Los muchos compromisos de pesca no nos permiten estar en todos los lugares. Pero, afortunadamente, tenemos grandes amigos que nos ayudan en esta hermosa tarea de contarle a cada uno de ustedes las diversas situaciones de pesca en todo el país. Si bien la revista tiene su cuna en Buenos Aires es, como su título lo indica, bien federal, y la sección de pesca se monta en ese privilegio. En esta nota, por caso, Pablo Bofill nos narra su experiencia de cierre de temporada de truchas en la provincia de Neuquén.

EN EL NEUQUEN. El final de la temporada de salmónidos en la Patagonia siempre se aguarda con ejemplares de buen tamaño. Contra esa esperanza se encuentra el siempre imprevisible clima que, esta vez, pretendió jugarles una mala pasada.
El avión los depositó en la capital neuquina, donde alquilaron un auto para moverse con comodidad por ríos, arroyos y lagos cercanos a Junín de los Andes, donde habían dispuesto su cabecera de playa. Lamentablemente, un frente frío se ciñó sobre toda el área causando hasta una nevada adelantada que complicó el calendario bien organizado que llevaban desde Buenos Aires.
La primera parte del viaje sufría, entonces, suspensiones y cambios de planes, semejantes a los que luego ocasionó la nube de ceniza procedente del volcán Puyehue. Pese al tiempo, realizaron algunas caminatas por las veras de los ríos, ya que hay varios espacios públicos aprovechando la ley de camino de sirga que obliga a los propietarios de las estancias a dejar un espacio en las márgenes para el desplazamiento de las personas.
Sin embargo, fue dura la caminata y hasta imposible de wwwificar con fotos debido a la lluvia y aguanieve. No obstante, no se achicó y el último día, cuando el fuerte y frío viento escampó, se hizo una escapada al río Limay, siempre meta codiciada hacia los últimos días de la temporada.

AL AGUA. El río Limay nace en el lago Nahuel Huapi. Su embocadura es famosa por las grandes truchas, aunque, como acceso público, se encuentra bastante “tiroteada” y eso la hace aún más apetecible por los que buscan desafíos. Luego, este magno curso trepa hacia el nordeste hasta juntarse con el Neuquén, frente a la capital provincial, y formar el río Negro camino al océano Atlántico.
En el tramo en que divide y une a las provincias de Río Negro y Neuquén se encuentran varias presas que por momentos lo transforman en lago. Muy cerca de Piedra del Aguila, a unos veinte kilómetros, Pablo se embarcó en el paraje conocido como Lo de Martínez. Utilizaron los servicios de guías locales en balsa, artefacto acuático que no tiene motor y es controlado con remos. Para ello es de destacar la habilidad de los baquianos que deben frenar la deriva originada por la fuerte correntada de un río tan caudaloso, a la vez que tienen que acercar a los pescadores a los puntos de posible pique.
La balsa puede usarse de dos formas: para arrimarse a los pesqueros y luego bajar y pescar vadeando, o para lanzar directamente desde la embarcación. Eso depende casi exclusivamente de la altura del río. En este caso, el Limay estaba en su nivel más bajo. Para muchos guías y aficionados es sinónimo de mala pesca, aunque para Pablo resulta mejor por la posibilidad de acercarse a sectores donde, con el río desbordado, es totalmente imposible hacerlo.
La bajada fue tranquila y con piques de truchas en varios sectores hasta la Boca Toma, donde un vehículo con trailer fue a buscarlos a la caída de la tarde. Sólo se detuvieron un rato al mediodía a comer unos sándwiches para no perder ni tiempo ni ritmo.
Toda esta franja del río es conocida como Zona 3, unos dos mil metros aguas arriba de la represa de Pichi Picún Leufú. Los pescadores solamente pescaron con mosca utilizando cañas siete y nueve con líneas de hundimiento cuatro extrarrápido. Reforzaron los equipos debido al fuerte viento que los obligó también a usar shootings. El Limay tiene en esta zona entre cien y trescientos metros de ancho con este caudal, sin barrancas que protejan del viento, por lo que este desempeña un papel fundamental en el día de pesca. El piso es de piedra bola, en general, con algunos pocos sectores de lajas y otros de barro.
Consiguieron buenas truchas arco iris y algunas marrones que toman coloración plateada al ascender por el río. Usaron moscas clásicas como Matuka verde oliva, Wooly Bugger número ocho, Rabbit número dos color negro. Se lanza en forma perpendicular a la costa. La trucha puede tomar no bien cae el engaño al agua, pero, y en este caso es mucho más común, cuando se tensa la línea y comienza a derivar y queda aguas abajo de la embarcación. Para recogerla dan pequeños tirones de unos treinta centímetros, donde también muchas veces toman los salmónidos.
Pese a las adversidades del clima, el cierre puede considerarse bueno. Veremos cómo el mismo clima dará las pautas de pesca para la próxima, que se iniciará el noviembre, cuando centenares de cañas viajen hacia el sur argentino a disfrutar de la exquisita pesca en fly de las ya más que centenarias truchas argentinas.