Por Leandro Vesco / Fotos Juan Carlos Casas

“Acá se vive a lo bacán, podés dejar todo abierto”. Julio es el cantinero del Club Atlético Dufaur, único lugar abierto a la hora de la siesta. Nos recibe extrañado por nuestra presencia a una hora en la que ni los perros andan en este pueblo que en cada esquina ofrece una panorámica serrana única, a los pies del Cerro La Sofía con casi mil metros de altura.

Es difícil de aceptar, pero estamos en Buenos Aires, el sol, suave y límpido, baña de un brillo irreal esta pequeña localidad que podría estar en algún lugar más encumbrado en el mundo, pero eligió este rincón soñador a un costado de la ruta 33, justo unos kilómetros antes del cruce con la legendaria 76, la ruta más alta del mapa bonaerense.

Ya desde el acceso, Dufaur es diferente, las letras que presentan al pueblo están pintadas en tonos pasteles, sugestivamente cálidos. Invitan a entrar y conocer. Esto hicimos, y descubrimos un señorío de casas bajas, calles arboladas, perfecta limpieza y al fondo de cada calle, como si fuera un regalo que se le otorga sólo a pueblos elegidos, la base de tres cerros, el Pan de Azúcar, el Gran Chaco, y el mencionado La Sofía.

Julio, que pasó toda su vida en boliches y vive en Bahía Blanca, no cambia por nada en el mundo este pueblo. “Yo soy un vago, esto es un paraíso y este club es decente”. “Este es el club más antiguo de la provincia de Buenos Aires”, dice con orgullo Hugo Coria, albañil y secretario de la Institución decana del pueblo. “Llegó a tener 11 bares, una pulpería, hotel y dos ramos generales. Dufaur era otra cosa, pero más o menos siempre fuimos los mismos habitantes”, explica mientras nos guía por el club.

Cada puerta que se abre es la entrada al asombro. El salón principal podría estar en una ciudad capital y la cancha de bochas es un lujo del cual se enorgullece. “Prohibido comer girasol”, reza un cartel.  Hugo es claro en su explicación: “Una sola cascarita puede alterar el rumbo de la bocha y modificar completamente un campeonato”.  Muestra su club como si fuera una clínica: baños nuevos, fogones para cientos de personas. Cuando parecía que ya terminaba la visita guiada, nos para, preguntándonos si queremos conocer el patio. “Está al final del pasillo”. El único lugar oscuro es iluminado por una puerta con vidrio esmerilado, la abre y quedamos sin habla. “Este es el patio” Se trata de un valle alfombrado de pasto, flores y árboles, y más allá, las sierras, como si fuera un cuadro.

Las piedras y la arena de Dufaur son de las mejores del país. Dos canteras dan trabajo y prestigio a este lugar, una inmensa pileta municipal refresca los días solariegos de toda la comunidad en verano. Las plazas y las calles reposadas definen la esencia del pueblo que vive en tranquilidad. El tren de pasajeros pasa y se detiene. “Muchos siguen para Bahía, mejor para nosotros”, comenta Hugo, sin ánimo negativo, sólo con la intención de que la belleza de Dufaur se quede sólo para sus habitantes, que la valoran y protegen.

“Adentro, en las sierras hay caminos internos que te llevan a Sierra de la Ventana, es increíble bordear los cerros”, aporta entusiasmado Hugo, quien nos devuelve al comedor del club; la luz íntima de la siesta le da un tono familiar a una mesa de pool que, impecable, duerme esperando a los jóvenes que a la tarde vendrán para ocupar el tiempo.

“Abrió una nueva panadería. Es un espectáculo, la tiene como un museo”, nos dicen. Antes, Dufaur no tenía panadería por eso es una gran noticia. Parece mentira pero es real: la recuperación de un pueblo comienza por lo general con la apertura de una panadería. Porque acaso sea el pan el comienzo anímico para que una comunidad abrace la esperanza de un futuro mejor. Julio, el cantinero que vive como un bacán, toma una copa de vino a escondidas, mientras simula hojear unos recibos al revés anotando algo intrascendente. La siesta es un hechizo que se esconde detrás de los árboles y nos mira sonrojado. Este trabajo es ideal para él, como ideal para vivir es Dufaur, el pueblo en donde el patio de las casas da a las sierras.

Coodenadas del GPS: 37°57′S 62°18′O Habitantes: 180