Carlos Frers vive en Coronel Suárez, provincia de Buenos Aires, con su esposa Zulma. Se crió en el campo, donde los montes, los caballos, los paisajes, los asados de su tío, y sus viajes a Sierra de la Ventana, son recuerdos imborrables que plasma con pasión en sus telas. Cuando era chico se quemó con agua hirviendo, y por una medicación que le estropeó las cócleas, perdió la audición, pero esta caída no le impidió seguir desplazando el pincel en sus cuadros. “Recuperé todo el sentido de la vida cuando volqué todo mi espíritu en los pinceles desde los tres años cuando comenzó mi gran pasión por el arte”, dice un sonriente Frers. En aquellos tiempos donde no existía el boom de las tecnologías, Carlos jugaba a las canicas, a la pelota, intercambiaba figuritas de colección, y hacía dibujos para todos sus amigos de la escuela. Sus primeros juguetes fueron lápices con los cuales empezó a “garabatear” y así fue que se interesó por el dibujo, sin saber que lo iba a hacer durante toda su vida.
-¿Estudió formalmente?
-Lamentablemente debido a mi discapacidad auditiva no pude estudiar y como en aquellos años todo era tan diferente, no existían los medios para perfeccionar mis capacidades artísticas, sólo participé en algunas clases de la Escuela Panamericana de Arte. Me considero un artista totalmente autodidacta. Mis pinturas son hiperrealistas y te digo que no es nada fácil, pero siempre sentí que mi mano la guiaba Dios, y siempre me he encomendado a él para que me ayudara en esta vida llena de dificultades. Dios me sacó un sentido pero me dio otro, mis maravillosas manos.
-¿Cómo es un día típico de trabajo?
-Mis días son todos muy parecidos, aquí en el Interior todavía se puede vivir un poco más tranquilo que en las grandes ciudades. Estamos a 500 kilómetros de Buenos Aires, y eso marca una gran diferencia. Con Zulma solemos levantarnos temprano, y después de disfrutar unos sabrosos mates, me voy a mi taller que está a unas cuantas cuadras de mi casa. A veces voy caminando y otras en auto. Cuando llego, lo primero que hago es encender una estufa a leña que tengo en el taller, por que aquí es una zona de mucho frío. Luego comienzo a pintar, sé cuando comienzo pero no sé cuando termino. Mis días son simples y tranquilos. Me gusta todas las manualidades, y después de la pintura, la madera es mi elegida, tallarla es lo que me produce placer.
-¿Cómo es su taller? 
-Mi taller es muy humilde y sencillo, pero siento que allí toman vida mis obras de arte. Es una casa compuesta de un lugar para recibir a quienes quieran visitarme. Hay una habitación que yo la llamo “Galería”, pues allí tengo en exposición todas las obras que voy terminando. Soy sumamente prolijo en cuanto a la exhibición, y finalmente, al otro cuarto, está el lugar donde me gusta crear y pintar mis obras. Tengo una gran mesa de dibujo hecha por mí, que la utilizo para poner todos los materiales de trabajo indispensables para mi tareas diarias, y dibujo sobre una cómoda banqueta.
-¿Qué materiales utiliza?
-Los materiales que uso son muy variados, desde el sofisticado óleo, acrílicos, el maravilloso lápiz carbón, también sé usar a veces el aerógrafo, pinto sobre madera, tela y papel, todo esto acompañado por una gran variedad de pinceles, espátulas y goma de borrar para trabajar los tan complicados pelajes de los caballos. Mis primeras obras fueron hechas en su mayoría con lápiz carbón, en realidad también hubo murales pintados en lugares públicos pero para mí, la obra maestra que como todo artista suele tener, es una OMA, que es la imagen de una abuela y con las manos de mi madre que me sirvieron de modelo. Esta obra será por siempre la más importante de mi vida.
-¿Qué es lo que lo atrae del arte campestre?
-Toda mi vida viví en el campo, en contacto con la naturaleza, con los paisanos, hermosos arroyos y montañas muy gastadas por el paso del tiempo. También solía visitar grandes campos y hermosas estancia. Mi gran inspiración son los sencillos temas campestres, y me motivan los caballos y también los paisajes, que supongo que será por todo el ambiente que me ha rodeado desde que era chico. Todo esto inspiró en mí el gran amor al campo y eso fue lo que me atrajo para volcarlo en los lienzos.
-¿Tuvo el apoyo de su familia cuando decidió dedicarse a la pintura?
-Por supuesto, siempre mi familia colaboró para incentivarme en el dibujo durante quince años, pero a partir de que me casé, ya de grande, mi esposa fue la que me ayudó a que continuara dibujando y pintando, a tener mi estudio, y fue ahí donde empecé a pintar con mucho más amor, porque el amor transforma a los hombres y libera todo los sentimientos escondidos. Un hombre enamorado hace cosas maravillosas con los pinceles.
-¿Se toma un tiempo prolongado para realizar una obra?
-Realizar el tiempo estimativo para terminar una obra de arte es muy difícil, ya que por ejemplo pintar un hermoso alazán en óleo me podría llevar una semana, un paisaje lleno de naturaleza puede lograrse en quince días, la imagen religiosa de Jesús Misericordioso, que hice para la parroquia de la ciudad de Coronel Suárez, de 3×2 metros, fue un trabajo arduo y maravilloso que me llevó cuatro meses. Calcular es muy difícil, depende del ánimo del artista, no siempre me levanto con buen ánimo para pintar, y por momentos no es fácil lograr mezclar los colores adecuados. Mi único consejo a quienes quieran dedicar su vida al arte, sería que entreguen toda su vocación y pinten desmedidamente, sin esperar demasiado, solamente llenar el alma de gozo al terminar una obra de arte. Vivir de la pintura siempre fue muy difícil, desde épocas remotas los grandes genios del pincel no pudieron hacerlo y ahora también lo es, además hay que insertarse en el mundo de las ventas, que no es para nada sencillo pero hay que conformarse y hacer lo que uno siente.
 -¿A qué artistas admira?
-Hay miles de pintores maravillosos pero me quedo con Jorge Frasca, un formidable pintor argentino, del cual me enorgullezco de haberle hecho retratos personales. También me gustan los trabajos de Jorge Rajadell, un excelente pintor de animales, y que tiene la misma discapacidad que yo, somos sordos