Nunca dejé de hacer investigaciones sobre frutos secos. Siempre encontré muy poco desarollo y muy poco interés; en definitiva, mucha indiferencia ante la atención que se llevaban las peras y las manzanas. La estructura básica que había en las parcelas chicas y medianas de Alto Valle daban como para que la fruticultura sea rentable, hoy la situación cambió mucho: hay serios problemas de comercialización y de estructura fundiaria. Por ejemplo: con la manzana hay mucho recambio en los varietales y hay que ir actualizando las variedades que ofrecés. A eso se suma la producción mundial, los países con clima templado o templado frío producen manzana y pera, es decir que hay sobre oferta. A cambio el consumo es estable y los costos se van incrementando en relación al producto. El pequeño y mediano productor hace una búsqueda constante de alternativas: intenta salir de la cadena de frío, de la cosecha con fecha justa y de los productos perecederos que lo obliga a cosechar y a vender enseguida o a vender mal. Estamos frente a una alternativa con menos requerimientos de mano de obra, de un producto que no se echa a perder y que puede venderse con más tranquilidad. En estos momentos el nogal se potencia. Hay que inculcar procesos de tecnología, de otro manejo.
En Buenos Aires hubo un cambio de estructura mental del productor que tiene cultivos extensivos en superficies chicas. En el Valle Inferior empecé a trabajar con nogales en la década de los 70, pero en el Alto Valle hace sólo seis o siete años se empezó a tener en cuenta. La curva de consumo de los frutos secos tiene una pendiente más alta que la producción. De hecho, la Argentina importa nueces, el 50 por ciento de la producción de almendras y el 90 por ciento de la de avellanas. En los últimos veinte años el consumo se quintuplicó. Estos datos indican el buen camino de la nuez, ya no es un producto estacional pensado para las fiestas, se incorporó a la dieta diaria en las ensaladas e incluso en los snacks. El fruto además está muy asociado a la buena salud porque disminuye los riesgos cardíacos. Hoy en día el que tiene una producción y la ubica, tiene mayores ganancias en el comercio interno que el que exporta. En síntesis: el nogal es una alternativa de altísima rentabilidad.