Un estudio encabezado por investigadores del Instituto de Biología Subtropical (IBS, CONICET – UNaM) de la provincia de Misiones y publicado en la revista Biological Conservation indica que las poblaciones de rayas en el curso medio del río Paraná tuvieron una considerable disminución en los últimos 11 años.

El trabajo, que se basó en datos de relevamientos realizados por dependencias del Ministerio de Agroindustria de la Nación, aportó evidencia de que esa reducción en la cantidad de ejemplares está directamente relacionada con la pesca.

Asimismo, viene al caso recordar otra investigación de los especialistas del CONICET Damián Marino y Alicia Ronco -fallecida en noviembre del año pasado- que confirmó el año pasado que toda la cuenca del Paraná está altamente contaminada con el herbicida glifosato o AMPA, su degradación, e indica que el grado de contaminación detectado supera los límites establecidos para la protección de toda la vida acuática.

Con respecto a esta nueva investigación sobre las rayas de agua dulce, abarcó la zona comprendida desde las ciudades de Resistencia y Corrientes hasta el delta del río Paraná –en la desembocadura hacia el Río de la Plata-, donde habitan 6 de las 32 especies de agua dulce conocidas en el mundo.

“Nuestro trabajo logró evaluar la tendencia de abundancia de rayas y nos permitió elaborar propuestas para que se adopten medidas que permitan su conservación, teniendo en cuenta que estamos en una zona de alta diversidad”, señala Luis Lucifora, investigador independiente del CONICET en el nodo de Puerto Iguazú del IBS y primer autor de la publicación.

Los tipos de pesca que afectan a las rayas, explican los investigadores en el estudio, son diversos. En la parte que va desde la ciudad de Resistencia, en Chaco, hasta Reconquista, en Santa Fe, se practica principalmente la pesca deportiva. También hay pescadores artesanales que buscan al surubí, que se captura en el cauce principal del río con mallones, que son redes con aberturas muy grandes.

Si bien atrapan rayas con este método, la cantidad no es tan importante como en el tramo que va del centro de Santa Fe hasta el delta del Paraná, donde existe la pesca comercial del sábalo, que se hace con redes más chicas en la zona conocida como llanura de inundación, que son pequeñas lagunas y riachos que aparecen cuando el río baja y desaparecen cuando crece. “Ese es el hábitat más usado por las rayas, así que es donde más ejemplares se capturan y donde es más evidente su disminución”, detalla Lucifora.

Aunque en estos casos las rayas no son el objetivo final de pesca, los ejemplares son capturados y, en muchos casos, mutilados. “Cuando los pescadores encuentran una raya lo primero que hacen es cortarle la cola, ya que allí tiene un aguijón que tiene una función defensiva. Como no es lo que estaban buscando, las devuelven al río, donde pueden sobrevivir. En los relevamientos hemos detectado un número importante de ejemplares en estas condiciones. Eso nos permitió relacionar la abundancia en distintos tramos del Paraná con la presión de pesca. Y el resultado fue muy claro: las zonas donde hay más rayas mutiladas son las que tienen menor abundancia de estos peces”, indica el autor del trabajo.