Uno podría creer que un chico elige una escuela agraria porque se crió en el campo. Pero los guías de lujo que acompañaron a EL Federal en un recorrido por la escuela agraria de General Alvarado tienen otra explicación. Para Germán Giraldi, quien nació y toda su familia es de Berazategui, sur del Conurbano bonaerense, “siempre me gustaron los bichos, el campo”. Claro que, desde adolescente que vive en Villa Gessel, y fue así como llegó hasta aquí. Su amigo inseparable, Facundo Mejías, es nacido en Miramar pero nada que ver con el campo. Y fue a raíz de una visita a las instalaciones de esta misma escuela que selló su propio destino y eligió estudiar aquí. Los dos sonríen y se ponen serios para recomendar que los chicos visiten la escuela, porque uno no tiene idea hasta que ve el lugar, cómo es estudiar en una escuela agraria. Viven durante toda la semana en la misma escuela que ya suma 64 años desde su fundación y los fines de semana regresan a sus hogares para retomar el lunes las clases. La experiencia educativa es lo mismo que vivir en un campo. Hacen guardias como si estuvieran en su propio establecimiento agropecuario. Porque, claro, las vacas paren, las gallinas ponedoras, ponen huevos, a los caballos hay que cepillarlos, varearlos, etc., etc. Alimentar a los bichos e incluso la poda de los árboles trae aparejado la recolección de ramas, y que se hace a bordo de un tractor con trailer a una velocidad ínfima y que casi todos saben usar. Allá van, -dice uno-. y se escucha el tractor y una decena de chicos a bordo sobre el trailer, que carga un montículo de ramas y regresa de la “tarea”. Es curiosa la composición de la matrícula de alumnos. El director Fernando Grassino, hace memoria y cuenta que hacia 1984/ 1986 de sesenta alumnos varones había tres mujeres. Hoy en cien alumnos hay ochenta chicos y veinte mujeres. El porcentaje actual de matrícula femenina alcanza al 35 por ciento. Y Desde hace unos años, a raíz de un intercambio educativo, llegaron estudiantes de la India que al final se quedaron a vivir aquí y trabajan en el tambo, en la quesería. Allí están “Amardeep” y “Paranjit”, súper concentrados con el maestro quesero Armando Camarota. Se elaboran unos 300 kilogramos de queso que abastece al comedor del lugar y se vende en la entrada del colegio donde hay una casita donde se anuncian los productos y es un clásico que se paren a comprar los automovilistas, los mismo pasa con el dulce de leche. Impecable.
Es la hora del almuerzo y no se ve ni un alma entre los corredores y galerías. Todos esperan sentados en sus sitios en el comedor que es de dimensiones gigantes. Este establecimiento fue fundado en 1948. Se trata de una arquitectura a usanza de los antiguos establecimientos de principios del siglo pasado. Fuerte. En la cocina, el chef Jorge Rizzo está con toda su batería. Justo es el día en que el menú registra pizzas. Metros y metros de pizzas. Dan ganas de comerse todo.
Fernando Gassino insiste en que muchos no conocen de qué se trata el establecimiento, que de este tipo solamente existen 10 en la Argentina. Y aclara también que existen pasantías con el grupo rural CREA, para que los chicos avanzados en los estudios del último año, permanezcan ocho días viviendo en algún campo del grupo, trabajando y aprendiendo. Algunos son ganaderos, otros agropecuarios o también con tambo. Mientras tanto, los seis años que comprende este plan de estudios arranca con el primer año y el trabajo en la granja; en el segundo año, “taller rural”, más complejo con granja, acuicultura, apicultura; para pasar al tercer año, con el taller rural de ganadería y forraje. La ganadería de leche se alcanza en el cuarto año y al siguiente es con práctica profesional. Y la industria está en el último año, con práctica de ganadería para carne y la industria láctea. En los talleres, tanto de quesería como chacinados, se trabaja a nivel industrial. El detalle está en el tambo que es mecánico. Y el manejo de los animales es otro aprendizaje que se trabaja en paralelo con la producción. Mundo campo, debería llamarse esta escuela en la que los chicos saben perfectamente lo que tienen que hacer y la naturaleza les impone los horarios, son turnos de guardias por día y por semana donde se aprende in situ las labores rurales. ¿Qué pasa si uno se queda dormido? Y sí, pasa, se ríen los chicos, pero inmediatamente se vuelven serios y explican que el horario es fijo en las guardias, pero si uno se queda dormido y justo hay una tormenta, la falla no es con el profesor sino con la producción, en el campo se pierde todo si no se recorre para ver que esté cada bicho en su lugar.