Marcelo Zárate es un reconocido geólogo e investigador del Conicet, una persona que siempre ve algo más que el resto de los vecinos de Santa Rosa (La Pampa), en momentos en los que se hallaba paseando por una calle destruida por el temporal de lluvia que azotó la ciudad hace semanas atrás, algo le llamó la atención: se trató de los restos fósiles de un enorme gliptodonte que vivió en la zona hace 10.000 años.

En marzo cayeron en Santa Rosa casi 300 milímetros en dos días. Lo que provocó que mucha agua se trasladara con gran fuerza por la ciudad, ocasionando que muchas calles quedaran totalmente destruidas. El agua removió el piso y dejó los restos del gliptodonte casi a la vista de la mirada especial del geólogo, quien tras hacer el descubrimiento llamó al Museo de Historia Natural, y juntos hicieron el rescate de los restos.

Cuando tuvieron los restos del animal en la superficie, constaron de que se trataba en efecto de un gliptodonte, conocido científicamente como “Panochthus tuberculatus” y que vivió en la región pampeana en la era de la última glaciación, alrededor de 10.000 a 13.000 años atrás. Llegó a convivir con los primitivos habitantes de nuestro continente que lo incluían en su dieta.

“Son parte de la megafauna que convivió con los primeros humanos que llegaron a América hace 13.000 años. En la región se han hallado gliptodontes de hasta 6.000 años y también caballos americanos y de megaterios. Los primeros humanos que llegaban a América se alimentaban de estos mega peludos”, comentó al diario La Arena Marcos Cenizo, Director del Museo de Historia Natural.

“No se trabajó en detalle, pero es más o menos común, lo sorprendente es que esté en zona urbana. Probablemente murió empantanado. Era una zona de pantanos o inundable. Una vez que murió, la corrientes desparramaron los restos“, conjeturó el titular del Museo. El equipo de extracción se halla trabajando en esta semana en la zona, hasta ahora han aparecido el caparazón y lo que sería cabeza. Se trata de un gliptodonte muy grande.

Estos animales tenían un caparazón muy fuerte que lo protegía de sus predadores, se defendía con su cola que tenía huesos duros. “Es altamente probable que haya más ejemplares como este porque esto no es algo excepcional. Con este período de lluvias tan intenso que hubo, lavó el terreno de esta calle vecinal y expuso sedimentos que contienen este tipo de fauna”, concluyó el responsable del Museo.