La gente del campo sabe que, entre las semillas argentinas, la del girasol viene corriendo de atrás.
No importa que sea una de los más tradicionales del país ni una excelente opción entre los cultivos de verano: en los últimos años ha perdido área y protagonismo en manos de la soja.
Una realidad que parecía irreversible, hoy parece encontrar vientos de cambio: durante la última Conferencia Internacional del Girasol, realizada en Mar del Plata entre el 27 de febrero y el 1 de marzo, investigadores científicos revelaron la secuencia completa del mapa genético de la especie, un descubrimiento que abre las puertas para mejorar la salud, el rendimiento y la estabilidad futura de la oleaginosa.
En otras palabras, la llave que llevaría al girasol a recuperar su competitividad perdida.

Amenaza. Muchos consideran que hoy el girasol es un cultivo en peligro, pese a su enorme potencial. Es que, por la calidad de los campos, su principal competidor es la soja. A precios similares por grano, la soja ofrece rindes superiores en kilos por hectárea, con una semilla que el productor puede guardar sin tener que pagar por el uso de una tecnología híbrida. Estos factores, asociados al uso de un glifosato barato, hacen que a priori en muchas zonas la soja sea una mejor alternativa económica para el productor.
Esta realidad provocó, por ejemplo, que una localidad como Carlos Casares, considerada capital nacional del girasol, hoy prácticamente no lo tenga en sus campos. Para encontrarlo, será necesario correrse al oeste de Pehuajó, al Chaco o al sudeste bonaerense, es decir, a todas aquellas zonas en las que, por falta de grupos varietales, por deficiencias hídricas o por riesgo productivo, no hay buen potencial para producir soja. Sólo en esos enclaves reactivos al “oro verde” el girasol sigue siendo competitivo entre los cultivos de verano.
Así las cosas, el girasol se ha ido corriendo en la geografía productiva y hoy tiene su base en el NEA, donde se lo considera prácticamente un cultivo de invierno; conserva una presencia fuerte en el Oeste, y también en el sur bonaerense, donde es un buen competidor de la soja en dólares por hectárea para el productor. En esas zonas vale la pena diversificar riesgos, y los agricultores deciden sembrar los dos cultivos, ya que con el girasol hay un ingreso de dinero anterior a la soja que es una ventaja adicional, y una mejor rotación hacia otros cultivos. Pero en todos los lugares donde los rindes de la soja duplican, o casi, a los del girasol, se hace la primera y no el segundo. Aunque se pierden beneficios de rotación, desde el punto de vista financiero conviene el monocultivo sojero.
Pese a todo, según afirman desde la Asociación Internacional del Girasol (ISA), la campaña pasada fue sensiblemente mejor para la corona áurea.
Rusia y Ucrania son los primeros productores mundiales de girasol. Rusia consume prácticamente todo lo que produce, pero Ucrania es el primer exportador del mundo. Lo sigue la Argentina, con algo más del millón de toneladas de aceite vendidas globalmente. Significa una participación muy importante: la Argentina es muy observada por este aspecto, y por su eficiencia para desarrollar insumos tecnológicos.
Nuestro país es, también, un ejemplo mundial de tecnología en siembra directa. Nuestro rendimiento promedio por hectárea de girasol, 1.700 kilos, es el más alto del planeta. El año pasado tuvimos 2.200 kilos por hectárea, cuando el rendimiento promedio en Rusia y en Ucrania está entre 900 y 1.100 kg/ha. Sólo países como España o Francia igualan los promedios argentinos, gracias a su alta incorporación de tecnología. Este año, los rindes promedio se estiman en 1,9 t/ha.

Valor. En cuanto a las tecnológicas, en nuestro país hay empresas que han trabajado mucho, y muy bien, líneas o híbridos con muy buenos comportamientos, muchos de ellos para territorios externos.
La Argentina es, hoy por hoy, un gran exportador de tecnología. Líneas o híbridos, bajo distintas formas: concesiones, licencias, pagos de royalties, etcétera.
