Aunque durante el invierno en la naturaleza casi todo se aletarga, en la huerta se pueden continuar cultivando varias especies, como alcaucil, espinaca, zanahoria, radicheta, como ejemplo, pero también se puede ordenar los nuevos espacios del terreno para implantar nuevas especies y preparar el terreno para cultivarlas. Luego de elegir el mejor lugar en su predio para instalar la huerta y de dotarla de las construcciones e instalaciones básicas, del mobiliario y de la nivelación del terreno, es necesario preparar el suelo para comenzar a incorporar los cultivos y producir los plantines, para después llevarlos al lugar definitivo de crecimiento y desarrollo.
Si luego del agregado de enmiendas físicas y químicas para mejorar el sustrato aparecen malezas, erradíquelas ni bien comienzan a desarrollar mediante carpidas frecuentes. No utilice herbicidas, pues resultan además agresivos contaminantes ambientales. Elimine hormigueros con sebos tóxicos o con granos de arroz partido depositados cerca de los caminos por donde se desplazan las hormigas. Nunca los coloque sobre ellos ni en la boca del hormiguero, pues no los acarrearan, y controle insectos del suelo, como el gusano blanco, el gusano alambre y el grillo topo.
En el mercado existe gran cantidad de insecticidas para controlarlos, pero los menos agresivos para los animales de sangre caliente son los compuestos a base de sulfato de nicotina o de piretrinas naturales o sintéticas, u otros de origen orgánico que usted mismo puede preparar. Una vez erradicados los insectos y las malezas, roture y empareje la superficie con una tabla y marque los canteros con la azada. Antes de comenzar a preparar los canteros, planifique su huerta de acuerdo con las especies que querrá cultivar, según sus preferencias de consumo y de las personas de su familia. Haga una lista de esas especies y trate de conseguir en el mercado los mejores comercios proveedores y las semillas u órganos reproductivos de muy buena calidad, pues en gran parte este aspecto condicionará el éxito y calidad: la cosecha. Los canteros deben tener un ancho mínimo de 0,70 m y uno máximo de 1 m, ya que de este modo se podrá trabajar sobre él con total comodidad, sin estirarse demasiado para llegar al centro. El largo dependerá del espacio que disponga.

Variantes. Puede realizar canteros elevados sobre la rasante del suelo o directamente sobre la superficie sin elevarlos. Al nivelarlos, trate que queden perfectamente horizontales, para evitar que el agua de lluvia provoque erosiones al escurrir en una dirección y además evitara que se acumule agua en las partes mas bajas del terreno. Marque luego los surcos distanciados cada uno de ellos de acuerdo con el espacio que necesita cada especie para su desarrollo. En general las distancias entre surcos se estiman como mínimo entre 15 a 30 cm uno del otro. Por ejemplo: 15 cm de distancia para la radicheta y 30 cm para lechuga, pero para el cardo o el alcaucil la distancia entre surcos es mas del doble.
Muchas especies se implantan mediante siembra de asiento, como exigen la acelga, apio, chaucha, choclo, espinaca, lechuga, nabo, nabiza, pepino, perejil, radicheta, rabanito, remolacha, zanahoria, zapallito y zapallo. En el momento de la siembra disponga las semillas cada 3 a 4 cm una de otra, y al germinar ralee las plantas, dejándolas a una distancia de 20 a 30 cm una de otra. Otras especies, como la berenjena, brócoli, cebolla, coliflor, hinojo, pimiento, puerro, repollo y tomate exigen la siembra en almácigo y su posterior trasplante a los surcos. Para ello disponga de terrinas o de un cantero preparado para este fin. Siembre a chorrillo en surcos o al voleo y cuando las plantitas tengan entre 10 a 15 cm de altura trasplántelas. En el momento del trasplante riegue hasta que se forme un barro sobre el surco para que al extraer los plantines las raíces estén recubiertas y protegidas por ese barro y no se sequen.
Tenga presente que hacia el fin de la primavera y en verano puede comenzar a implantar y cultivar en su huerta acelga, apio, brócoli, coliflor, choclo, escarola, hinojo, lechuga, melón, nabo, pepino, perejil, puerro, radicheta, rabanito, repollo, remolacha, sandía, tomate, zapallito y zapallo. Si adquiere las semillas en comercios especializados, recuerde que las semillas están tratadas con fungicidas y, en algunos casos, con insecticidas, para evitar que durante el almacenamiento se deterioren por el ataque de hongos y de insectos.
Al abrir los envases y tomar las semillas para la siembra, utilice guantes descartables y no permita que los niños tengan acceso a ellas. Si no siembra inmediatamente luego de la compra, guárdelas en sitios frescos, secos y sombríos. Algunas especies no necesitan los cuidados que se le prodigan en las terrinas y almácigos para germinar y para establecerse en el lugar definitivo de plantación, y además no soportan los repiques y los transplantes.
Para estas especies, como arveja, pepino y zapallo, se implantan sus semillas directamente en el lugar definitivo. En el lugar que ocupara cada planta se hace un pequeño hoyo con la ayuda de un palito plantador y se colocan dos semillas, por las dudas que una de ellas no germine. La profundidad de siembra es de dos veces el diámetro menor de la semilla, que se estimará a ojo. Luego se cubre con tierra, compactándola suavemente. Una vez que las plantas han emergido se ralearán las que sean débiles, enfermas o estén muy apretadas con otras. Al crecer aparecen sobre la superficie las hojas cotiledonares que tienen la apariencia de hojas verdaderas pero son los cotiledones que aún le aportan a la planta sus nutrientes.