Se trata del quitosano, que se obtiene a partir del tratamiento de exoesqueletos de crustáceos, es biodegradable, no tóxico y tiene numerosas aplicaciones en áreas como la medicina, la biotecnología y en el tratamiento de aguas con alta concentración de arsénico o contaminadas con petróleo.

Integrantes del Departamento de Ingeniería Química de la Facultad de Ingeniería de la Universidad Nacional de La Plata, y del Centro de Investigación y Desarrollo en Criotecnología de Alimentos (CIDCA- UNLP, Conicet, CIC PBA), dirigidos por Noemí Zaritzky, impulsan un proyecto para reducir el impacto ambiental derivado de la actividad industrial.

Los investigadores se proponen optimizar las tecnologías para la obtención de quitina y quitosano a partir de exoesqueletos de crustáceos de la zona de Puerto Madryn de manera que, además de remediar el medio ambiente (los residuos pesqueros son una importante fuente de contaminación), se pueda realizar transferencias al sector industrial.

El quitosano posee la capacidad de aglutinar los sólidos que han sido coagulados y se encuentran suspendidos en el agua y, por su carácter antifúngico, ha sido utilizado para aplicaciones en la agricultura. También es un excelente formador de fibras, películas y membranas, además de que puede ser preparado en forma de microesferas y microcápsulas lo cual, unido a su biocompatibilidad y biodegradabilidad, admite s