Eso el mundo lo sabe, y sobre todo la corporación girasolera. Es la razón por la cual la conferencia de Mar del Plata prácticamente duplicó en número de asistentes a la anterior, que se realizó en España en 2008.
La Ciudad Feliz recibió la semana pasada nada menos que a 600 jugadores clave del negocio internacional del girasol, que no dudaron en acercarse pese a la enorme distancia que nos separa de la mayoría de los países productores.
Desde 2009, que fue un año de sequía y también la campaña históricamente más baja desde la llegada de los híbridos a la agricultura argentina, el girasol tras tocar un piso de 1,4 millón de hectáreas vino creciendo constantemente, a una tasa no explosiva pero recuperando un lugar de importancia en la agricultura argentina. La presente campaña ronda 1,9 millón de hectáreas sembradas.
“Nuestras perspectivas para los próximos años es de moderado crecimiento, hasta llegar en pocos años más un horizonte de, al menos, 2,4 millones de hectáreas, que son las que creemos el girasol debe tener en el país”, pronostica Archibaldo Salvador, gerente de Girasol Latinoamérica Sur, de Syngenta.
El girasol tributa un 30 por ciento de retenciones a las exportaciones agrícolas. Es un aporte importante que genera pingües divisas para el país, sobre todo si tenemos en cuenta que la Asociación Argentina del Girasol (Asagir) planteó para el año 2015 alcanzar las 2,5 millones de hectáreas para el girasol (a 2 toneladas de rinde por hectárea, estaríamos hablando de 5 Mt).
Para el año 2020, en las metas del plan estratégico de la Asociación figuran 3 millones de hectáreas y 6 Mt, objetivo que también fue tomado por el Gobierno para elaborar el Plan Estratégico Agroalimentario (PEA).

Sequía. Con esta campaña, podemos decir que el girasol se ha puesto a prueba, sobre todo cuando hablamos del clima. Estas son las campañas que ayudan a comprender cuál es el valor del girasol en la rotación de cultivos de verano. Siempre que hay condiciones adecuadas en la humedad del suelo, el girasol es el que aporta estabilidad y se resiente menos frente a la sequía, y este es un año en el que claramente vemos que el girasol sale mejor parado frente a otros cultivos.
Hay investigaciones muy interesantes que asocian años Niño o Niña con los rendimientos promedio de los cultivos de verano, soja y girasol, con respecto al promedio histórico. El girasol se comporta prácticamente en contra, cruzando las curvas de maíz y de soja. En años de sequía, el girasol mantiene prácticamente el mismo rendimiento que en años más húmedos, mientras que el maíz y la soja son mucho más exigentes en agua. 
Para Carlos Feoli, investigador del INTA Pergamino y representante argentino de la Asociación Internacional del Girasol (acaba de ceder la presidencia del organismo internacional al representante de Turquía, país que será sede de la próxima Conferencia Mundial en 2016), el girasol argentino está en camino. “Hubo un par de tropezones que tuvieron que ver con sequía. No olvidemos que el girasol se siembra en zonas donde los ambientes son adversos y el clima más vulnerable”, recuerda. Y describe: “Allá por 2009 hubo un sacudón grande, y se vino abajo la superficie porque no se pudo sembrar en el NEA (norte de Santa Fe, Chaco, Santiago del Estero), que tiene un potencial enorme de medio millón de hectáreas”.
Feoli asegura que otras zonas muy vulnerables son el sur de La Pampa y el sudoeste de la provincia de Buenos Aires. “Las lluvias marcan un poco el rumbo de cada campaña en esas zonas: si hay agua, el productor siembra girasol, porque es una muy buena opción. Esto hace a la inestabilidad de los rendimientos de la producción argentina, si este medio millón de hectáreas se transforma en 200 mil, en 150 mil o en 400 mil”, justifica. 
Hubo una fuerte recuperación para la última campaña, y  según Feoli el desafío es que la frontera del girasol se retrotraiga. El funcionario explica que el girasol se corrió hacia las zonas menos favorables, “pero sería bueno que, resueltos algunos problemas tecnológicos, avancemos nuevamente hacia el Este y recuperemos protagonismo en las zonas en las que podemos competir”, reflexiona.
