Zulema Rodríguez estaba impaciente. El jefe de la cuadrilla de operarios de Edersa se había comprometido a pasar antes del fin de semana y era sábado y aún no había aparecido. Mientras hacía las tareas en su casa, tenía un oído atento al ladrido de los perros. Después de tantos años, el sueño de sus padres estaba a punto de materializarse. Su papá murió hace más de tres décadas y su madre, cuatro años atrás. Por eso, cuando observó la camioneta que se aproximaba con los trabajadores, Zulema salió contenta a recibirlos. Luego, su casa se iluminaba. Tras casi diez años de pelea, la electricidad había llegado al paraje Ñirihuau Arriba.

Para Zulema y su familia el 29 de agosto pasado no es una fecha cualquiera. A partir de ese día, su domicilio cuenta por primera vez con electricidad. Fue una de las primeras viviendas conectadas.

El sábado fue el turno de la casa de Egidio Rodríguez y su mujer, Rosa Sandoval. Y esta semana Facundo, hijo de Zulema, ya tiene el servicio. “Río Negro” estuvo en el paraje y conoció la historia de algunas familias.

Zulema estimó que hasta el momento se conectaron unas diez familias de las 38 que viven en el paraje, distante a tan sólo 25 kilómetros de Bariloche.

En Ñirihuau Arriba viven entre 15 y 20 familias de manera permanente. Casi todos, nacidos y criados en el lugar. Otras familias vienen los fines de semana o en el verano, cuando el valle se convierte en un lugar paradisíaco.

“Levantarse temprano cuando aún no amanece y prender el foco está bueno”, afirmó Zulema, que creció en el paraje como su marido escuchando la misma pregunta:“¿Cuándo irá a llegar la luz?”. Recordó que sus padres usaban el chonchón, el sol de noche o velas para alumbrar. El chonchón era una lata de sardina a la que se añadía grasa animal en la base y una trencita de tela de algodón, que se encendía. No iluminaba casi nada. “Cuándo nuestros viejos iban a pensar que íbamos a tener luz“, reflexionó, sin dejar de empujar el pedal de una rueca que hilaba sin pausa. El televisor estaba encendido, pero la mujer no le prestaba atención. Su hijo Matías escuchaba el relato de su madre. Sonreía con timidez, mientras cebaba unos mates con tortas fritas.

El generador a combustible llegó cuando Zulema y su marido, Atanasio, tenían sus cuatro hijos grandes. Aún así, no tenía la potencia suficiente para usar la plancha eléctrica. “A nosotros nos va a cambiar la vida, porque hacemos turismo rural“, sostuvo. A casi 200 metros de la casa de Zulema se construye una cabaña para alquilar.

Ahora podemos carnear un animal y guardar la carne en la heladera o comprar un freezer. Antes había que comerlo lo antes posible porque sino se echa a perder“, explicó Zulema.

Dijo que gastaban por semana unos 200 pesos de combustible para el generador, que sólo prendían unas tres horas al día para ahorrar.

Egidio aseguró que para tener electricidad con el generador pagaba unos 600 pesos semanales en nafta. El hombre tiene varias herramientas eléctricas. Ahora, prende, tranquilo, los focos de bajo consumo en la cocina de su casa. Estimó que no pagarán más de 150 ó 200 pesos cada dos meses por el servicio que presta Edersa.

El día que me conectaron la luz te daban ganas de llorar“, contó. “Dos cosas lindas, aparte de mi familia, han pasado en Ñirihuau Arriba, una fue la apertura de la Escuela 351 por el año 1996 ó 1997 y ahora la llegada de la luz“, aseguró.

En la casa de Facundo conectaron la luz el miércoles. “El petromax (lámpara) hace un quilombo y no alumbra nada“, indicó el hijo de Zulema, mientras acomodaba unos cables en una pared.

Facundo y su padre trabajaron varias horas para hacer la zanja donde enterraron el cable desde el pilar de luz hasta las viviendas. Son 270 metros. “Quisimos dejar el cable bajo tierra para mantener el paisaje como está“, explicó el joven. La familia pagó 11 mil pesos de materiales para conectar el servicio en las dos viviendas.

Zulema salió de la casa con su primera nieta en brazos. La pequeña tiene algo más de un año. Caminó el sendero hasta la tranquera. A un costado está el pilar de luz.“Es la cuarta generación de mi familia en Ñirihuau Arriba y va a disfrutar lo que nosotros no pudimos cuando éramos niños”, dijo.