El segundo sorbo, sintió un calor intenso. Tomó el mate con la izquierda y una gota se hizo mancha luminosa en la palma de su mano.
– Hay que curar otro mate Prosperina… Este se anda despidiendo. Tome un alfiler, grábele la fecha  y lo guarda en la repisa de los mates, así se queda entre nosotros y no anda ventilando los secretos.
– Doña Potola, mire que es vueltera… – reclamó la Sra. República-. Sólo a usted se le puede ocurrir que los mates pueden andar contando intimidades de su dueño.
– Es cuestión de saberlo interrogar señora. En cada rezongo, a mi al menos, se me hace que me quiere hablar y me resisto. Con Prosperina me alcanza.
– Cuándo no se iban a acordar de mí -dijo la cebadora recorriendo la calabaza y buscando la huella que abrieron los años.
– Caminemos, doña. Ando con ganas de ver los cultivos después de la lluvia.
– Menos mal que me aclaró el motivo. Cada vez que me invita a caminar no le digo que me asusto, pero algo de temor le tengo a la charla que se viene.
– Señora, no me diga que los pasos largos y tranquilos no invitan a que fluyan los pensamientos y la charla sea mas distendida. Para empezar, nobleza obliga, debo felicitar a la Sra. Presidenta por el triunfo holgado. Se lo ha ganado y  creo que lo ha hecho sola con sus hijos cerca, su vestidito negro y frente al micrófono recordando el camino que le trazara su compañero.-
– ¿Por qué dice “sola” doña? ¿No piensa que un equipo la acompaña?
– Señora, creo que a más de uno lo debiera poner en penitencia, pues o son lelos o malintencionados, ya que no controlan lo que tienen que controlar y le llevan un problema a cada rato.
– Tiene razón doña. Si se tira un problema en las intrigas palaciegas tienen que medir las consecuencias y saber que eso afecta a su jefa, aunque está visto que los problemas que estallan por malos manejos administrativos no parecen afectar la intención de votos si
nos atenemos a los resultados.
– Señora, me encanta su castellano diplomático para citar a lo que vulgarmente la gente llamaría enriquecimiento ilícito “coimas y negociados”. Que si bien se pasan por alto durante un tiempo, pareciera que ese voto de confianza tiene fecha de vencimiento como los plazos fijos. Acuérdese de Menem y de cómo de un día para otro, alguien engrasó el tobogán y lo mandaron al descenso.
– Pero Doña Potola, hasta en eso tenemos que reconocerle la seducción y el encanto de la sonrisa de nuestra Sra. Presidenta, pues con sólo poner su nombre y su foto en la lista del riojano devaluado ha logrado que lo elijan para un nuevo período en la Cámara de
Senadores. Eso le da una protección de seis años.
– ¿Y después, señora?
– Y después vendrá otro compañero con toda la magia, que también cantará la marchita y veremos cómo sigue la milonga