El Mal de Chagas es la enfermedad parasitaria de mayor importancia en América Latina y según datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS) en el mundo hay entre 6 y 7 millones de personas infectadas. En Argentina existen 7,3 millones de personas expuestas y 1,6 millones padecen la enfermedad, por lo cual constituye uno de los principales problemas de salud pública a nivel nacional. 

Actualmente no existe una vacuna contra la enfermedad, por lo que el método más eficaz para prevenirla es el control del vector transmiso, la vinchuca, un insecto que habita en ranchos y construcciones precarias situadas generalmente en ámbitos rurales y aislados. Pero si bien a través del Programa Nacional de Control de Chagas se realizan fumigaciones, frecuentemente las viviendas vuelven a reinfectarse. Se trata de casas construidas con adobe o ladrillo sin revocar.

Elisa Barbero y Emma Bosco, egresadas de la carrera de Diseño Industrial de la Universidad Nacional de Córdoba (UNC), son las autoras de este sistema de detección y captura del vector que podría ayudar a prevenir y controlar el contagio del Chagas. Se trata de una sencilla trampa que se coloca en el interior de la vivienda y en el peridomicilio, que fija y atrapa a la vinchuca cuando esta se desliza por una superficie adhesiva.

El dispositivo consta de una trampa de plástico resistente de forma alargada, que va montada sobre un riel o soporte fijado a la pared, próximo a la cabecera de la cama, a 1,20 metros del suelo. La ubicación y altura a la cual debe colocarse el aparato es clave, ya que debe “interrumpir” el recorrido habitual del insecto: este trepa por la pared hasta superar la altura a la que se encuentra la persona recostada, para luego “dejarse caer” sobre su víctima y atacarla: pica a humanos y animales, de cuya sangre se alimenta, transmitiendo por esta vía el parásito Trypanosoma cruzi.