Fuente: Télam

Diez científicos puntanos desarrollaron tecnología para tratar efluentes gaseosos y eliminar los compuestos orgánicos volátiles (COVS), con lo que se evitarían enfermedades como el asma, producidas por el smog fotoquímico.

El doctor en ingeniería química que coordina el proyecto, Luis Cadus, manifestó que “cuando una economía comienza a desarrollarse debe resolver sus pasivos ambientales, que es un subsidio que el Estado termina otorgándole a una empresa por no obligarla a limpiar el entorno donde trabaja, ese pasivo termina pagándolo la gente con su salud y entonces el Estado debe invertir más para curarla”.

“El volumen de aire que hay es finito -apuntó-, lo debemos usar todos y lo debemos dejar para que se siga usando; las ciudades cercadas por los parques industriales por las emisiones de los vehículos, las combustiones que se producen cuando se arranca un motor o cuando se carga combustible, produce una emisión de gases contaminantes”.

El investigador aseguró que casi todos los procesos industriales emiten COVS y explicó que “por ejemplo el ‘olor a nuevo’, son compuestos de estas familias muy volátiles que se utilizan en la fabricación de muebles o plásticos que nos resultan muy agradables, pero son nocivos”.

El proyecto se ocupa de las grandes emisiones que se combinan con las partículas que emite la actividad humana, formando un cóctel que se denomina smog fotoquímico y que interrumpe el ciclo natural de degradación de esos compuestos generando otros, peligrosos y responsables de la mayoría de las enfermedades respiratorias.

La tecnología desarrollada en San Luis, es además, muy barata para el mercado internacional, y permite un aire con niveles de estándares similares a los que promueve la agencia de protección ambiental de Estados Unidos (EPA) o la comunidad europea, que son los más rigurosos.

“Los desarrollos tecnológicos internacionales implican el uso de metales preciosos y nosotros trabajamos con metales comunes, pusimos todo el hincapié en el desarrollo químico y físico-químico de ese material, aplicando conceptos de ciencias de los materiales para lograr la misma performance de esos materiales que son muy caros”, aclaró el investigador.

“Para que se pueda producir una nafta se utilizan metales preciosos, que son divisas. Cuando una empresa le vende a YPF esos catalizadores para sus grandes destilerías, a la vez hace un acuerdo de recomprar, porque hay que recuperar esos metales”, explicó.

“El platino cuesta, aproximadamente lo que vale el oro y esos catalizadores son a base de platino. Lo nuestro, es a base de cobre y manganeso, muchísimo mas barato que el oro y esos dos elementos son además, desechables de manera simple y no generan contaminación”.

Ese logro, del equipo de investigadores argentinos, permitió que la mayor multinacional que vende catalizadores en el mundo, comercialice el producto en su catálogo, porque “no lo pudimos proteger en su momento” debido a que cuando lo publicaron, no se había rearmado la oficina de patentes de la Comisión Nacional de Ciencia y Tecnología (Conicet).

El grupo de científicos confeccionó, además, un manual completo de transferencia, una patente, publicaciones, tesis y por intercambio con otras universidades argentinas, lograron definir la figura jurídica que debe regir a una empresa con base tecnológica. Poseen además un estudio de mercado actualizado y lograron la firma de un convenio con una empresa privada a la que le están proveyendo un reactor, con la expectativa de generar una unidad productiva con base tecnológica mixta.

Finalmente Cadus indicó que en las ciudades “el surgimiento de edificios y torres con espacios abiertos entre ellas, generan climas locales, vientos y turbulencias que están afectadas por todas las pequeñas emisiones de las unidades de producción como tintorerías, rotiserías, talleres de chapa y pintura; por lo que necesitamos una convivencia civilizada donde un acuerdo Estado-Comunidad priorice el desarrollo tecnológico, como reaseguro de la calidad de vida”.