Texto y fotos: Leandro Vesco

La casa de Nélido es una muestra de su personalidad, la vegetación del zaguán, del patio y de la galería que conduce a su templo como él lo llama y en donde se junta con sus amigos a comer sus babilónicos asados está llena de plantas, plantines, brotes y árboles, y toda suerte de vegetación habida y por haber. Todo tiene olor y todo está florecido. Hay tanta vida en su casa que al aire se lo puede modelar con las manos y formar con él mil figuras alegres. “Si hablas mal de mí van a hablar mal de vos” así se presenta este hombre que hace 78 años que corta el pelo en Rivera, un pueblo a metros de La Pampa, donde su presencia es tan necesaria como el agua o como los recuerdos que hacen a una comunidad, allí donde sus conocidos lo reconocen como el hombre más feliz de Argentina.

Nació el 7 de junio de 1929 en Alta Italia, un lejano pueblo en la inmensa llanura pampeana, cuando el país se estaba haciendo y eran pocos los que hablaban español, pero el trabajo era el idioma que hermanaba, y la mirada clavada en el horizonte invitaba a forjar sueños. Es mediodía en Rivera, un pueblo del Partido de Adolfo Alsina que tiene ciento diez años de vida, y que surgió a través de una colonización judía. “Llegamos en el 34. Rivera era Israel. A cada colono se le daban 80 hectáreas, y había que trabajar, pero mirá que sufrieron los pobres rusos, porque acá vino gente formada que en su vida habían trabajado la tierra, y de un día para el otro, tuvieron que sembrar, ordeñar y hacerse de abajo”

Nélido Merigge parece un joven con cuerpo de viejo. Contagia vitalidad y optimismo. Desafía a la muerte constantemente. “Cuando ya no quede nadie, yo voy a estar”, amenaza mientras ordena unas brasas. Su afición por el asado y el ritual que él conlleva tiene en su vida la misma importancia que una religión. “Me di cuenta que la único que importa en la vida es disfrutar con los amigos, comer asados y tomar unos vinos, aunque mucha verdura y fruta espanta la sepultura” Hace 40 años que todos los 28 de diciembre se juntan con un grupo de amigos para comer un  asado ritual, evento que tiene olor a logia y que se produce en silencio. “Cada año asa uno diferente y esa noche elegimos al asador del año siguiente y nadie más habla del tema hasta unos días antes del 28” Su casa, por lo demás, está abierta a quien deseé entrar y compartir con Nélido un almuerzo o una cena. En la vereda tiene estacionada su bicicleta, que desde 1965 es la misma y en la que acostumbra a salir por el pueblo.

“Me jodí de la cintura y mis amigos para que siguiera haciendo carne me fabricaron una parrilla especial” Hasta hace 15 años llevaba en un libro de actas el registro de todos los asados que había hecho. La cifra cerró en 2000. “Contando los asados tradicionales, sin tener en cuenta los que hago los día de semana, ya nos hemos comido una jaula y media de hacienda” Cada 28 de diciembre al terminar la tenida, les dice a los iniciados. “En un año yo voy a estar, procuren ustedes estar”

Cuando tenía ocho años agarró una tijera y comenzó a cortar pelo. Hoy, setenta y ocho años después, su peluquería es un centro social en donde se junta todo el pueblo. Siempre tiene las puertas abiertas. Hincha del Club Independiente de Rivera, las llaves de la Institución están en la peluquería, aunque también tiene devoción por San Lorenzo, los banderines del club de Boedo decoran todas las paredes. “También manejo la lluvia –asegura con naturalidad- Jamás llovió el día de mi cumpleaños”

Mientras sirve riñón de cordero, el sol baña su rostro con una luz epifánica. La pampa y su plegaria de caldenes en silencio, entra y se sienta a un costado de la parrilla. Es tal la trascendencia de Nélido, que el Intendente de Adolfo Alsina, David Hirtz, lo nombró Personalidad Destacada de Rivera.

“Mi papá nos daba un vasito con soda y vino y nos decía, tome hijo esto es vida, y cuando me preguntaba qué quería, yo le decía: más vida padre!”  Su esposa murió en 1989, y desde entonces ha visto con claridad la clave de la vida. “Es simple: tenemos asado, tenemos este fondo y este cielo, y los amigos que no fallan. Soy el hombre más feliz del país” La logia de los 28 de diciembre ya le está organizando una tenida especial para sus cien años. Faltan 14 años, pero mirándolos a todos los amenaza, masticando un bocado de matambre. “Yo voy a estar, procuren estar ustedes”