Qué significa ser arqueólogo hoy en el mundo y en la Argentina?
-La Argentina es un país que desde hace décadas ha dado cabida a los arqueólogos y hay una sorprendente cantidad de especialistas de esta disciplina trabajando en el país, en todas las regiones y también bajo el agua. Tal vez la actividad más conocida o tradicional es la investigación o la docencia, y dentro de la investigación se destaca el Conicet como el lugar que permite desarrollar esta carrera. Pero hace un tiempo que hay una veta que son los estudios de impacto ambiental, los estudios que se hacen antes de realizar una obra con movimientos de suelos y el arqueólogo investiga ese impacto. Claro que es un trabajo con otros ritmos, diferente a un trabajo académico y lo que esperamos es que se puedan hacer estudios de impacto en los sitios arqueológicos sumergidos.
-Hace quince años que están investigando la corbeta Swift, ¿por qué tanto tiempo?
-Son quince años debajo del agua porque nunca tuvimos los recursos necesarios para hacer las campañas regulares. Y hacer un trabajo de mayor envergadura requiere una tarea lenta, precisa, minuciosa. Sobre todo el trabajo de conservación de los materiales es lo que determina el ritmo del quehacer arqueológico. Uno no puede sacar un artefacto del agua si no están dadas las condiciones de conservación una vez que llega a la tierra. Además, los primeros años fueron tiempos de mucho aprendizaje, íbamos de manera muy cautelosa en esa tarea.
-¿Empiezan en un papel y terminan debajo del agua?
-El trabajo del arqueólogo es no sólo en el sitio; también hay mucho de archivo, oficina, bibliografía y en el mismo lugar hay que registrar en forma exacta, elegir el mejor modo de extraer lo que se busca, fotografiarlo, hacer un croquis y recién ahí moverlo. Por eso, comparado con un buscador de tesoro o con un trabajo no científico parece una tarea lenta, pero en realidad el trabajo debe ser hecho así, porque debe hacerse en forma minuciosa. Es científico.
-¿Cómo son las instalaciones en el lugar del sitio arqueológico?
-Nosotros trabajamos desde una plataforma flotante que se llama pontón; es una estructura de madera o de metal que flota. En nuestro caso es simplemente una plataforma amarrada al fondo del mar y a la costa, ubicada sobre el naufragio. Desde allí bajamos al sitio arqueológico. Pero el otro componente de las instalaciones que necesitamos es el Museo Municipal Mario Brozoski, que es donde se procesa la información antes de volvernos a Buenos Aires.
-¿Por qué hay expertos internacionales?
-La Swift es un sitio arqueológico tan importante que atrajo y atrae gente de todo el mundo. Ha venido gente con mucha experiencia a trabajar ad honorem porque les resulta interesante el trabajo. Ha venido gente de México, Canadá, Estados Unidos, Holanda, Colombia, Francia, Suiza, Chile, Inglaterra y Australia. A su vez, el sitio Swift ha servido de escuela especialmente para grupos de Latinoamérica, especialmente de Uruguay y Chile, que se han acercado a conocer esta tarea, a ver la forma en que se desarrolla la arqueología subacuática.
-¿Qué es lo más importante del trabajo que hicieron?
-Lo más importante es demostrar que se puede hacer. Y que no hacen falta millones de pesos para realizar un buen trabajo y con resultados interesantes. Más que nada eso, interesantes. Y que queden para la posteridad porque son científicos. Ojalá esto sirva de aliciente para otros grupos de Argentina y de la región, de países como el nuestro. Que los científicos, los estudiantes de estas carreras vean la esperanza de concretar estos proyectos, que es posible hacerlo. Que no se tiren para atrás, que no crean que deben perder patrimonio.
-¿Y qué fue lo más subyugante de la Swift?
-Hubo dos momentos fuertes. Uno fue la primera vez que la vi, tenía mucha expectativa acumulada, aprendí a bucear para verla, para trabajar. Para bucear en una ría como la de Deseado se requirió no sólo un curso de buceo sino una capacitación y entrenamiento suficiente para hacer un trabajo arqueológico como este. Pasaron dos años hasta que estuve en condiciones de bajar a la Swift.
-Es como un hijo…
-Coincidió con el nacimiento de mi hijo. Él nació cuando yo había terminado de hacer el curso de buceo, más o menos. Y en esos dos años imagínate la expectativa que acumulé en torno de la Swift. Debido a que el agua es turbia, la sensación es de penumbra total. Entonces una está bajando y la Swift aparece de golpe. No es que la ves a metros de distancia, sino que la chocás cuando llegás, es una imagen fantasmagórica. Si tuviera que hacer una analogía, me recordó al esqueleto de un dinosaurio. Hasta ahí la había imaginado de muchas maneras, pero hay sensaciones que uno no puede imaginar
ni prever. Había visto dibujos, imágenes, pero al final, esa primera imagen fue bajar a lo desconocido. La segunda situación fuerte fue cuando aparecieron los restos humanos. Si bien había una probabilidad, yo pensaba que se los había llevado el mar. Las personas que se dieron cuenta fueron Amaru Argüeso y Damián Vainstub, el equipo de arqueólogos que ese día estaba en el turno de sumergirse. Encontraron un zapato y se dieron cuenta que dentro había restos del pie. Fue un shock para todos. Y ahí se decidió atrasar el trabajo, transmitir la información a las diferentes autoridades y tomar una decisión sobre el cuerpo que al final terminó en el cementerio británico de la Chacarita.
-¿Es a partir de ustedes que se crea un equipo científico de arqueología submarina?
-Hay otro grupo en la Universidad de Rosario, pero con el apoyo del Conicet es el primer caso en la historia de la arqueología submarina en la Argentina.
-¿Cómo fue la Reunión Mundial de Patrimonio?
-Fue la reunión constitutiva de la presidencia del Consejo Consultivo Científico Técnico de la Convención de la Unesco para la Protección del Patrimonio Cultural Subacuático. Me eligieron presidenta en abril de este año, en la sede de la Unesco en París.
-¿Cuál es el mayor tesoro que se encuentra en un naufragio?
-Nunca se sabe cuál va a ser el mayor tesoro que uno va a encontrar, pero rara vez son monedas de oro y plata. Lo digo porque el valor científico no se mide en metal. El verdadero tesoro arqueológico puede estar en un objeto pequeño que contiene información novedosa y ofrece un conocimiento que hasta el momento no se tenia. Ese es el verdadero tesoro que se descubre con la arqueología. A partir de un elemento se pueden descubrir, por ejemplo, rutas de navegación que hasta entonces no se conocían. El conocimiento es el mayor tesoro.?