¿La culpa es del chancho o de quien le da de comer?, se pregunta el dicho criollo y es lo que surge cuando un auditorio presencia la actitud de un especialista en naturaleza que, en medio de una conferencia sobre preservación, se pone de pie y le expresa al disertante: “Estoy profundamente conmovido por sus palabras”. Y quizás más, si el expositor en cuestión es un multimillonario estadounidense como Douglas Tompkins, quien lleva invertidos unos 350 millones de dólares en preservación en los últimos veinte años entre Argentina y Chile, y el conmovido es un experto argentino en aves, como Tito Narosky, autor de guías temáticas. Hubo chistes en voz baja y sin dejar la envidia de lado, acerca de si la conmoción era por el dinero que invierte el magnate o por ser un generador de proyectos de preservación. Pero la gente es mala y comenta y todos, de alguna forma, siguieron las variadas alternativas que brindó el autodenominado “conservacionista” Tompkins en la Primera Feria de Aves y Animales Silvestres que se realizó a mediados de junio último en el camping de la Laguna Iberá, la mayor del sistema que integran los esteros, ubicada en Colonia Pellegrini, Corrientes, y una de las regiones consideradas sitios Ramsar junto con el Pantanal de Brasil. Durante los tres días en que se desarrolló la feria también hubo momentos de fuerte debate con un epicentro: las reservas y su manejo. ¿Provincial o nacional?
Es que hubo encendidas discusiones acerca de si un extranjero puede opinar sobre la importancia de un Parque Nacional en un territorio provincial. Tanto es así que hasta una semana después del encuentro, la idea de donaciones de tierras al Estado Nacional que posee el magnate linderas a los esteros generaron declaraciones por parte del ministro de Producción correntino, Jorge Vara, publicadas en el diario La República, de Corrientes: “Los Esteros del Iberá son patrimonio de los correntinos, -expresó el funcionario-. Y es inadmisible pretender que se conviertan en patrimonio nacional”.
Al final, Tompkins, en un mano a mano con la prensa que duró cerca de cuarenta minutos durante el primer día de la Feria de Aves, tuvo tiempo hasta de reírse, ponerse serio y parecer un activista de izquierda: “Quedo entre sillas -le dijo a El Federal-. Vengo de la clase empresarial y por ello los campesinos me rechazan. Y por conservacionista. Al final, me rechazan de los dos lados”. Es que Tompkins dice sin reparos que las políticas de producción no tienen en cuenta la contaminación y que hay que repensar el modelo agrícola. Y va por más: “No veo chance en revertir la crisis ambiental del mundo cuando es la agricultura la que afecta más que cualquier actividad al medio ambiente”, dice con razón, aunque no haga comentarios sobre cómo sobrevivirían los seres humanos si de un día para el otro se les cambia la actividad. Todo esto supone un plan de convertibilidad productiva, que aún nadie reveló. Y el tema en debate en territorio correntino fue que tierras especiales para explotación forestal y producción de arroz son el área de la Reserva Provincial Esteros del Iberá, la que admite un uso controlado para producción. En el caso del Parque Provincial Iberá, por su condición es aún más restrictivo, conformando ambas dos figuras de conservación;  una más restrictiva que la otra. Si fuera un Parque Nacional sería entonces un reaseguro de preservación, pues es la figura de mayor protección del medio ambiente y por ello los que pretenden conservar esta región única en el mundo buscan una ley que la contenga y proteja. Ahora bien, Tompkins posee, a través de la entidad que preside, Conservation Land Trust (CLT), unas 135 mil hectáreas en esta región y coincide con la visión proteccionista del Estado Nacional, y prueba de ello es que ha donado (en realidad fue su esposa) su estancia en Santa Cruz, dando lugar al Parque Nacional Monte León, lo mismo en Misiones y en Perito Moreno, donde su