El cultivo de la canola empieza a perfilarse como una alternativa rentable para los productores que apuestan a la diversificación de sus establecimientos. La demanda mundial de su aceite crece gracias a sus propiedades nutritivas. En tanto que en la Argentina, el consumo proyectado para 2011 supera en un 50 por ciento al de 2010.
La canola tiene su origen en la colza, una crucífera que ha sido cultivada desde mucho antes de la era cristiana. Sus raíces, tallos, flores y semillas son comestibles, aunque el hombre los haya utilizado antes como fuente de iluminación y combustible, tal como parece acreditarse en la India, China y Japón.
Durante la primera parte del siglo XX la planta fue utilizada para elaborar aceites lubricantes. Terminada la Segunda Guerra Mundial, Canadá buscó mejorarlos para convertirlos en aceite para consumo humano, algo impensado anteriormente debido a la alta cantidad de ácido erúcico que contenían las primeras fórmulas.
En 1966 se obtuvo la variedad Oro, con un contenido de ácido menor del 2 por ciento, que es actualmente la cantidad de ácido erúcico contemplado en el Standard mundial. Esto llevó a Canadá a llamar “Canola” (Canadian Oil LowAcid) a las variedades que poseen estas características, para identificar más fácilmente a este producto diferenciado.
A nivel internacional se lo usa, además, en la elaboración de cremas cosméticas, jabones, plásticos y tintas, lo cual explica en parte su actual demanda. El expeller de canola que queda luego del proceso de extracción del aceite mediante prensado en frío, contiene un excelente mix en fibras y proteínas que sirve como materia prima para alimento balanceado, aunque hoy hay universidades argentinas que estudian su desarrollo para la elaboración de alimentos para los humanos.

Experiencia. Los avances argentinos más significativos que se dieron en este cultivo estuvieron a cargo de la estancia Santa María, ubicada en la localidad de Perdices, departamento de Gualeguaychú, en el sur de Entre Ríos. Allí fue la cuna del Krol, el principal aceite de canola que se encuentra en el mercado vernáculo.
A fines de los 90, con el fin de diversificar los riesgos de su actividad agropecuaria, el ingeniero industrial Juan José Rusinek buscó la innovación y el desarrollo de mejoras. Así fue que además de los cultivos tradicionales y la cría de animales de la raza Angus, se inclinó por la apicultura (cría de abejas) y la helicicultura (cría de caracoles).
Para integrar todas las actividades de la estancia inició, entonces, el cultivo de la canola. En primera medida para alimentar a los caracoles y acortar el ciclo de descanso de la soja,  y luego, dado que la canola florece en una época en que no hay flores de otras especies, sirvió como un paraíso para las abejas. Fueron sólo unas 20 hectáreas.
El productor recuerda el momento en el que se decidió por el nuevo emprendimiento. Reunió a su gente y, teniendo en cuenta que el nabo es primo de la canola, lanzó una humorada:  “¿Y ahora que sembramos?  ¡No seamos nabos y sembremos colza canola!”.
A principios de la década pasada, Rusinek decidió desarrollar una nueva unidad de negocios, a la que denominó “Aceites”, por lo que fundó la empresa Amerika 2001. Así ingresó al mercado argentino con su aceite de canola. Para el 2005, ya había en su campo unas 800 hectáreas con canola, de las 1.300 del establecimiento.
“No fue ni es nuestro objetivo competir con las aceiteras tradicionales, dado que tenemos bajos rendimientos y escala. El producto es una especialidad, para nichos de mercado muy particulares”, afirma el emprendedor.
Por otra parte, Rusinek explica que para el  campo de Perdices se adaptaron con el apoyo del INTA Concepción del Uruguay, variedades provenientes del sur de la provincia de Buenos Aires, la región tradicional de la oleaginosa.
Hoy día, dada la demanda local e internacional de ese producto y de que ciertas características del cultivo no permiten aumentar la extensión sembrada, no les alcanza con la propia producción, por lo cual están comprando canola a otros productores. El ingeniero Alfredo Pablo Jansen, a cargo de la planta aceitera, estima que el 70 por ciento de la canola que utilizarán este año será de producción propia, mientras que la diferencia deben comprarla a otros productores.

Calidad. ¿Pero cuáles son los secretos de la canola? Lo fundamental es que la planta requiere de suelos con nitrógeno, azufre y fósforo. También de un clima templado, para su mejor desarrollo. En la zona del sur entrerriano se da un rendimiento de 15 a 20 quintales por hectárea, pero si hay riego artificial ese rendimiento puede saltar a 40 quintales. Sólo en algunos lugares de la provincia de Buenos Aires se ha logrado ese número en forma natural.
Igualmente, gracias a los trabajos que está realizando el INTA, se espera que en breve se obtengan semillas especialmente mejoradas para al uso en los diferentes suelos del país.
La siembra se realiza a partir de abril y hasta mediados de mayo. Se aconseja el uso de buenas sembradoras porque sus semillas son muy pequeñas. Lo recomendable es la siembra directa. El terreno debe estar bien preparado, por eso se le pasa un rastrón para que quede liso. En el caso de la estancia Santa María, la canola se siembra sobre el rastrojo de la soja.
Un dato a tener muy en cuenta es que es una planta que no soporta herbicidas, así que se los usa antes de sembrar.
El enemigo natural es un hongo llamado Phoma lingam, que sobre todo aparece cuando hay exceso de humedad. Esta enfermedad también llamada Black leg o necrosis del cuello de las crucíferas es la más importante que afecta al cultivo en los principales países productores. Para evitarlo, hay que esperar al menos dos años para plantar canola en un mismo terreno o terreno lindero.
La planta florece en agosto y los primeros días de septiembre, una época muy inusual para el resto de las plantas. Es la razón por la cual los apicultores buscan sembradíos de canola para llevar sus panales.
En cuanto a su procesado, por cada 1000 kilos de canola se obtienen, aproximadamente, unos 300 kilos de aceite. Y por la pérdida de humedad y la limpieza de residuos, se logra obtener unos 680 kilogramos de expeler.
Lo interesante para el productor es que la canola se cosecha en noviembre, por lo que entrega el campo entre 15 días a 20 días antes que el trigo. Esto permite el adelantamiento de la siembra de soja de segunda, lo que facilita la obtención de mejores beneficios. En cuanto al precio, en la Argentina se ha llegado a comercializar en los últimos días entre los u$s465 y los u$s500 la tonelada.

Eficiencia. Desde la estancia Santa María, se aconseja sembrar canola, luego soja de segunda, luego trigo forrajero o sorgo forrajero y maíz para que aporte materia orgánica la tierra.
Pero las ventajas también se dan en otros órdenes. “Actualmente su alto precio internacional y el porcentaje bajo de retenciones lo hace un cultivo a tener en cuenta al momento de tomar una decisión”, asegura Jansen.
Según Rusinek, “en materia de agricultura sustentable, una producción de 1.500 a 2.000 kilos de grano de canola por hectárea incorpora unos 6 mil kilos de materia seca, lo que representa un valor muy similar al maíz y el doble del trigo. Es decir, estamos aprovechando el campo durante los 12 meses del año, optimizando la producción de soja y trabajando para la preservación del suelo.” Y agrega: “Es claro que la canola aparece como alternativa al trigo, como cultivo de invierno”