Los investigadores que participan de las campañas del Instituto Antártico Argentino (IAA) precisaron, a través de un artículo publicado en la revista científica Journal of Experimental Marine Biology and Ecology, que, si bien hace diez años se preveía que para el año 2050 podría haber olas de calor en la Antártida y aumentos de temperatura del orden de los cuatro grados, estos cambios se están dando mucho antes de lo previsto.

El planeta Tierra evidencia un aumento sostenido de la temperatura del aire y, por lo tanto, de la temperatura del agua. En la Antártida, además, por el aumento en el deshielo asociado a este aumento de temperatura, se vierte una mayor cantidad de agua dulce en estas bahías marinas que poseen aguas saladas”, detalló Julieta Antoni, bióloga y becaria doctoral del Conicet y de la Universidad de La Plata (UNLP).

El equipo de especialistas se dedicó a estudiar qué ocurre con el fitoplancton si se dan estas condiciones de altas temperaturas y baja salinidad, y para ello se tomaron muestras en Caleta Potter, una bahía ubicada al norte de la Península Antártica.

“Se estima que entre un 50 y un 60 por ciento del oxígeno del Planeta lo generan estos pequeños microorganismos y, según observamos en este estudio del fitoplancton de Caleta Potter, con un aumento de temperatura durante siete días, ya se generan alteraciones en la composición de estas comunidades”, explicó Antoni.

Por su parte, Irene Schloss, investigadora del Instituto Antártico Argentino y del Centro Austral de Investigaciones Científicas (CADIC-Conicet), afirmó en declaraciones a la Agencia CTyS de la Universidad Nacional de La Matanza (UNLaM) que desde el año 2010 aproximadamente se realizan “experimentos en la Antártida simulando lo que sucedería con el plancton si estuviera expuesto a condiciones de temperatura más elevadas, lo que al mismo tiempo produce el derretimiento de los glaciares y un aporte masivo de agua dulce”.

Los valores con los que estamos simulando estos experimentos son los que estaban predichos para alcanzarse en los próximos 50 años, pero lamentablemente la última temporada nos mostró temperaturas del agua que ya estaban en estos valores tan elevados, o sea que no es una buena noticia para el ambiente”, indicó la especialista que también es directora del Proyecto Plancton en la base Carlini del IAA.

A su vez, con la disminución de la salinidad proliferaron especies de algas muy pequeñas -que pertenecen a grupos “nanoplanctónicos”-, algo que no solo implicaría un cambio en la estructura del fitoplancton, sino que también afectaría a las diferentes tramas tróficas, ya que uno de los consumidores principales de este fitoplancton es el krill, que a su vez es consumido por una gran variedad de animales del ecosistema antártico.