La ambición inmobiliaria no se fija en recursos naturales ni el patrimonio intangible. En el sitio en donde ahora se está levantando un barrio desde haca años la gente viene encontrando cerámicas, huesos y numerosos elementos que datan de 2300 años hasta la época colonial. Incluso se encontró el “arranque” de un largo muro que sería parte de la estancia jesuítica del siglo XVII, donde se empezó a escribir la historia de Tupungato y del Valle de Uco.

Este sitio fundacional está en el distrito tupungatino de La Arboleda. El equipo de arqueólogos que lo ha “caminado” destaca el alto potencial científico del área y los aportes que podría hacer al rescate de la prehistoria de Mendoza. Cuando se hicieron los primeros descubrimientos al sitio lo declararon “libre de plantaciones y de construcciones”. 

Pero ahora esto cambió. La desidia estatal por los temas patrimoniales, las irregularidades dominiales que abundan en la zona y el fuerte desarrollo inmobiliario que vivencia el Valle de Uco llevaron a que esta hectárea histórica se loteara. Hoy algunos propietarios ya construyen o proyectan sus viviendas sobre un terreno que guarda siglos y siglos de historia local. 

Estas doce familias no supieron, hasta hace poco, el fuerte valor patrimonial de los terrenos que habían adquirido. Con un barrio en puertas, el desafío actual es poder continuar la investigación sin afectar los intereses particulares, que en algunos casos se traduce al sueño de la casa propia. 

Existe el deseo científico, pero no la voluntad de avasallar a nadie. Esto debe ser un proceso abierto y concensuado”, expuso Roberto Bárcena, quien dirige los estudios del Conicet y la UNCuyo. El especialista señaló que ha concertado realizar en abril sondeos en una de las propiedades, para con los “hallazgos” en mano convencer al resto de la importancia de proteger entre todos este tesoro escondido.

Este yacimiento arqueológico se extiende a lo largo de una hectárea en el bello distrito de La Arboleda, a pocos kilómetros del centro de Tupungato. Allí, frente a la escuela Lindor Castillo, un monolito recuerda la fundación del departamento, que data del 8 de noviembre de 1858.

Sin embargo, los estudios más recientes demostraron que al lugar le queda aún mucha historia por contar. Más que la escrita por historiadores, como Dionisio Chaca, que ya hablaban de la ocupación de estas tierras por parte de comunidades originarias y luego la instalación allí de la estancia de Jesús, María y José de Uco, creada por la Compañía de Jesús a principios del siglo XVII y hasta su expulsión en la segunda mitad del siglo XVIII.

Quizá uno de los descubrimientos más interesantes es “el de una estructura bien conservada y de unos diez metros de extensión, conformada por piedras escogidas, asentadas con mortero de barro, que conformarían el cimiento de un muro de características coloniales”, señala Bárcena. “Tenemos razones de más para creer que podríamos hallar más remanentes de la infraestructura jesuítica”, confió.

Sin embargo, a la ilusión de los investigadores se contraresta el olvido de las autoridades al lotear el predio. No hubo advertencias ni en el ámbito local ni en el provincial. Consultados los concejales del departamento,  sostienen que el tema ni siquiera se trató como una preocupación en el recinto.  A nivel municipal, la falta de controles y planificación en el registro y uso dominial del lugar sumó para ocultar el problema. Muchos hablan de que este silencio no hubiera sido algo casual, a juzgar por los dividendos que obtuvieron quienes apostaron por vender estas tierras que guardan un tesoro histórico.