y en el libro “La randa. Una artesanía tucumana” concluye que no tiene raíz española sino en los Países Bajos y Alemania. “Se pagaba muy bien en la colonia. Una pieza de randas valía 20 pesos en comparación a un anillo de oro que costaba 17”, compara Tulio en ese trabajo. 

El secreto de la trama
           
Si bien para Francisca, una de las tantas randeras de Monteros, el ingrediente secreto “es mucha paciencia y la vocación de ir despacio”, este artístico tejido de punto entramado con agujas y delgados hilos –macramé– anudados con pericia comienza a realizarse en una guía cuyo diámetro regula el tamaño de la maya o punto. El tejido básico se complementa estirando la malla en un bastidor de madera o de alambre. Primariamente se lo hacía con espinas de quimil y luego con pajitas de escoba. Este paso consta de tres etapas: tejer la malla o trama, tejer la puntilla y luego unir estas dos para finalmente colocar en el bastidor y bordar.
Los bastidores son de madera o alambre y de tamaños muy variados, hay algunos de hasta 1,80 de diámetro.

El tejido se realiza con hilo de coser. Así la randera inicia su labor con diferentes puntos: arroz, cadena, anís, lluvia simple o lluvia doble. Los motivos son básicamente con formas naturalistas como hojas, mariposas o pájaros, así como motivos geométricos tipo arabescos. Una vez terminado el bordado se lava la randa y se la almidona con apresto para que se endurezca el tejido. Esta destreza permite realizar puntillas, cuellos, carpetas para mesa, capelinas y  pulseras.

Hay quienes, además, optan por confeccionar con esta técnica “cazadores de sueños” o “atrapasueños” que, según la leyenda indígena, debe colgarse dentro de la casa ya que los buenos sueños conocen el camino y pasan a través de la red, y los malos se quedan atrapados allí y desaparecen con las primeras horas del día, cuando se van deslizando por las plumas. Estos tejidos tucumanos están en casas holandesas, japonesas, alemanas, austríacas, belgas, inglesas o norteamericanas.

Corazones alegres

Agustina Sosa –una de las profesoras junto a Isabel Sosa y Rosario Ávila– remarca que los talleres municipales que ellas dictan son clave para no perder la tradición de las randeras. Dice que estas artesanías, antes de la llegada de estos encuentros, “sólo se transmitían de generación en generación. En mi caso mi mamá, abuelas y bisabuelas eran expertas en este tipo de tejidos; pero si no hay quienes transmitan estos saberes corremos el riesgo que se nos pierda la tradición. Por suerte con estas reuniones semanales ya esto no nos va a ocurrir”.
 
Victoria Figueroa, una entusiasta alumna, cuenta que las piezas medianas llevan más de un mes de confección: “Estoy preparando un chal con la técnica de la randa en el que vengo trabajando hace casi treinta días”. La sonrisa de cada aprendiz se suma al mate, al calor de la siesta tucumana y al lema de la madre Teresa de Calcuta que supervisa en un cuadro desde lo alto de la sala: “Un corazón alegre es el resultado inevitable de un corazón que arde de amor”. Y allí, inevitablemente, la alegría contagia al alma.

Un poema para las randeras

“Pálida tez, suave y fina / boca a reír preparada; / húmedos labios… y en todo, / dulzor de sabrosa caña… / dulzores de ella fluyendo / en cadenciosa palabra, / si hablaba, sencilla y buena, / la randera tucumana. Entre las manos ligeras / pasaba, sutil, la malla… / La aguja, en ella, al antojo / bordaba cosas soñadas…  / y luego, piadosa y triste, / con randa altares ornaba / -para que el novio volviera- /la randera tucumana (…)”, escribió la poetisa Amalia Prebisch de Piossek, en su “La Randera Tucumana”.

La randa es una fiesta

Cada año se realiza en Monteros la feria de artesanías. Allí las randeras muestran su arte único. A la fiesta llegan visitantes de todo el Norte que se deleitan con un arte clásico y lleno de historia. En este tradicional encuentro, que reúne además a diversos productor regionales del NOA, se demuestran labores culturales de diversos puntos del país. Desde el municipio se trabaja para que la historia de este arte sea presente y futuro en la región.

Esto mediante charlas y talleres brindados por las antiguas randeras de la zona. “La enseñanza de este arte en el municipio es gratis y trasciende fronteras”, dice la directora de Turismo comunal, pues ya han recibido desde Canadá y Estados Unidos pedidos para recibir educación a distancia sobre las técnicas para tejer randas. “Por esto es que daremos una solución práctica e inmediata. Estamos filmando videos que subiremos a la Web con los pasos a seguir para que desde cualquier lugar del mundo puedan seguir los consejos”, dice Assad.

En la actualidad, unas 60 randeras ofrecen sus trabajos en todas las exposiciones artesanales del país, que ya es la insignia de la ciudad. “Esta artesanía es un orgullo para Monteros. Con estos entretejidos agasajamos a las autoridades o personalidades que nos visitan”, cuenta la encargada de Turismo de Monteros.

Hoy la randa es parte de la cultura más íntima de Tucumán. Es la carta de presentación del acervo monterizo y es, también, leyenda: no se conocen antecedentes con respecto a los motivos por los cuales este tramado artesanal casi haya desaparecido del continente americano, pero se haya arraigado como un amor perpetuo en el alma de Monteros.

Más Información: www.monteros.gov.ar