Durante veinte años Doña Petrona Carrizo de Gandulfo les dijo a cientos de miles de amas de casa qué es lo que tenían que cocinar de una manera simple y clara. Su programa de televisión llegó a recibir 400 cartas por día. Este mes, su inmenso legado tendrá su Museo en el barrio de Once (Buenos Aires) en medio de negocios de venta de insumos gastronómicos. No se pudo haber elegido mejor el lugar.

Nacida en 1898 en La Banda, Santiago del Estero, su madre le enseñó el oficio y junto con su esposo se afincaron en la Ciudad de Buenos Aires, pero como no alcanzaba el dinero para llegar a fin de mes, Petrona decidió salir a trabajar, y consiguió un puesto en la Compañía Primitiva de Gas para enseñar a usar la última novedad del momento: las cocinas a gas. Enseguida tuvo éxito, ya en 1933 editó su emblemático libro, la Biblia de la cocina popular argentina, “El libro de Doña Petrona”, en más de 500 páginas diseñó el gusto nacional.

El gran público la oyó por radio, pero su masividad llegó de la mano de la televisión, en 1952 salió al aire en “Variedades Hogareñas”, y su gran salto a la fama lo tuvo en 1960 en “Buenas Tardes, Mucho Gusto”, allí por veinte años, junto a su inseparable asistente Juanita materializó todas sus recetas. El programa batió records de audiencia, salía los lunes, miércoles y viernes y llegó a recibir 400 cartas por días de sus millones de seguidoras en todo el país. No se volvió a repetir un fenómeno igual. 

“Hay cosas que estuvieron durante muchos años en su laboratorio, donde trabajaba profesionalmente. Hay también vajilla, cosas que tienen que ver con lo íntimo, para servir en su casa, para agasajar a sus amigos, y también cosas de la televisión”, comentó a la prensa su nieta Marcela Massut, quien junto a su hermano Alejandro aceptaron la invitación de Richard Saavedra, quien es el propietario del edificio en donde estará el Museo.

El Museo tendrá expuestas sus herramientas de cocina, elementos que usó durante tantos años sobre la tabla de madera, artefactos personales y una gran cantidad de libros y fascículos escritos por Doña Petrona, quien se retiró de la televisión en el año 1983. Su nieta recuerda sus años con su abuela: “Yo agarraba su cocina, probábamos cosas, íbamos anotando para sacar una receta del libro y poner una nueva, de eso se trataron esos años”. El libro de Doña Petrona es aún hoy un material de culto en las casas argentinas. Este año saldrá a la venta la edición 103. Vendió más Borges. 

De entre todos los elementos expuestos, su nieta destaca uno: “Algo que no pueden creer cuando lo muestro es un batidor gigante, de mano. Solamente agarrarlo debe pesar un kilo, y si te pones a pensar que una mujer batía con eso, que el mango más el batidor deben tener 70 u 80 centímetros, es ver cómo dejaban el colesterol en el ejercicio y no en el teclado de la computadora” Las recetas de Petrona son una muestra de cómo los hábitos en nuestra manera de cocinar han cambiado, “Si bien había una alimentación distinta, la parte física de la mujer era otra: hoy nadie amasa fideos, pizza. Hay premezclas, le ponés agua, movés la mano dos minutos y tenés el resultado, mi abuela amasaba toneladas de cosas, el lavarropas no centrifugaba, escurríamos los manteles entre las dos con Juanita, entonces toda esa parte física no existe hoy”.

Yo hoy escucho hablar de orgánico y toda mi vida en lo de mi abuela se hicieron las cosas en casa, nunca jamás en la vida comimos algo de delivery, no existía esa opción. Si no había algo, que no pasaba nunca, pero igual, Juanita amasaba fideos con manteca y ajo y tomábamos sopa de verduras, no existía el ‘traeme cuatro pizzas’” Marcela trabajó con su abuela durante diez años. “Tengo muchas recetas con un huevo o dos, o con harinas alternativas, porque en el ‘50 cuando salía Europa de la guerra mandaban toda la harina para allá. La abuela tuvo toda esa visión, ese ingenio, esa alquimia de generar opciones para el ama de casa, su desesperación era esa, la mujer en esos momentos que tenía que alimentar a la familia

El Museo Doña Petrona abrirá sus puertas el 29 de junio, a las 10. Está ubicado en Avenida Jujuy 1582, Ciudad de Buenos Aires. La entrada es gratuita. El alma de una cocinera que enseñó a cocinar a generaciones de argentinas estará presente este espacio.