Por Leandro Vesco – Fuente Jornada Online

Las ruinas de las antiguas minas de Paramillo, están ubicadas a unos 24 kilómetros del poblado de Uspallata, sobre la margen norte de la ruta provincial 52, que une las Termas de Villavicencio y el antiguo hotel del mismo nombre. Estas minas son consideradas la primera explotación minera de la República Argentina, y una de las más antiguas e importantes de lo que fue el Virreinato del Río de La Plata, hasta las últimas acciones, bien avanzado el siglo XX. Hoy son redescubiertas con un circuito turístico que invita a la aventura de caminar por un lugar en donde el tiempo se detuvo y la presencia de algunos fantasmas alimenta el mito de sitio misterioso.

Los misioneros jesuitas descubrieron, en 1614, el potencial de estos cerros y hasta el Ejercito de Los Andes se abasteció forjando con sus metales las armas libertadoras. De los restos de las instalaciones mineras que hoy se erigen fantasmales –es por eso que es conocida como la Ciudad Fantasma de Paramillos-, el escritor Jorge Sosa, explica: “Las comenzaron  a operar los Jesuitas allá por el siglo XVII. Ellos y después los españoles usaron para la terrible mano de obra que implicaba la tarea muchos nativos huarpes del asentamiento de Uspallata y cuando escasearon, llevaron a cientos de las Lagunas de Guanacache. Por entonces se extraía oro, plata y zinc. Las condiciones de labor eran terribles y muchos, la mayoría, de los huarpes murieron, se trataba de jóvenes desgastados por el sacrificio. Dicen los lugareños que en noches calmas, se pueden escuchar los lamentos de aquellos nativos que murieron en la mina. Yo los he escuchado, pero tuve una explicación para nada mítica: los búhos que pueblan todo el lugar”.

Hoy las ruinas que se conservan corresponden a la obra realizada en 1889, durante la administración del ingeniero Avé Lallemant. Se pueden ver restos de lo que fuera el campamento, la planta de concentración, las piletas en donde se lavaba el material, en inclusive los roídos hornos, donde se fundía el material. Entre 1908 y 1913, el Dr. Villanueva, miembro de una aristocrática familia mendocina, adquirió la mina. Bajo su gestión como gobernador de Mendoza, se profundizaron los túneles para explotar las vetas minerales; trabajos que fueron abandonados en la década de 1940.

Volviendo a los mitos que encierra el lugar hay dos nombres propios que no escaparon en suerte su paso por Paramillos, uno es el del famoso Gaucho Cubillos, para algunos un ladron y cuatrero para otros una especie de Robin Hood de nuestras tierras. En las ruinas de las minas de Paramillos de Uspallata, fue alcanzado y muerto por la policía Juan Francisco Cubillos en las cercanías de los antiguos corrales, un crucifijo metálico y múltiples flores de plástico y ofrendas, recuerdan el lugar. El sitio es oratorio en donde llegan fieles demandando su mediación de ayuda.

Otro curioso caso es el de El Timoteo, un bandido del litoral que había buscado refugio trabajando en las minas, la policía sabia de su existencia pero lo dejaron en paz por su buen comportamiento. Un buen día una sucedió el asesinato de un minero, y todas las miradas cayeron sobre el pobre Timoteo, que nada tenia que ver en ese asunto. Dice la leyenda que la policía lo fue a buscar y él se sumergió en los tuneles de la mina. Los uniformados sellaron las posibles salidas y el sujeto nuca volvió a salir. Aquí nace otro mito, se dice que el ánima de Timoteo aún camina por los oscuros túneles de la mina.

Hoy las mimas pueden ser visitadas, hay distintas empresas que ofrecen la posibilidad de practicar lo que llaman turismo minero, con divertidas opciones para disfrutar de lo mítico y pintoresco del lugar. Las minas de Paramillos son la puerta a una historia de lucha, misterios y mitos.

Información:

Minas de Paramillos SA – info@minasdeparamillos.com – 0261 4259000