Para los actores del sector girasolero, en lo productivo, los grandes objetivos tienen que ver con rindes y estabilidad. Con respecto a los primeros, pareciera que actualmente el girasol está para cosechar entre 4 y 6 mil kilogramos por hectárea.
Sin embargo, lograr esos rendimientos en forma estable, hoy no ocurre: son valores que se alcanzan sólo en forma aislada.
Las causas de la inestabilidad pueden ser la alta susceptibilidad a algún condicionante ambiental como el estrés hídrico, pero fundamentalmente -y esa es la gran preocupación de la comunidad productiva- los problemas de sanidad: la susceptibilidad a las enfermedades en los campos de girasol.
Afirma Feoli: “En la conferencia se acaba de presentar,  entre otros grandes avances, el mejoramiento asistido por marcadores moleculares, que es una forma, mediante biotecnología, de encontrar los llamados ‘traits’ -caracteres- que significan guiar el proceso de mejoramiento genético para lograr un híbrido y alcanzarlo en menos tiempo. Porque al saber adónde anda, uno puede dejar de buscar el cómo y salir a guiar. Es un gran avance, porque va a permitir trabajar sobre caracteres deseables en forma rápida”.

Genoma. El investigador canadiense Loren Rieseberg reveló en el cónclave marplatense su trabajo de secuenciación del genoma del girasol (ver entrevista en página 28). Este proceso permitirá localizar genes de eventos de importancia agronómica y posibilitará numerosos avances en el desarrollo de cultivos de mayor calidad y con mejor adaptabilidad a distintos ambientes.
La definición del genoma girasol implica conocer la intimidad de aquello que define por lo cual un ser vivo tiene ciertas características. Eso está en los genes. Los conjuntos de genes condicionan la expresión de ese ser vivo. Hacen que esa combinación específica sea, por ejemplo, girasol, y no batata, o perro.
Hay diferencias aun dentro de cada planta, y en el caso del girasol, hay algunos caracteres que son de particular importancia. Saber qué los condiciona brinda recursos y herramientas para trabajar en el mejoramiento genético.
¿Cuáles son esos caracteres de interés? “Hay varios, pero a título de ejemplo podemos citar como muy fuerte a la composición acídica”, explica el ex titular de ISA.
La composición acídica es la que hace que un girasol sea con alto contenido de linoleico, que sea convencional (el que usa el ama de casa habitualmente), alto oleico (importante para la industria porque es muy estable y permite frituras prolongadas), alto estiáricos o alto palmíticos (con un porcentaje importante de ácidos grasos saturados, muy utilizados en panificados por su viscosidad), o aceites con bajo contenido de ácidos saturados (están en un 8-9 por ciento, y ahora la ciencia logrará bajarlos a sólo el 3 por ciento en grasas trans, consideradas nocivas para la salud).
A diferencia de otros cultivos, como la soja o el maíz, las semillas de girasol no son transgénicas. ¿La secuenciación del genoma del girasol supone la llegada de los girasoles transgénicos?
Opina Ignacio Conti, gerente de Márketing para el Negocio de semillas de girasol, soja y canola de Dow: “El haber secuenciado el genoma del girasol te permite identificar un montón de cosas que no tienen que ser necesariamente transgénesis. Se pueden encontrar infinidad de genes que activan determinados procesos de la planta del girasol, los cuales se pueden minimizar o maximizar en su expresión dependiendo de si son beneficiosos o no para el rendimiento en granos que produce la planta”.
La transgénesis, por definición, es la inserción de genes que no pertenecen a la especie. La secuenciación del genoma permitirá manipular genéticamente sólo aquellos genes que ya forman parte de la planta del girasol. Permitirá conocer en detalle el potencial de lo que tiene el ADN del girasol, bloquear caracteres negativos y potenciar otros que son positivos, y que hasta hoy eran desconocidos.
