Un día colgó una cuerda desde el ciruelo hasta el duraznero, se subió en ella, erguido y temeroso, y llegó hasta el otro lado. Así empezó Sebastián Petriw su camino para ser hoy, el único argentino que mantiene la tradición de caminar sobre la cuerda floja. “Concentración, balance y equilibrio” son para Petriw las claves de esta disciplina que nadie le enseñó. “Puse tanto de mí que lo logré y cada vez que me concentro y subo a la cuerda me transformo en eso que busqué”, dice.

Petriw define al funambulismo como ese arte ancestral de caminar por las alturas y sin red. “Hace muchos años, más de 16, tuve una imagen mental: me vi por el cielo caminado sobre una cuerda. No conocía a nadie que lo hiciera por eso tuve que ser autodidacta”, contó Petriw, de 35 años.

Sebastián recorrió distancias a gran altura y sin red de contención y realizó el domingo, en el marco del lanzamiento de un proyecto cultural del barrio porteño de Villa Lugano, una subida a la cuerda. Se trata del Galpón Piedrabuenart, un enorme tinglado que se convirtió en diez años en una verdadera usina de la cultura y el arte de diversos grupos del barrio.

En esta oportunidad, Luciano Garramuño y Pepi Garachico, los impulsores del espacio, convocaron al fonámbulo Sebastián Petriw para que camine sobre un cable oblicuo desde el piso hasta el techo de uno de los edificios del Barrio Piedrabuena, a 45 metros de altura, sin red, y acompañado por una canción inédita tocada en vivo por Lito Vitale, que la creó especialmente para la ocasión. “Nos despedimos del período de diez años que comenzó cuando entramos al galpón y descubrimos escenografías del Teatro Cólon”, dijo a Télam Garramuño, el joven del barrio Piedrabuena que se definió como un artista que se topó un día con cosas que lo marcaron para siempre.

Es que en ese galpón hoy convertido en un centro cultural muy activo y referente de la vida cultural del barrio se guardaban enormes escenografías del Colón. “Cuando descubrí esos maravillosas escenografías, las empecé a llevar clandestinamente al barrio. Esos materiales me cambiaron la vida, me movilizaron tanto que me puse a usarlas y a mostrarlas como formas de expresión. A raíz de eso y con la colaboración del artista Gian Paolo Minelli grabamos el documental `Luciano y el arte de vivir en Piedrabuena`”, contó. Garramuño contó que junto a Garachico, que es muralista, trabajaron una década en este galpón que los “cambió y cambió al barrio” y desde este sábado serán “una organización no gubernamental artística con muchos más proyectos”.

El acróbata, que caminó desde el playón que está frente al galpón hasta el techo de uno de los edificios de 155 metros, a una cuadra de la Avenida Comandante Luis Piedrabuena y calle 2 de abril, recordó que su primera proeza la concretó a los 20 años cuando un día colgó una cuerda desde el ciruelo al duraznero que tenía en el fondo de su casa. Ahí empezó su aventura, su arte, su modo de vida.