estancia quedó en el límite del parque y donaría unas quince mil hectáreas de campo. Lo cierto es que en el caso de Iberá, “Tompkins puede donar sus tierras a la Nación si se articula el andamiaje legislativo. Es decir, su propiedad es tierra de la provincia. Primero Corrientes tiene que ceder la jurisdicción de sus campos y recién entonces se podrían donar a Parques Nacionales”, explicó una fuente de la APN a nuestra revista. Y después de Estados Unidos y Canadá, Argentina es el país de América que más áreas preservadas abarca en su política. Y en los casos de Iguazú (Misiones); Nahuel Huapí (Río Negro-Neuquén) y Los Glaciares (Santa Cruz) representan una atracción para el turismo mundial que pondera los Parques Nacionales y los eligen como destino para conocer. “El setenta por ciento de los turistas piensa que los parques nacionales son la joya de los argentinos y hay que cuidarlos”, dijo el ministro de Turismo de la Nación, Carlos Enrique Meyer, durante su alocución en la Legislatura correntina el lunes último. “El aporte nacional a la zona de los esteros fue dotar al paseo de las primeras obras necesarias, como los portales de acceso, y después posicionaremos alternativas distintas como los safaris fotográficos que hoy son un boom a nivel internacional”, expresó mientras destacó el potencial del NEA en turismo de alta gama y entregó distinciones en certificados de calidad a empresas de servicios turísticos correntinas.
 Mientras tanto, el magnate potencia las localidades linderas a la reserva y potencia la red vial con su proyecto de Ruta Escénica, que incluye la donación de la infraestructura necesaria, desde cartelería y señalética hasta baños, duchas y miradores en las diferentes estancias abiertas al público que involucra a más de 1.300 kilómetros con diez municipios que circundan la reserva Iberá y que significan 1.300.000 hectáreas y las 500 mil hectáreas del Parque Provincial. Claro que no hay con qué darle. El millonario asegura que va a seguir invirtiendo en medio ambiente “hasta que se me acabe la plata”, dice y sonríe. Y sin embargo, habla de varios proyectos de explotación agroganadera en pequeños campos en Entre Ríos y en Corrientes misma. ¿Dónde está la pelea, entonces?, dirá el lector. Entre las propiedades de Tompkins y los otros campos dista la forma de producir. La cuestión es cómo sería un plan de conversión productiva, para hablar de preservación estricta del medio ambiente y de los seres humanos que habitan allí también, por si alguien se ha olvidado. 
Lo cierto es que las cerca de cuatrocientas personas que llegaron a Colonia Pellegrini en Iberá lograron cumplir con todas las propuestas de la Feria en la que desde senderismo hasta excursiones lacustres y avistajes de avifauna, se ofreció en esas jornadas.
A metros de Tompkins, Ramón Eduardo Gamboa cuenta que el turismo le cambió la vida. De tradición arrocera junto con sus hermanos, “nos levantábamos hasta tres veces por noche para controlar que no hubiera plagas. Igual nos fundimos tres veces y debimos empezar de cero cada vez”, recuerda. “Hace seis años que estoy con el hospedaje”, dice en referencia a Corazón del Iberá. El mismo construye las habitaciones. Mientras que para Jorge Lobera, los turistas también le cambiaron la vida. Talla aves en pequeños tronquitos de árboles, y busca desde que tiene memoria los “nudos”, esas callosidades que deforman las ramitas y adoptan contornos curiosos. Muchos de ellos, muy similares a los animales que pueblan la región. Como las aves. Jorge llega hasta la hostería en bicicleta y como si fuera un tesoro abre la bolsa que cuelga del manubrio y dice: “Las hice yo solo. Cuestan 12 pesos cada una”. Son los nudos del espinillo. Busca que tengan cuerpito, cola y cuello para que parezcan un pajarito. “Acá le decimos macana”. A veces trepa a un árbol para juntar alguno de forma especial. Y está contento porque, según anuncia, “mañana cumplo 12 años”.