En el Mercado del Norte varias verdulerías tienen el mismo cartel: se vende choclo rallado. Una maravilla para quienes quieren hacer su propia humita sin sangrarse los dedos. Pero, ¿cómo lo rallan para vender kilos y kilos por día? Con ingenio popular, que los llevó a inventar una máquina ralladora a partir del motor de un lavarropas. Es un electrodoméstico que no existe en las revistas, pero que, de estar, sería un éxito en estas tierras.

“Teníamos la idea de comenzar a vender el choclo rallado, sobre todo en esta época de Semana Santa. Pero hacerlo manualmente es imposible por el tiempo que lleva. Entonces, hablando con un mecánico amigo, le encontramos la vuelta. Él me dijo que le consiguiera un motor de lavarropas y que él haría el resto”, cuenta orgulloso Ramón Ojeda, que tiene un puesto sobre la avenida central del Mercado desde hace 20 años. Él se siente coautor de este invento que se ha replicado en varios negocios del principal punto de provisión del microcentro tucumano.

Un motor de lavarropas en desuso (o uno nuevo), una correa de goma, un protector plástico para no salpicar tanto y un una placa de acero inoxidable agujereada con filo son los componentes de esta máquina de la felicidad. “La armamos hace unos tres años y ahora todos los que venden choclo rallado la tienen. Es que ya casi no se vende el choclo si no es así, la gente ya está acostumbrada”, contó Ojeda y dijo además que el mecánico está entregando alrededor de una máquina por mes. Cuesta cerca de $2.000 entre materiales y mano de obra.

Fuente: La Gaceta