Nidera, por su parte, maneja una biotecnología alternativa muy interesante: la mutagénesis. Así la explica Pablo Bergadá, director de Nidera Semillas: “Todos los organismos vivos mutan, por un exceso de frío, o de calor, o por un cambio en las condiciones. Entre todos los patos blancos, sale uno negro, pero sigue siendo un pato. Tiene la misma genética, pero va mutando. La naturaleza genera mutaciones, pero también se ha descubierto cómo uno puede generar mutaciones inducidas, tratando a la semilla con agentes mutantes, y cambiándole su ambiente”.
Según esta receta, se hace, por ejemplo, crecer a la semilla con un determinado herbicida que mata al girasol. “Si de golpe -dice Bergadá- se logró mutar esa semilla, va a nacer, y nacerá con esa resistencia. Pero el programa de mutagénesis requiere trabajar con una gran cantidad de plantas, y mucha paciencia y conocimiento.”
Con una sola semilla que aparezca, se replica, se debe identificar dónde está generada esa mutación, y se hace toda una prueba de concepto para detectar cuándo en su descendencia la resistencia desarrollada se mantendrá estable. “Nos llevó cinco años obtener los híbridos, y siete patentar la tecnología CL Plus”, comenta, orgulloso, el investigador de Nidera, que está desarrollando genes combinados, con distintas resistencias.
Por su parte, Salvador, de Syngenta, cuenta que la estrategia de desarrollo de girasol de su compañía consiste en trabajar sobre tres ejes: sanidad, seguridad de cosecha y rendimiento. “Por eso buscamos obtener mayores resistencias a las enfermedades del girasol en los nuevos híbridos. Una característica importante de nuestro germoplasma en girasol -reivindica- es su estabilidad extrema.”
¿Cómo se puede aumentar la producción en la Argentina? “Si me preguntás, te diría que tenemos que fertilizar más. El girasol es percibido por el productor, en general, como un cultivo de baja inversión, y en algunos casos no se fertiliza como se debiera. Estamos perdiendo algunos kilos de rendimiento por ese tema. También deberíamos manejar mejor las enfermedades de la planta”, aporta Salvador (ver recuadro en página 26).

Mundo. ¿Afectará la crisis mundial al comercio global del girasol?
“Estamos hablando de un alimento de alto valor pero muy popular, que es lo último que se deja de comercializar en un contexto de crisis económica. No es un producto del que se pueda prescindir así nomás”, anticipa, confiado, Feoli, de ISA. Y agrega: “Han empezado a comprar aceite países con economías de escala, como China e India. Son economías que están creciendo, y eso explica la demanda sostenida”.
¿Qué rol le tocará cumplir a la Argentina? “El 60 por ciento de los híbridos que utilizamos en Rusia son de origen extranjero. Y la Argentina es un país agrícola con excelente nivel de investigación, buenos híbridos y especialistas altamente calificados en tecnologías de cultivo. Eso vinimos a buscar aquí”, sintetiza el doctor en biología Serguey Gontcharov.
Su colega francés Dominique Perret, representante de Euralis Semences -un jugador clave en el comercio de granos en Europa- afirma: “Nosotros seguimos viendo a la Argentina y al Brasil como dos grandes países productores agrícolas, con un enorme potencial, y adelantos biotecnológicos relevantes sin alcanzar la transgénesis”.
Le responde Pablo Ilarregui, gerente de Aceites especiales de Dow: “Con los aceites de grasas saturadas reducidas estamos llegando a niveles del 3-3,5 por ciento por vía no transgénica, lo que nos asegura la posibilidad de tener un producto de alta aceptación en países como los de la Comunidad Económica Europea, que tienen resistencia a los eventos transgénicos para consumo humano, y brindar un aceite que tiene altísima estabilidad y atributos de salud que superan al girasol alto oleico tal como lo conocemos y comercializamos hoy”.
Feoli concluye: “Las señales de mercado nos dicen que la demanda internacional de girasol está creciendo. Nuestro rol debe ser satisfacerla y ponernos a la altura de lo que deben hacer los países productores”. Un logro que hoy, más que nunca, parece posible.