El trabajo de Lucas Gheco se focaliza en el análisis de las complejas historias de confección y transformaciones de las paredes y techos pintados y grabados de la tumba. “Esta tumba fue elaborada hace casi 3500 años, pero las paredes no sólo contienen los motivos de ese primer momento “inaugural” sino que son las depositarias de una extensa historia cuyas últimas marcas no tienen más de algunas décadas”.

Oriundo de Santa Fe capital, este arqueólogo del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET) forma parte de una misión conjunta entre investigadores de Argentina y Brasil, en cooperación con el Ministerio de Antigüedades egipcio en Lúxor, Antigua Tebas, donde se encuentran en ejecución las tareas de excavación y documentación de una tumba de la antigua necrópolis tebana. Dicha tumba perteneció a Amenemhat, un escriba, supervisor de graneros y contador de panes que vivió durante el reinado de Tutmosis III, gobernador de Egipto entre c. 1479 a 1425 a. C.

El proyecto, dirigido por la Dra. Bernarda Marconetto, investigadora independiente del CONICET en el Instituto de Antropología de Córdoba (IDACOR, CONICET-UNC) y el Dr. José Pellini de la Universidad Federal de Minas Gerais, plantea una mirada decolonial de la arqueología egipcia que trascienda el énfasis en el período faraónico para incluir la totalidad de los episodios de reutilización de la tumba hasta la actualidad.

Gheco señala que: “A partir de la observación detallada de pequeñas superposiciones entre las figuras, de las técnicas de confección utilizadas, de las diferencias estilísticas entre los motivos, entre otros indicios, podemos desentrañar esa compleja “historia en la pared” y así conocer cada uno de los episodios que la formaron y modificaron. Si bien aún estamos en pleno trabajo de campo, hasta el momento existen algunos elementos para comenzar a pensar en dos momentos de pintado distintos realizados durante el período faraónico y un momento de ocupación relativamente moderno de la tumba por las poblaciones locales que viven en la necrópolis tebana desde hace siglos. También existen algunos indicios en las paredes que pueden vincularse a otros episodios, aunque esto deberá explorarse mejor en los próximos años”.

Me invitaron a Egipto para aplicar una metodología que hemos usado y perfeccionado para el estudio del arte rupestre prehispánico de la sierra de El Alto-Ancasti, en el este de Catamarca. Allí, junto con un extenso equipo de investigadores y estudiantes pertenecientes a distintas instituciones como el CONICET, la UNCa, la UNSAM y la UNC exploramos las historias de uso, producción y modificaciones de las cuevas con pinturas rupestres”, afirma Gheco.

Y agrega: “A partir de la combinación de un meticuloso análisis visual de las paredes, de la excavación estratigráfica de los sedimentos del suelo de las cuevas y del análisis químico de pequeñas muestras de las pinturas, pudimos reconocer allí un extenso proceso histórico de ocupaciones de los abrigos y transformaciones en los frisos pétreos. Y es esta metodología lo que intentamos trasladar a Egipto, aunque por el momento sólo limitada al análisis visual de las paredes. Creemos que esta perspectiva de análisis nos aproxima a una visión del pasado en donde se expresa la complejidad de la historia, sus matices, cambios, tensiones”.

Fuente: CONICET