Desde la Universidad Nacional de Luján (UNLu), en el Programama de Ecofisiología Aplicada pertenceciente al Instituto de Ecología y Desarrollo Sustentable (INEDES), la doctora Bettina Eissa y el equipo de investigación de dicho laboratorio, decidieron investigar la presencia de fármacos en los cuerpos de agua, específicamente del ibuprofeno, y el correspondiente impacto ambiental que generan, y hallaron que las principales víctimas son los peces.

Mientras el cuerpo sólo metaboliza una pequeña parte de la droga, el resto es expulsado y va a parar a los desagües, a las aguas superficiales y a las especies que habitan ese ecosistema.

Este analgésico está dentro de un grupo de contaminantes denominados contaminantes emergentes: una serie de productos de uso cotidiano, como son los de limpieza, perfumería y medicamentos, cuyas formulaciones químicas o su combinación con otras sustancias provocan daños sobre el medio ambiente. Además, dichos contaminantes pueden tener un riesgo sanitario para los humanos si los sistemas de depuración no alcanzan a retenerlos o inactivarlos y pueden ser reciclados en las redes de distribución de agua potable.

La reglamentación ambiental y sanitaria no los controla porque, hasta ahora, no se han considerado como una amenaza, pero, debido a recientes investigaciones sobre sus efectos, se han empezado a tener en cuenta.

Según la Confederación Farmacéutica Argentina (COFA), en 2017 se vendieron unas 34 millones de cajas de ibuprofeno en el país (incluyendo las versiones de venta libre y de venta bajo receta de los 7 productos más vendidos). Ante estas abultadas cifras de consumo, la presencia de ibuprofeno en el agua es mucho más pronunciada que otros compuestos.

El ibuprofeno tiene una estructura química que no se degrada fácilmente, por lo que, a través de la orina, es eliminado del cuerpo casi igual que como cuando lo consumimos, es decir entre el 30 y el 90 por ciento de las dosis de fármacos ingeridos por humanos son excretados en la orina como sustancias activas”, explica la doctora Eissa.

Si bien el ibuprofeno no es el más tóxico, al tener niveles de consumo tan altos, sus efectos en la fauna acuática ya son visibles. “Según lo observado en nuestros estudios estos desechos afectan la capacidad de natación de la especie y, por ende, su capacidad de trasladarse, alimentarse e incluso reproducirse”, advierten plantea la investigadora de la UNLu.

En torno al ibuprofeno, a nivel de genotoxicidad y de comportamiento, hay resultados variables, pero en las madrecitas de agua (la especie analizada, nativa de la fauna pampeana) hay cambios en los comportamientos de cortejo.Los que eran expuestos a ibuprofeno no tenían intentos de copula, por ende, si esto es verdaderamente así en la naturaleza, se afecta directamente la actividad y estrategia reproductiva de la especie”, alerta Bettina Eissa. “También observamos efectos sobre la natación en las carpas, especie con la que recientemente iniciamos estudios con ibuprofeno”.

Fuente: Agencia CTyS