Por Leandro Vesco

El gobierno de la ciudad de Buenos Aires tardó 15 meses en tomar una decisión que todo el Partido de General Villegas imploraba: que se corten las rutas para que el agua pueda escurrir y dar un poco de respiro a las poblaciones que están inundadas. En el noroeste, Coronel Charlone debe sufrir las consecuencias de la desidia: el pueblo se transformó en una isla, con todos los caminos cortados.

“Todos sabíamos que además de las lluvias, venían aguas desde provincias vecinas.Todos sabíamos que había que abrir.Todos sabíamos que se podía.Pregunto a las autoridades provinciales: Era necesario esperar hasta que el agua nos causara tanto daño?”, se cuestiono en su cuenta de Facebook, Horacio Lorenzo, un abogado de Villegas que se ha convertido en un defensor de los pequeños pueblos y principal crítico por la manera en la que se ha tomado la inundación en su Distrito. En una charla que teníamos con él hace unas semanas nos advertía que las rutas constituían canales que no dejaban escurrir el agua en los campos, más bajos. De esta forma durante 15 meses se eligió inundar los pueblos antes que salvarlos. Ahora, la solución llega tarde cuando todo se ha perdido, y muchos de los habitantes de los pueblos del interior de General Villegas debieron optar por abandonar sus casas y su tierra e irse a vivir a La Pampa o a Córdoba, abandonando sus raíces.

Entre todos estos pueblos que fueron sometidos a una inundación que pudo haberse evitado, está Coronel Charlone, en el noroeste del Distrito, con 1500 habitantes, las vias de entrada y salida al pueblo están bajo un mar de agua dulce. “Con la ruta más directa que lleva a Córdoba bloqueada por el agua, un viaje que en condiciones normales es de 12 kilómetros se transforma en otro de 240. Por eso muchos de los que trabajan en Córdoba decidieron quedarse allá, igual que los estudiantes que cursan en las universidades de Villa María o Río Cuarto“, detalla el periodista local Martín Urricelqui en el diario Actualidad. “El agua todavía no llegó al casco urbano, sin embargo toda la zona aledaña está bajo el agua, lo que comprometió el 70% de la producción”.

“La principal producción de Charlone es la soja, el trigo y el maíz. Se estima que el 70% de lo sembrado se perdió por las lluvias, pero también se puede perder el resto, porque el anegamiento de los caminos no permite sacar la producción que se salvó” El agua ha dejado al pueblo convertido en una isla. “Se quiere hacer entender que el problema es que llueve mucho. Pero en realidad la cuestión es que en 30 años no se han hecho las obras que deberían haberse realizado”, aclara Horacio Lorenzo y nos cuenta el origen del problema: “En el año 1985 se creó el “Comité de la Región Hidrica del Noroeste de la Llanura Pampeana”, que incluyó a las provincias de Buenos Aires, Córdoba, San Luis, La Pampa y Santa Fe. Entre todos acordaron hacer obras para canalizar sus cursos de agua para ayudar a los cauces a llegar a la cuenca del Salado para que de esta manera salga al océano. Todas las provincias cumplieron, menos Buenos Aires. Por lo tanto, no estamos preparados para recibir toda el agua que nos llega del norte y del sur. Además, hay que sumarle el creciente cambio climático. Pero la política se olvida y entonces vemos lo mismo de siempre: hacen obras cuando hay agua, que es el momento en donde no hay que hacerlas.

Con una fuerte centralización, la ciudad cabecera del Distrito acapara todos las actividades civiles, comerciales y servicios, por lo tanto los habitantes de los pueblos afectados no tienen la posibilidad de tener asistencia, por ejemplo, sanitaria de calidad. Los médicos no pueden llegar a las poblaciones inundadasCoronel Charlone, Emilio Bunge, Santa Eleodora, Santa Regina, Villa Saboya, Cañada Seca, Banderaló, Elordi, Villa Sauze y Piedritas, constituyen las localidades del interior del Partido, todas están inundadas. “El Gobierno Municipal está vinculado directamente con las necesidades y demandas de la comunidad, y debe desempeñar un rol clave en el mejoramiento de la calidad de vida de sus habitantes. La Administración Pública de General Villegas, centralizada históricamente en la ciudad cabecera, ha generado un desarrollo urbano y social desequilibrado en el territorio, con notable inequidad para las localidades del interior del Partido”, sostiene Lorenzo.

Luego de 15 meses, finalmente llegó la solución que todos pedían: la rotura de la ruta para que el agua pueda seguir su curso natural a los canales que la lleven hasta la cuenca del Salado para su posterior liberación a las aguas del Río de La Plata. Personal de Defensa Civil, Bomberos Voluntarios de General Villegas y Vialidad Provincial procedió a la rotura y colocación de alcantarillas en diferentes tramos de la ruta 226 y 188. Mientra tanto, en todo este tiempo sucedió algo que pudo haberse evitado: el despoblamiento. Los pueblos, víctimas de las malas políticas, pierden habitantes, cierran escuelas y así es como se comienza a terminar la historia de una comunidad. El Estado es el principal responsable.